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Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019]

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Gwen Stacy
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Ficha de Personaje
Alias: White-Spider
Nombre real: Gwendolyne Stacy
Universo: Marvel

Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019] Empty
MensajeTema: Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019]   Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019] Icon_minitime17th Septiembre 2022, 03:00

No sé cuánto tiempo llevaba sin salir de mi habitación. Tampoco me molesté en mirar ningún reloj. A pesar de pasar la mayor parte del tiempo mirando el móvil y de que había hecho el esfuerzo detallado de cambiarlo después de que se rompiera, evitaba activamente mirar a la esquina superior donde descansaba el control cronológico. Cuando sentía que no iba a poder evitarlo, entrenaba o salía a volar, para volver al poco tiempo y seguir con la rutina de no hacer nada. Eso es lo que disfrutaba. Nada.

Papá había muerto hace doce días, su funeral había terminado hacía menos de una semana. A pesar de que la charla con el capitán me había hecho sentir menos muerta, no tenía ni puta idea de lo que debía sentir, pero sí sabía lo que debía estar haciendo y aún así era incapaz de cumplir. La universidad se había mostrado comprensiva con mi situación, las chicas habían estado excepcionalmente involucradas conmigo, la empresa de las prácticas también… Todo el mundo parecía darme la razón cuando sentía que la orfandad era el peor dolor del mundo.

Lo que peor llevaba de esa rutina asquerosa era el incesante golpeteo de mi puerta. Siempre tres golpes, siempre anunciaba mi llegada a gritos desde el piso de arriba pidiendo un minuto, siempre entreabría la puerta y siempre había un policía al otro lado. O un tío del delivery. Pero a los del delivery sí los había llamado yo. Abría la puerta. Un vistazo poco disimulado a la casa, hecha una mierda, otro vistazo poco disimulado a mi, hecha una mierda. Preocupación en algunos casos más genuina que otra, el pésame, la gorra contra el pecho y que si necesitaba cualquier cosa podía contar con ellos. Pero yo no les necesitaba a ellos.

Necesitaba a mi padre.

El caso es que cuando venían nunca abría la puerta más de 30 grados para que no pudiesen ver que la casa no había cambiado un pelo desde que mi padre se fue. Su taza de café a medias, evidentemente frío, sobre la mesa del salón. Otra de sus tazas, una de sus favoritas, en la cocina. Su estudio con la puerta cerrada, ni siquiera me había atrevido a abrirlo. El periódico del día anterior, 14 de Abril de 2019 a medio leer junto al microondas. Había esquivado conscientemente las zonas que mi padre había usado por última vez. El resto de la casa eran pilas de ropa sucia, cajas de pizza, latas de conserva y bolsas de papel marrón con el logotipo de todas las marcas cuyos ultra procesados anuncian el cáncer allá donde van. Sólo faltaban los de Google llamando también a mi puerta para sacarle una foto al panorama y tener la primera imagen de la búsqueda de la palabra “depresión”.

Bajé con el pijama puesto. Bueno, pijama… es mucho suponer que una vieja camiseta de pintura de mi padre era un pijama. Me acerqué a la puerta esquivando las bolsas de basura, cartones y pilas de ropa y abrí, de nuevo entornando. Nunca pensé tener tantos entrenamientos de masking en una sola semana. Las cejas se subieron, me recoloqué la diadema negra, quité la cara de tristeza y sonreí con amplitud - Hola agente Hill. Si, no se preocupe. Todo bien, estoy gestionando aún papeleo. No se preocupe, si se me ocurre le llamo. ¡Gracias por su visita, que tenga buen día! - y el Oscar es para…

Siempre pensé que se me daría bien trabajar cara al público.

De vuelta al piso de arriba, golpeé con el codo con una de las cajas de pizza que descansaban en el pasamanos de la escalera, tirándola al suelo, provocando que un trozo de papel blanco cayese en el escalón sobre el que debía pisar a continuación. Ladeé la cabeza a ver si eso me ayudaba a encontrarle sentido a ese sobre. Me agaché y una vez en mis manos lo leí, evitando las manchas de grasa de la cuatro quesos. Lo abrí rompiéndolo y empecé a farfullar la carta en voz alta- nanana…hnor pra nosotrs prsntarle tiadod sksm… oncedida.. opción a una beca valorada en… - La mandíbula se me cayó. Imposible - Beca valorada en… - El corazón se me disparó a mil por hora. Eran más cifras de las que había visto juntas en NADA relacionado conmigo jamás.

El plazo de presentación para el proceso de inscripción, entrevistas y solicitudes concluirá el 4/27/2019 a las 12:00

Mierda. Reloj. Un reloj, un reloj ¡¡UN RELOJ!!

Subí saltando hasta mi cuarto con la carta sucia en la mano y me lancé sobre el móvil que descansaba en la cama. 11:40

- ¡MIERDA! -

Lancé la carta junto al móvil. Nunca, y digo NUNCA he ido tan rápido a ningún sitio en mi vida. Volé a la ducha, salí con el pelo empapado y mientras una toalla enrollada hacía lo que podía, agarré lo primero que pillé en el armario que parecía medio formal y me lo puse a toda velocidad, forzando el cuello del jersey por la toalla. La voz de mi padre otra vez “Hija es una presentación importante, deberías planchar las- Ya lo sé papá… ya lo sé- contesté en voz alta, sabiendo que no había tiempo para nada. Me hice una raya sencilla en el ojo, puse la diadema en un vago intento de peinarme y cogí el uniforme de spider para meterlo en la mochila. Por si los atascos.

Casi me teletransporté a la calle, casi salgo sin la carta pero me acordé en el último momento. Llaves, cartera, documentación universitaria, uniforme en el doble forro, móvil, cascos… ¡Todo bien!

11:53

¡¡JODER!!

Metí la dirección de la torre en el navegador. 40 minutos andando, 24 en coche. - Y una mierda… -

Aunque no fuese a disfrutarlo, tocaba volar, al menos se secaría un poco el pelo de camino…

De verdad, de verdad que nunca he ido más rápida en la vida, para nada.

Cuando conseguí reubicarme y plantarme en la puerta del edificio estaba jadeando con un descontrol absoluto. Entré por la puerta y me acerqué a la recepción hablando demasiado rápido -¡HOLA!MiramellamoGwendolynStacy herecibidoestacartayqueríainscribirmeenlabeca... porfavor- sonreí de oreja a oreja peleando porque el aire entre mis dientes fuese suficiente, y dejé la carta con los dos surcos anaranjados sobre el mostrador.

La encantadora mujer al otro lado giró sobre su carísima silla de escritorio sin moverse apenas para ver el reloj detrás de ella. Un claro gesto para escupirme en la cara porque tenía una pantalla delante, no era para verlo ella, era para que lo viese yo.

12:09

Mierda…

- Sí, lo sé, pero he tenido un contratiempo, verá, mi padre ha fallecido hace poco y...- pero la mujer empezó a negar con la cabeza - Lo siento, rubita. No se admiten excepciones - Dijo simplemente para luego detenerse un segundo en la carta y luego señalarme la puerta con las pupilas.

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MensajeTema: Re: Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019]   Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019] Icon_minitime23rd Septiembre 2022, 02:52



A las siete de la mañana, un sirviente se aproxima a los aposentos del rey y, con sumo cuidado, acerca los labios a su oído y habla; “Alteza, ya es hora…”

7:00 a.m

Varios pitidos, cortos, demasiado tenues. Como si el propio despertador tuviese miedo de perturbar el descanso del hombre bajo las sábanas. Wilson Fisk suele tener el sueño ligero, pero esa mañana le cuesta más de la cuenta abrir los ojos. El descanso ha sido placentero. Ha dormido como un bebé, relajado, despreocupado. Se sorprende, al incorporarse, de que se ha despertado en la misma postura en que se acostó. Su yo consciente va tomando la delantera, la nebulosa de su cerebro se disipa. Recuerda la noche anterior, y sonríe. Por un día, se toma la libertad de asomarse entre las almenas de su fortaleza sin miedo. Respira… Se trata de una inspiración larga, que llena sus pulmones de aire frío. Le activa o, mejor dicho, reactiva el vigor que su largo sueño le ha regalado. El viento sopla, y lo nota filtrarse tímido entre los pequeñísimos huecos de su batín púrpura. No le molestan. Se siente más duro que nunca. Por primera vez en mucho tiempo, siente que las hordas bárbaras no aporrean el portón con sus arietes.

A continuación, los ayudas de cámara se adentran y, cuando el monarca se halla ya completamente despejado, lo desvisten, lo asean. Limpian el sudor y, al poco, lo elogian…

Las gotas tibias caen lentamente por el corpachón de Wilson Fisk. Alza el rostro para sentirlas golpear su rostro. El vaho va formando una niebla fantasmagórica en todo el cuarto de baño y, al abrir la mampara, casi parece emerger de una nube. Se acerca con cuidado al lavabo. Limpia con la mano el cristal, empañado por completo, y cuando al fin consigue ver de nuevo su rostro, se permite una pequeña sonrisa. Abre, en esta ocasión, la llave del agua fría y hunde su cara en ella, por si quedase el más leve aturdimiento en su cabeza.

A las ocho, en las propias estancias reales, Su Majestad recibe el desayuno. Compuesto, siempre, de tres platos, servidos en las mejores vajillas. Tras el matutino ágape, se retiran los restos y el rey es conducido de nuevo a su cámara…

8:00 a.m

Wilson Fisk observa algo indeciso la encimera. Por lo general, prepara él mismo su propio desayuno, pero se dice a sí mismo que, ese día, abusará un poco de su privilegio. Con un ademán de su brazo izquierdo hace bajar la larga manga del batín y, en un gesto elegante, descuelga el teléfono junto al extractor. Con voz firme, sin que pueda notarse un ápice que acaba de amanecer, pide que le suban sopa de miso y té Tie Guan Yin. Lo más rápido posible. Se sienta en la mesa del comedor, a la espera. Por un día sus pensamientos no ocupan la espera tras la orden. Así que se levanta con cuidado, en dirección al viejo tocadiscos junto a la mesita y, tras comprobar la aguja, deposita el vinilo y se retira. Sí, cree estar de humor para Tartini. Apropiado, de hecho. Muy apropiado.



Las puertas se abren y, con todo el silencio que posibilita el ir y venir de los camareros y el depositar de bandejas y platos, los camareros dejan en su soledad a Wilson Fisk. Todo es mejor en esa mañana. Los aromas son más intensos, los sabores tienen más matices. Espera unos segundos antes de apurar el caldo. Cierra los ojos, examina su propio ritmo cardiaco. PUM… PUM… Una maquinaria perfecta. Una paz indescriptible. Es entonces, cuando se sirve el té y, tras degustarlo, se permite levantarse y buscar entre los cajones y extraer un “tesorero” negro. No acostumbra a fumar hasta después del mediodía, sólo para decirse a sí mismo que no tiene dependencia del tabaco. Pero un día es un día. Así que coloca con cuidado la boquilla y enciende el cigarrillo. Su aroma se mezcla en la boca con el regusto del té. Y la vida es buena.

A continuación. El rey accede de nuevo a su cámara, y otros pajes acuden raudos a vestirlo. El ceremonial sigue siempre los mismos pasos. Se le retira la camisa y esta se cambia por una nueva, tratando de no rozar en exceso la piel de Su Alteza. Se anudan con cuidado los ribetes. La peluca, cuidadosamente empolvada, se deposita sobre la cabeza y se maquillan las ligeras imperfecciones del rostro del monarca. Acto seguido, los lacayos se retiran y el rey acude al Salón de los Espejos para recibir audiencia.

9:00 a.m

Wilson Fisk termina de abotonarse la camisa, mientras la chaqueta de un blanco impoluto aguarda colocada sobre la cama, recién hecha. Extrae de uno de los cajones superiores del vestidor un par de gemelos. Se decanta por unos circulares, con una pequeña incrustación de rubí en su centro. Una vez ajustados, da un enérgico tirón con cada brazo. Los sutiles movimientos no carecen de cierta violencia. Y Fisk sonríe. Y piensa en otros puños, aún más enérgicos si cabe. Las imágenes de la noche anterior regresan a su mente y… lo ve, con claridad, como si lo tuviera delante. Ve al diablo golpear. Ve la sangre salpicar las paredes inmaculadas, como puñaladas de un pincel carmesí. Eso lo ayuda a decidirse del todo. No usará corbata ese día. En cambio, optará por un pañuelo color granate. A juego con el chaleco y con los gemelos. Sí… Ha decidido que, esa mañana, el rojo será definitivamente su color.

Una vez ha terminado de vestirse, acude con paso firme de nuevo a la sala del comedor. Allí aguarda Wesley, con su impoluto traje gris, ajustándose las gafas con los dedos índice y corazón. Manos tras la espalda y gesto imperturbable. El siempre diligente y leal Wesley. Pero Fisk lo conoce bien. Algo le turba. El empresario lo invita a tomar asiento pero, como siempre, lo rechaza cortésmente con la cabeza.

- Buenos días, señor Fisk.

- Buenos días, Wesley. ¿Agenda?

El asistente recita, uno tras otro, los compromisos para aquella mañana. Fisk los conoce todos, por supuesto. Esto es casi más una prueba diaria para Wesley que un verdadero recordatorio. Una letanía diaria que no parece humillarle. Al contrario, le permite día a día demostrar su eficacia. Fisk se limita a asentir.

- Cancela el almuerzo con los representantes de Roxxon.

- Como desee- Wesley sonríe- Llevan meses tras esta reunión. Se sentirán un tanto frustrados.

- Exacto- Fisk no sonríe. Pero su gesto es una señal inequívoca de entendimiento mutuo.

- Por cierto, un equipo de limpieza ha acudido a primera hora a su despacho. Las reparaciones más “molestas” comenzarán a media mañana. Por otro lado, me he tomado la libertad de hacer una preselección. Ya sabe, para sustituir las piezas más, irremplazables. Hasta que la reforma se complete, le sugeriría no recibir a nadie allí.

- Más tarde les echaré un vistazo, aunque estoy seguro de que me agradarán. Conoces bien mis gustos. Además, creo que ya era hora de renovar un poco el mobiliario ¿No crees? Estaba empezando a… resultarme monótono ¿Qué mejor excusa...?

- A ese respecto, señor ¿Me permite hablar con franqueza?

- Eso depende, Wesley ¿Esa pregunta supone que no lo haces siempre?

- No, señor- sonríe. Fisk también. Puede que sea el único hombre cuerdo a su servicio que no se siente intimidado por esa clase de interacciones- Y menos con mis advertencias. Aunque esto es una mera opinión. Pero hacer explícito algo en lo que usted seguramente ya ha pensado, podría sugerir que dudo de su juicio. Así que vaya por delante, que no es el caso.

- Ya que has pedido hablar con franqueza, ahorrémonos los rodeos.

- No me gusta este asunto que hemos iniciado con Cédric Valjean. Es un hombre impredecible, de gustos extraños y naturaleza sádica.

- ¿No encaja esa descripción con otro valioso activo de nuestra organización?

- Precisamente. Temo que hayamos dejado una antorcha demasiado cerca de nuestro polvorín. Además, su “asociado” no ha resultado muy efectivo a la hora de poner fin a nuestro negocio con ese competidor de la Cocina del Infierno. Si seguimos en relaciones con esos dos hombres temo que las cosas puedan complicarse.

Fisk sonríe. La mente de Wesley es afilada y el empresario presume que él tendría las mismas dudas si no tuviese toda la información. Una información que ha compartido con muy pocos. Una que hace que no desee para nada poner fin a su negocio con el “competidor” al que acaba de referirse, sino prolongarlo. Porque ahora tiene algo mucho más valioso que la vida de Matt Murdock. Tiene su alma. Y ese es un activo que jamás perderá valor.

- Te aseguro que no hay nada que temer, Wesley. Has acertado a la hora de juzgar los defectos de Cédric Valjean, pero no has sido capaz de vislumbrar a dónde le llevarán esas apetencias. Nuestra asociación con ese hombre será más corta de lo que piensas. Sus necesidades le dominan y, aunque se trata de un hombre de considerable inteligencia, tiene un defecto fatal; se cree más listo de lo que en realidad es. Estoy seguro de que, a lo largo del tiempo, él mismo se ha creado su propio polvorín. Y no creo muy lejana la hora en que el fuego se acerque a él.

- Entiendo, señor…

- Wesley, demos por zanjadas las inquietudes nocturnas y centrémonos en las diurnas. Ya que hemos cancelado el encuentro con la Roxxon, entiendo que tenemos libre lo que resta de mañana.

- Así es.

- Dime ¿Cuál es la última actividad benéfica que hemos financiado?

- Un acuerdo de colaboración entre la Universidad Empire State y la Fundación William Fisk. No es una cantidad excesiva, unos cinco millones de dólares destinados a equipamiento, capital humano para labores de investigación y becas para estudiantes. Espere, lo tengo apuntado. Sí, “Beca Fisk para Jóvenes Talentos”. Hay una cantidad destinada a subvencionar a alumnos sobresalientes en distintos campos: Artes, ciencias, humanidades, etc. Hoy a las doce, precisamente, termina el plazo de solicitud y entrevistas para los preseleccionados.

- “Beca Fisk para Jóvenes Talentos”… que nombre más apropiado- y más teniendo a sueldo a un hombre que había subyugado al líder de la Patrulla X- ¿Y dices que se financia a través de la fundación…? Menuda ironía. A mi padre no le interesaron jamás las artes, las ciencias, las humanidades ni nada que requiriera un mínimo esfuerzo intelectual. Y ahora financiamos a estudiantes a través de una fundación con su nombre- Fisk se retira de nuevo, a mirar por la cristalera. Da la espalda a Wesley, pero no se siente contrariado, está más que acostumbrado a esa clase de gestos. El empresario finge mirar a la ciudad, que a esa altura parece una pequeña maqueta a escala. Pero no. Hoy, más que nunca, se mira a sí mismo. A su reflejo fantasmal, abarcando traslúcido cada minúsculo edificio, carretera, parque o callejuela- Wesley, que preparen el coche para las once y media. Vamos a echarle un vistazo a esos “jóvenes talentos”.



Cuando el día era apacible y el rey tenía vivo el ánimo, con gran revuelo en la Corte ordenaba se dispusieran los carruajes y palanquines a fin de pasearse sin prisa por la ciudad. Arremolinábase en las calles una gran multitud al paso del cortejo y, sintiéndose el monarca dadivoso, repartía entre los congregados su gracia y a los infantes mandaba se les obsequiase con barquillos, manzanas asadas y otras chucherías. Y así, el pueblo sentíase más elevado a su paso y el monarca más cerca de los súbditos.

La Corte de Luis XIV. Crónica de André Vatel, Mayordomo Real. 1684

12:00 a.m.

-Hemos llegado, señor Fisk- anuncia el chófer, y con un gesto el empresario cierra el librillo que sostiene en la mano, aún más pequeño en apariencia en comparación con ésta. Lo tiende con indiferencia a Wesley, quien no tarda en guardarlo bajo la solapa y, después, hace ademán de salir del coche. Los dos hombres de su escolta se apresuran a seguirlo, pero con un nuevo gesto, apenas perceptible, saben que no han de seguir a su amo.

- Señor Fisk…

- Es un simple edificio administrativo ¿Qué pensarán de mí si aparezco con escolta?

- ¿Qué es un hombre importante?

- Que tengo motivos para temer por mi seguridad. Quedaos aquí. No tardaré mucho.

Fisk se adentra en el modesto edificio y, en cuanto cruza el umbral, se extienden las manos y comienzan los elogios. Él corresponde con su sonrisa ensayada, esa que casi parece de verdad y que, ese día, casi es de verdad. Recibe con modestia los agradecimientos por una generosidad que conoce bien. Las palabras salen de su boca sin pensar. "Sólo quiere devolver a la ciudad todo lo que le ha dado". En cierta forma, no está mintiendo. Concierta citas que, en poco tiempo, cancelará arguyendo que es un hombre ocupado. Lo que también es cierto, pero no TAN ocupado. Y los solicitantes agradecen sabiendo que serán ignorados. Bastante es que ha aparecido por allí ¿No? Ya tienen algo que contar esta noche en la cena.

Fisk avanza y no le hace falta reparar en las miradas para saber que es dueño del lugar. Observa el entorno hasta que sus ojos se posan en la oficina de registro. Una muchacha menuda (aunque para él todas lo son) discute con la administrativa de la ventanilla. Parece nerviosa, Fisk ha visto a mucha gente nerviosa en su vida… y mucha más aterrada. Así que se acerca.

- Lo siento, rubita, no se admiten excepciones- dice robótica la trabajadora y señala la puerta con las pupilas. Y es en ese instante, cuando repara en la puerta, y su gesto muda. Sus facciones mutan, pasan de la sorpresa a la incredulidad y, después, la joven rubia no parece ya la persona más nerviosa de la habitación. Fisk se acerca, y su sombra se proyecta sobre la muchacha.

- Señor Fisk…- murmura la empleada- Qué… ¡Qué sorpresa! No le esperábamos por aquí hoy- comienza a mirar por todos lados. Se avergüenza de una oficina que no es motivo de vergüenza alguna. Se fustiga por retrasos imaginarios y desórdenes que no existen- ¿Quie… quiere un café o…?

- No, por favor. No se moleste. Está trabajando- dice con una sonrisa y, luego, dirige su mirada a la chica rubia- Supongo que me encuentro ante una de nuestras futuras becadas- extiende una mano enorme- Soy Wilson Fisk.

- Señor… perdón. Pero, justo estaba diciéndole a esta chica que no podemos tramitar su solicitud. Desafortunadamente, la ha presentado fuera de plazo. Y no podemos hacer excepciones.

- Oh…- se dolió Fisk fingiendo una lástima que no sentía- Lamento mucho escucharlo. Pero…-observa el reloj de la pared, tras la empleada-… bueno, no han transcurrido ni diez minutos. Estoy seguro de que podemos ser un poco flexibles ¿No cree?

- Bueno… yo, el plazo…

- No seamos tan rectos. Serán genios, pero son jóvenes. Universitarios. No vamos a arriesgarnos a perder un gran talento porque a esta jovencita se le hayan pegado un poco las sábanas. Seguro que recuerda sus años de estudiante. Puede haberse pasado la noche estudiando. O… bueno. Tengo entendido que en la ESU se hacen unas fiestas estupendas- Fisk guiña el ojo. Busca complicidad. Busca ser ese tío agradable que todos desearían tener. Alarga la mano a la carta de preinscripción- No veo a nadie más por aquí así que, salvo que me diga que se han cubierto todas las plazas, creo que podemos dar una oportunidad a la Señorita…- y Fisk hace un esfuerzo sobrehumano para que ningún gesto se filtre en su rostro. Un nombre y apellidos que conoce bien. Demasiado bien…

A la Señorita Gwendolyne Stacy…

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Master of puppets (Wilson Fisk) [27/04/2019]
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