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Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944]

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Steve Rogers
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Steve Rogers


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MensajeTema: Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944]   Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944] Icon_minitime13th Mayo 2022, 18:41




SOLDADOS DE OTRO TIEMPO

Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944] 4895655


16 de Julio de 1944, Saint-Lô, Francia Ocupada.

Querida Peggy:

Han pasado ya dos días desde que el Primer Batallón del 116º Regimiento de Infantería se vio obligado a avanzar, separándose del resto de la División, por culpa del fuego enemigo. Por desgracia, no tengo más remedio que confirmar el funesto vaticinio que adelanté al Mando antes de emprender esta misión. Las noticias sobre la determinación de las fuerzas anglo-canadienses para aumentar la presión de sus ataques sobre Caen, me temo, han sido un revulsivo demasiado grande para nuestros superiores. Tengo entendido que la Inteligencia Aliada ha sido capaz de interceptar la última correspondencia que el general Rommel ha intercambiado con el mismísimo Hitler. Se conoce que “el Zorro del Desierto” ha dado a su führer noticias poco halagüeñas sobre la defensa alemana en Francia aunque de esto, supongo, estarás bastante mejor enterada que yo. En tales misivas daba a entender que las fuerzas del Eje se verían pronto rebasadas por las nuestras y recomendaba una retirada táctica y ordenada. No dudo que dicha información sea cierta, pero ha provocado en la oficialía el mismo efecto adverso que habría causado un falso informe destinada a conducirnos a una trampa.

La estrategia, aunque impecable en su concepción, no contaba con la impaciencia y las ansias de gloria de los altos mandos. Lo que debía ser un avance lento y ordenado por dos frentes, las fuerzas anglo-canadienses al norte y franco-estadounidenses al sur, embolsando las fuerzas alemanas y asegurando la recuperación del territorio, se ha convertido en una pugna suicida por ver quién llega primero a París para atribuirse el mérito de su liberación. La foto entrando en la capital les obsesiona tanto que no son capaces de ver la cantidad de cadáveres que dejarán a sus pies en el camino.

Hemos subestimado el alcance de las fuerzas enemigas y, si se me permite decirlo, también su arrojo y determinación. Infravalorar al rival es uno de los principales errores que llevan a cualquier estratega al desastre y, por mucho que desprecie la obsesión fanática que los empuja a sostener esta guerra, no puedo más que admirar su desempeño en la batalla.

Pese a haber hablado contra este ataque alto, claro y de forma reiterada, se ha hecho oídos sordos a mis protestas. Vuelvo a sentirme como el monigote de exhibición que, creía, había dejado de ser ¿De qué sirve mi entrenamiento si no puedo ponerlo en práctica? No me siento un capitán, sino un arma, de combate y propaganda.

Estamos estancados, rodeados y en condiciones realmente penosas. Los ataques se han saldado con veinticinco heridos y el doble de muertos. Temo que, debido a lo precario de nuestra situación, al término del día acaben siendo más. El hostigamiento de las fuerzas alemanas es constante y no contamos con vituallas ni personal suficiente. Estamos solos, únicamente con tres enfermeras y, pese a haber solicitado apoyo aéreo para que nos envíen plasma y otros suministros médicos, la gran parte de nuestros aviones son derribado por la artillería alemana.

Por otro lado, a mí me hacen desfilar continuamente por el improvisado campamento. Para la soldadesca, el apocado Steve Rogers sigue sin ser nada más que otro compañero de armas, no demasiado popular, que tiende a desaparecer cuando la cosa se pone fea. Aún persiste la orden de conservar mi identidad en secreto y, solo para los oficiales de más alto rango y los Aulladores, Steve Rogers y el Capitán América son la misma persona. Para los demás sigo siendo un absoluto misterio. No saben que como dónde ellos, hago las mismas guardias y duermo en los mismos barracones. Sólo saben que, de vez en cuando, el hombre de azul aparece a pasar revista. Hablo con los hombres, visito a los heridos, escucho sus quejas y sus anécdotas. Todo eso no me molesta, al contrario, por lo general es la mejor parte del día. Noto la confianza de la tropa. Conmigo pueden soltarse, trasladarme con tranquilidad las críticas que no se atreverían a trasladar al resto de la oficialía. Me respetan, sí, pero también me consideran uno de los suyos. También sospecho que, cuando me ven cerca, se sienten un poco más seguros. Me digo que no es una esperanza vana y que cualquier cosa que, en estas circunstancias, ayude a un hombre a seguir un día más, es una victoria.

Hoy… he tenido que presenciar como amputaban la pierna izquierda a un soldado. Un muchacho, no mucho mayor que Bucky. Me alegro de que no haya tenido que participar en esta operación. Metralla, por una explosión de mortero. Se negaba a que le realizasen la operación si no era en mi presencia. No tenemos antibióticos, mucho menos anestésicos. Tuve que sostener su mano mientras le serraban un miembro como si se tratase de un tronco viejo. Y, aún después de todo, me pidió disculpas por no poder continuar la marcha. Odio esto, Peggy. Odio esta maldita guerra.

Los únicos momentos de respiro que me quedan, son los que robo para escribirte estas cartas. Y, mi único consuelo, que algún día acabará toda esta locura. Que podremos estar juntos, compartiendo una pinta de esa cerveza que ya no me hace nada, lejos de este cruento escenario de muerte.

Espero con impaciencia tu respuesta. Cada mañana miraré el correo con ansia de tener noticias tuyas y espero de todo corazón que la próxima misión me acerque un poco más a ti.

Siempre estás en mi pensamiento.

Steve.


El Capitán Rogers dobló con cuidado las páginas y, con ceremonia, cerró el sobre. Tras unos segundos de reflexión, se levantó con cansancio del improvisado escritorio y salió de la tienda buscando al soldado que hacía las funciones de correo. No se trataba de un cansancio físico, la fatiga era una amiga lejana que ya rara vez lo visitaba, sino espiritual.

Tras haber localizado al muchacho y haberle hecho entrega de la misiva, algo activó todas las alarmas del capitán. El resto de la soldadesca parecía visiblemente alterada. Con orden, pero con premura, deambulaban por el campamento. Recogían provisiones, deshacían tenderetes, examinaban armamento. Steve detuvo a uno de los soldados con la mano.

- ¿Qué ocurre?

- ¿Es que no te has enterado, Rogers? Joder… Siempre estás en las nubes. El Mayor Bingham ha dado orden de levantar el campamento. Avanzamos al amanecer.

El corazón de Steve comenzó a golpear como si quisiera salírsele del pecho. Rápidamente se dirigió a la tienda de Mando y, tras cuadrarse ante sus superiores, dirigió la mirada al Mayor Sidney Bingham, quien interrumpió la animada charla que mantenía con el resto de la oficialía mientras apuraba una metálica taza de café.

- Rogers…-masculló- Ya me parecía que tardaba usted mucho en aparecer por aquí. Descanse.

- Señor ¿Permiso para hablar?

- Lo tiene, aunque ya sé lo que me va a decir.

- No estamos preparados para continuar el avance. Las posiciones alemanas son muy sólidas y nos superan en una proporción de tres a uno. No contamos con apoyo aéreo o de artillería. Lo más sensato es esperar.

- ¿Esperar?- bufó el Mayor- ¿A qué?

- Al apoyo del Tercer Batallón, señor. Los informes aseguran que se encuentran de camino. Con su ayuda podremos…

- Lo siento, Rogers. Pero no podemos seguir esperando. Esto es una maldita ratonera. Cuánto más tiempo pasemos aquí más riesgo corremos de ser completamente arrasados por la infantería enemiga o convertirnos en el muñeco de prácticas perfecto para la Luftwaffe. Hay que avanzar, es la única opción viable.

- De nuevo, señor… Con todo el respeto, lo que propone es un suicidio.

- Tengo en cuenta su opinión Rogers- dijo con un gesto que indicaba todo lo contrario- Pero el plan sigue en pié. Usted asegúrese de mantener ese escudo suyo bien alto mientras avanzamos ¿Entendido?- sin dirigir la mirada a Steve, volviendo su vista a varios documentos que tenía sobre la mesa, el Mayor hizo un ademán con la mano- Puede retirarse…

Steve estaba más furioso de lo que recordaba haber estado jamás. A la salida de la tienda hizo un esfuerzo por tomar aire y, apretando los puños, comenzó a sopesar sus opciones. Le habían enseñado a pensar como un soldado. Le habían enseñado a cumplir órdenes. El Capitán debía acatar las decisiones de un superior. Pero… el chico de Brooklyn no estaba por la labor.

Con paso decidido y firme, Steve se dirigió a un pequeño almacén destartalado que servía de barracón a los Aulladores. Allí, la totalidad del comando reía las gracias del sargento al mando. Nicholas J Furia que, con un enorme puro en la boca, gesticulaba profusamente acompañando la chanza de sus subordinados. Furia era el soldado negro de más alta graduación que Steve había conocido. Había tenido que dejarse la piel, que trabajar el doble que cualquier otro militar de su rango para conseguir lo que tenía. Sabía que la gente hablaba a sus espaldas. Que muchos lo despreciaban. Y le importaba una mierda. Eso le hacía absolutamente perfecto para el plan.

- Sargento Furia.

- Rogers- se giró sonriendo Nick- ¿Viene solo? Extraño… Dadas las órdenes de ese imbécil de Bingham era de esperar que se trajese un cura.

- Soy de la misma opinión.

- Evidentemente, porque Dios ha tenido a bien darle más cerebro que el que tiene un canario.

Steve se sentó sobre una caja y, tras inspirar con fuerza, comenzó a hablar.

- No podemos hacer cambiar de opinión a Bingham, pero puede que estemos a tiempo de evitar una masacre. Pero… para hacerlo tendremos que recurrir a métodos poco ortodoxos.

- ¿Cómo cuánto?

- Insubordinación…

- Eso es un Consejo de Guerra.

- Sí…



Furia sonrió.

- Le escucho.

- Según los últimos informes, el Tercer Batallón se dirige hacia nuestra posición para prestar apoyo. Según mis cálculos no deberían estar muy lejos, puede que a un día de camino. Pero nosotros no tenemos un día. Mi plan es acelerar su marcha- Steve desenvolvió un pequeño mapa de campaña- Si no ando muy errado, deben estar por esta zona. Es un camino fácilmente superable a buena paso pero…

- Les separan de nosotros un buen número de fritzs, deseosos de meterles las bayonetas por el culo.

- No lo habría expresado mejor.

- ¿Cuál es su plan?

- Que nos escabullamos nada más caer la noche, avancemos por esta posición y despejemos la zona para facilitar el avance de la Tercera. Tras unirnos a ellos, creo que seremos capaces de llegar de madrugada, antes de Bingham de orden de avanzar. Es…

- Un puto suicidio.

- Sí…- Steve plegó de nuevo el mapa y se puso en pié- ¿Quién se apunta?

Furia dio una larga calada a su puro y clavó los ojos en Steve.

- ¿Certeza de muerte? ¿Mínima esperanza de éxito? ¿A qué esperamos?


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MensajeTema: Re: Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944]   Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944] Icon_minitime6th Junio 2022, 22:39

Hacía un par de semanas de su llegada al otro mundo. Los alemanes la habían arrastrado a esa tierra donde por lo visto, continuaban un plan muy similar al que se estaba desarrollando en su propio universo. Una guerra muy similar, con los mismos culpables, en una tierra maltratada de la misma forma. Para su suerte, estaba preparada. Steve llevaba meses formándola en la guerra del hombre y ya conocía sus armas, muchas de sus tácticas, su instrumental.. Y por lo que pudo comprobar, aquel mundo no era muy diferente. Sólo podía agradecer su fortuna.

Lo único que ella sintió durante aquel extraño traslado fue la sensación de calor repentino, la electricidad, cómo una fuerza como no sintió jamás recorría cada molécula de su ser. Un destello más tarde, se encontraba en una sala de experimento e ingeniería nazi, rodeada de seres tomando apuntes, una cámara fotográfica y decenas de hombres en bata corriendo de un lado para otro.

- Scheiße…!! -

Apenas había terminado de ubicarse cuando empezó a escuchar los susurros en alemán. “Mujer” , “imposible” y “fraude” fueron algunas de las palabras que consiguió identificar a pesar de estar aturdida por aquel viaje que la arrastró de todo cuanto conocía.

Cuando consiguió enfocar la mirada, pudo ver cómo un hombre uniformado, con gafas y un bigote estrecho se le acercaba con las manos a la espalda. Su soberbia apestaba a través de sus insignias. Los ojos azules se fueron a su pecho, donde pudo reconocer la de la Ordnungspolizei. Steve le había puesto en aviso de lo que el concepto de policía representaba para los hombres.

Le observó de arriba a abajo a él, luego se observó a sí misma, comprobando que llevaba su uniforme, la espada, el escudo con el que estaba entrenando hacía un instante y lo más importante… el lazo.

Cuando el comisario se puso a su lado Diana le siguió con la mirada, en silencio. Él rompió el agarre de sus propios dedos en la baja espalda para acercar el dorso de la mano hacia ella, buscando el contacto de su mejilla. - Fräulein… - Pero antes de que llegase a tocarla, la mujer agarró sus dedos y los dobló hacia atrás, generando un fuerte crujido seguido de un grito desgarrador. El laboratorio entero se puso en marcha, rápidamente saltaron las alarmas y todo se volvió de color rojo.

Su fuerza militar de seguridad tardó minuto y medio en llegar a la habitación, pero ya no había nadie que pudiese responderles a lo sucedido en aquella sala. La única pista que tenían los que no habían visto aquello era tan solo un cristal de seguridad destrozado y si se fijaban bien, una de las gabardinas había desaparecido. Al fotógrafo no le dio tiempo de captar la escena.

Primero buscó explicaciones, información, ayuda. Derrotó de camino cuantos soldados invasores pudo y recorrió día tras día las desdibujadas fronteras de la guerra allí donde más era necesaria.

Su viaje la había llevado hasta Saint-Lô. Aún contaba con el factor sorpresa, ya que las cartas de los Aliados que se alegraban por su llegada así como las de los enemigos que la detestaban no habían llegado a ningún punto de mando relevante. Ni siquiera sabían que existía, solo las tropas con las que ya había colaborado. Así se encontraba descansando y repartiendo provisiones para la cena el batallón que la acompañó en la última batalla. - Deberías comer algo - dijo con cerrado acento francés el francotirador que le tendía su plato. Ella alzó la mano para rechazarlo - Estoy bien, gracias.. .¿Sabéis cuál es el pueblo invadido más cercano?- Contestó también en francés. No podía permitirse un instante de descanso. El pelirrojo negó con la cabeza - No, pero sabemos que hay tropas estadounidenses estancados en el camino de Pont-Hébert a Saint - Lô. Estaba previsto que llegasen esta noche, pero nuestro informante dice que los tanques alemanes llevan horas detenidos en el camino. Que los americanos no avancen puede ser normal… Pero si los nazis no avanzan es porque se lo están pasando bien - Hijos de puta… - Escupió un artillero al otro lado del fuego. - Haré lo imposible para que estén bien. Ha sido un placer luchar a vuestro lado. No bajéis la guardia - Dijo despidiéndose, ajustándose la gabardina negra de cuero y echando a correr hacia el camino.

Ya era noche cerrada cuando la amazona llegó al camino. Efectivamente en medio del camino se había formado una trinchera provisional con el desprendimiento natural de los barrancos. A un lado del camino, seis tanques con una esperanzadora estrella blanca esperaba cubriendo a las tropas que había tras ellos. Al otro lado, cinco tanques con una cruz griega negra recibían los gritos alemanes mientras las tropas se organizaban. Superaban con creces a los estadounidenses. Por lo visto, sólo estaban dando tiempo para que los del campamento pudiesen escapar, ellos habían asumido que no llegarían a tiempo.

Al oído de la guerrera pudieron llegar unas pisadas al otro lado del camino. No fue capaz de identificar cuántos hombres había infiltrados en la oscuridad del bosque. Era demasiado arriesgado, fuesen del bando que fuesen. Cuando consiguió enfocar la mirada encontró en el pecho de uno de ellos la misma estrella blanca que había reconocido con anterioridad.
Estaba segura de que las tropas no habían escuchado a los recién llegados por los gritos del comandante. Debían estar en un alto al fuego temporal porque desde que su llegada, no se había escuchado ni un disparo.

Pero entonces vio perfectamente cómo la posición de la torreta de uno de los tanques había cambiado y apuntaba directa a los árboles donde se escondían esos hombres.

La amazona arrastró por sus brazos la gabardina y saltó escudo al frente hasta derrapar a unos metros frente a ellos, entre la carga del tanque y los americanos. Steve Rogers debió reaccionar a tiempo, pero se le habían adelantado. La bomba impactó contra el escudo, destrozándolo en un amasijo irreconocible. Diana se giró - ¡PÓNGANSE A CUBIERTO, YA!- gritó justo antes de erguirse y salir de un salto hacia la tanqueta, destrozándola de cuajo con sus propias manos.

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MensajeTema: Re: Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944]   Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944] Icon_minitime15th Junio 2022, 14:52




La tarde pasaba el testigo a la noche en el campamento aliado, tiñendo de rojo sangre un horizonte que parecía cada vez más lejano. Los nervios tomaron al asalto, casi con la misma mortal rapidez que el enemigo, el estómago del capitán Steve Rogers. Apretó los puños tras ajustarse los guantes, casi como si pudiera asir de una forma física la responsabilidad que él mismo se había impuesto. Las vidas de todos los hombres del primer batallón estaban ahora en sus manos. La misión requería el más absoluto de los secretos. Por ello, decidió disimular su uniforme de batalla bajo un simple pantalón caqui de campaña y una gruesa chaqueta de aviador.

Nick Furia comprobaba el estado de las armas a su lado y, con una sonrisa irónica, miró de reojo al capitán.

- ¿Las barras y estrellas ya no se llevan?

- La idea es no llamar la atención, Furia- bufó Rogers también con una sonrisa en el rostro.

- Me temo que eso- dijo señalando el escudo con la cabeza- podría suponer un problema.

- Coincido. Pero salvo que tenga una idea mejor para detener las balas…

- Tengo una- sentenció Furia tras echarse el fusil al hombro- Que no le den.

Cuando todos los Aulladores estuvieron listos, aguardaron pacientemente al toque de retreta para poner en marcha el plan. En el momento en que la mayor parte de la soldadesca se marchó al merecido descanso en los barracones, el capitán y sus hombres se deslizaron por el campamento hasta llegar al puesto de guardia. Lo bastante alejados como para observar la situación, escrutaron atentos a los centinelas y el capitán echó una mirada cómplice a Dino Manelli. Dino era, con diferencia, el soldado más popular de la tropa, sin contar con el capitán. Era difícil competir en fama con el primer súper-soldado de América. Esto se debía a sus días previos a la guerra, cuando se ganaba la vida como actor de cine. Además de tener un carisma envidiable, hablaba con fluidez italiano y alemán, cualidades que le estaban siendo muy útiles en su servicio de armas. A él se le había encomendado la misión de distraer a los vigías para facilitar la huída del campamento. Dino se había quejado amargamente, pues tenía tantas o más ganas de acción que los demás. Pero era un buen soldado, así que se resignó y cumplió con su cometido.

Mientras Dino conversaba animadamente con los hombres, a quienes había acercado una buena cafetera caliente y ahora amenizaba con una alegre tonada picante, Rogers y el resto de Aulladores se escabulleron con rapidez, avanzando hasta adentrarse al fin en los bosques cercanos.

El avance a través de la tierra de nadie fue lento pero seguro. Como ratones, el comando del Sargento Furia se fue deslizando entre la maleza, aprovechando la oscuridad de la noche y las sombras naturales que les facilitaban los árboles. Los ocho hombres seguían su camino en perfecta formación, sorteando los obstáculos del camino. Robert “Rebel” Ralston, iba a la cabeza junto al Capitán. Tras ellos Nick Furia, Dum Dum Dugan e Isadore Cohen cubrían el centro de la formación, esperando dar respuesta al fuego enemigo si es que se producía. Gabe Jones, “Junior” Juniper y Percival Pinkerton cubrían la retaguardia.

Ralston hizo seña de parar y toda la tropa se detuvo al instante. Escrutaba el horizonte con sus prismáticos, que mejoraban en gran medida la ya excelente vista del muchacho de Kentucky.

- Cuatro al frente, capitán- susurró- Krauts sin duda.

Rogers hizo seña a Fury y Dugan quienes no necesitaron más para entrar a la acción. Mientras el gigantón de Boston despachaba a los dos soldados de la izquierda, el capitán hacía lo propio con el de la derecha, dejando a Furia al nazi del centro. Roger agarró por detrás al soldado alemán, aprisionándolo con su bíceps hasta que lo vio aflojar los miembros y quedar desmayado, esperando ese momento para, finalmente, partirle el cuello, evitando en la medida de lo posible un mayor sufrimiento. A su derecha, Furia se acercó con agilidad felina para, con un rápido movimiento, dibujar una nueva sonrisa en el cuello del centinela alemán.

- Muy humanitario…- bufó Furia mientras se limpiaba el cuchillo en el pantalón.

- La mayoría de estos hombres no quieren estar aquí…

- Tampoco yo. Ellos no tendrían la misma consideración por usted, capitán.

- Por eso es tan importante- concluyó Steve para, acto seguido, dar la orden de continuar.

Los Aulladores recuperaron la formación y siguieron avanzando con sumo cuidado. Llegados al punto donde la maleza daba paso a un claro, Steve escuchó un chasquido a su derecha. Un fusil alemán le apuntaba desde la lejanía, pero antes de que tuviese tiempo de cubrirse con el escudo, el soldado cayó de bruces. Ralston sostenía su lazo de rodeo empujaba de él con fuerza, arrastrando al soldado alemán que se encontraba forcejeando al otro lado. Rápidamente Furia puso fin a la lucha con una serie de rápidas puñaladas.

- Buena lazada, vaquero- rió Furia.

- Gracias- susurró Steve- Si hubiese llegado a disparar habría alertado al resto.

- De nada, Capi. Parece que no era tan mala idea traer un lazo al frente ¿Verdad?

Dugan, dándose por aludido, masculló una maldición. Acto seguido los hombres siguieron la marcha, ajenos al peligro que se cernía sobre ellos. Ralston observaba por sus prismáticos, pero era demasiado tarde para dar la voz de alarma. El cañonazo se escuchó en la distancia y Steve tuvo el tiempo justo para cubrirse con el escudo. El podría soportarlo gracias al vibranium pero ¿Qué sería del resto de la tropa? El proyectil impactó con toda su potencia contra un escudo, pero no el del Capitán América. Fue entonces cuando la oyeron…

- ¡PONGANSE A CUBIERTO YA!

Cuando el polvo se disipó, Steve y el resto de los Aulladores pudieron ver al fin la imponente figura de su salvadora. Una mujer de altura espectacular, ataviada como un soldado de la antigüedad, se erguía frente a ellos. Aunque su escudo estaba roto, ella no parecía haber acusado el golpe demasiado. Antes siquiera de que pudieran darle las gracias, dio un salto a una altura que ni siquiera Steve había alcanzado jamás aún con el suero del súper-soldado. Fue entonces cuando destrozó la tanqueta con sus manos desnudas, como si abriese una lata de sardinas.



Los disparos comenzaron en aquel momento y Steve, aprovechando que habían conseguido mantener la formación en línea, al no recibir de lleno el impacto de artillería, cubrió al resto de la tropa con el escudo.

- ¡¡Ya habéis oído a la señora!! ¡¡A cubierto!!

Mientras Steve cubría la retirada, los Aulladores tomaron posiciones tras los árboles cercanos, devolviendo el fuego siempre que les era posible. Una nueva tanqueta apuntó a los Aulladores, pero una cuerda dorada salió disparada de las manos de su inesperada aliada, atándose en el extremo de extremo del cañón para, acto seguido, doblarlo hacia arriba con un poderoso tirón.

- La dama sabe cómo usar el lazo…-masculló Ralston boquiabierto.

- Y es fuerte… Esa ha debido de beber más zumo de Erskine que usted Capitán.- añadió Dugan.

- No es descabellado… ¡Rogers!- gritó Furia mientras devolvía el fuego- ¡¿Conoce a la hija de Conan?!

- No- negó el Capitán abandonando la cobertura y lanzándose al campo de batalla, tras asegurarse de que el resto del comando estaba a cubierto- ¡¡Pero sea quien sea está de nuestro lado!!

Steve corrió en dirección a la guerrera desconocida, observando cómo, desde la copa de uno de los árboles cercanos, un soldado alemán sostenía una granada M24 con toda intención de lanzarla contra la mujer. Steve lanzó su escudo hacia el enemigo, haciéndolo caer y provocando que la granada explotase en el suelo al mismo tiempo que impactaba su dueño. Otro par de soldados apuntaron a su nueva aliada con sus fusiles. Rogers recuperó el escudo al rebote, pero no iba a tener tiempo a reaccionar.

- ¡¡DUGAN!!

- ¡¡Lo veo, Capi!!

Dum Dum Dugan salió de la cobertura durante unos segundos para, con su famosa puntería, alojar un par de balas en las frentes de los dos atacantes. Fue en ese instante cuando el Capitán América alcanzó por fin a la guerrera y, olvidando la tapadera por un instante, completamente centrado en la batalla, se colocó junto a ella escudo en ristre, pudiendo únicamente articular una frase.

- Soy el Capitán Steve Rogers, y necesito su ayuda para salvar la vida de un centenar de hombres.


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MensajeTema: Re: Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944]   Soldados de Otro Tiempo (Diana de Themyscira) [16-07-1944] Icon_minitime16th Septiembre 2022, 02:18

En la mente de la guerrera no había ninguna duda de que aquellos hombres eran una avanzadilla. Una tropa tan minúscula de hombres, estadounidenses, cada uno con habilidades diferentes.. Era eso o un pelotón rezagado que había decidido involucrarse en una misión suicida para dar tiempo a las tropas que debían abrirse paso por esa ruta a la madrugada siguiente. ¿Qué demonios tenían en mente cuando se metieron allí sin artillería antitanques?

Algo sospechó cuando se fijó en el hombre atlético que dictaba las órdenes. No cumplió su propia indicación. “A cubierto” dijo, quedando en medio de la contienda cubierto tras un escudo que sí, parecía resistente pero sólo era eso, un escudo contra los tanques. Sin embargo confiaba, su posición delataba que sabía lo que hacía. Por si se equivocaba, Diana se abalanzó rápidamente para asfixiar la caña con el lazo, tirando con un potente ruido de torsión metálico. Acto seguido dirigió una patada con el talón hacia la única escotilla de acceso al vehículo, deformando el metal y el contorno para convertirla en una mezcolanza amorfa, atascada e inamovible.

Cuando volvió a alzar la vista, no sólo vio que el americano no se había cubierto, sino que estaba corriendo hacia el fuego enemigo. La morena arqueó una ceja al tiempo de ver cómo ambos hombres la cubrían, con una rapidez de reflejos digna de admirar, especialmente el soldado del casco azul. - Hola capitán Rogers, Soy la princesa Diana y voy a ayudarle a salvar a esos hombres- los disparos sonaban al otro lado del escudo de vibranium. Aunque se escuchaban menos de la zona aliada eran más eficaces. Poco a poco se fueron equiparando. - Pero tal vez debería abandonar el hobby de colocarse delante de los cañones - Una cobarde bala rasa y sucia apuntó a la pierna del capitán. Con un rápido movimiento la amazona se agachó y cubrió con el brazal de su antebrazo su pierna. Al fin y al cabo estaban en la parte superior del tanque aún, no era lo más cómodo para ganar cobertura. La bala rebotó, dejando un sello brillante en el metal que se se fue apagando poco a poco.

Ambos bajaron del blindado sin necesidad de comunicarse, los tanques aliados habían hecho su trabajo, ya sólo quedaba un tanque. - ¡Todo suyo, capitán! - indicó la griega justo antes de sobrevolar el que quedaba y meterse en el centro de los tiradores alemanes. Los gritos llegaron pronto. De lejos sólo podría reconocerse un brillo dorado titilante entre las siluetas humanas que iban cayendo por tríos. A la altura a la que estaba el rubio podría ver perfectamente cómo “la hija de Conan” estaba derrotando uno de los ejércitos más fuertes del mundo con un lazo, los brazales y distintos movimientos claramente entrenados cuerpo a cuerpo. Ver a una amazona en pleno campo de batalla era un espectáculo que casi hacía sentir culpable al observador que lo disfrutaba. Una serie de movimientos coordinados, precisos y naturales casi como un vals que nadie desearía que terminase. El final de un derribo era el lazo del siguiente. No había un puñetazo o patada fuera de lugar. Sabía perfectamente cuando detenerse para cubrir las balas con los brazales, cuando atacar cuerpo a cuerpo, cómo arrastrar los barridos con el lazo... No era una novata.

Los estadounidenses ganaban terreno a medida que la amazona dejaba hueco en las tropas enemigas. Si la noche seguía así, iban a terminar antes del resopón. Les vencían en número, aunque cada vez menos. Y ellos contaban con un supersoldado y una semidiosa de su lado. Pero no debía relajarse, aún quedaban muchos y el cansancio de los suyos iba a ser mayor. Decidida a agilizar la victoria, pisó con fuerza uno de los tanques para volcarlo de lado y empujando con ambas manos realizó un golpe directo que hizo que el tanque se desplazase varios metros en línea recta, arrasando en el proceso.con todo lo que se encontró. La puntería de los yankis no le pasó desapercibida - ¿Siempre disparan así? - Preguntó al hombre que tenía más cerca, que resultó ser Furia.

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