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 El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]

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Ahri'ahn
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MensajeTema: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime12th Junio 2021, 02:05

No hacía ni dos semanas desde que había aparecido en Omega, y la princesa de las amazonas aún estaba tratando de asimilar todo cuanto había sucedido en tan corto intervalo de tiempo.

Primero, había sido arrancada de su propio universo y de las personas a las que conocía para aparecer en un mundo extraño que, en apariencia era el mismo, pero no lo era, y eso hacía que todo fuese aún más desconcertante.

Había tenido que lidiar con una Liga de la Justicia que no la conocía, con una amenaza del Joker y asumir la existencia de toda una raza nueva y desconocida en su universo de origen. Para colmo de males, cuando aún estaba tratando de adaptarse a todos aquellos cambios, había recibido una señal de ayuda procedente del comunicador de un tal Arión, Sumo Mago de la Atlántida, quien, al parecer, formaba parte de la Liga de la Justicia de allí. El comunicador registraba el origen de la señal en las montañas Taihang, en China, y aunque se había presentado lo más rápido que había podido, teniendo que abrirse camino entre una horda de soldados nazis, para cuando había encontrado al mago ya era demasiado tarde. No sabía qué le habían hecho, pero estaba gravemente malherido y completamente cubierto de sangre en una especie de prisión dentro de la montaña. El hechicero la había confundido con la Diana que había existido en aquella dimensión antes que ella, pero en aquella situación tan dramática la amazona no había tenido ocasión de aclarar las cosas. El Homo Magi apenas se aferraba a la consciencia, y ella necesitaba que le dijera dónde debía llevarle antes de que perdiera por completo el sentido.

Le había pedido que le transportara hasta Atlantis. El rey Arthur sabría qué hacer. Para cuando llegaron a los dominios de Aquaman el mago ya estaba inconsciente, y lo único que ella podía ya hacer era entregarlo a sus médicos para que hicieran lo que pudieran. Su presencia allí no habría servido más que para obstaculizar, así que se había marchado, y justo al día siguiente había tenido que lidiar con una banda criminal que se dedicaba al tráfico de niños en California.

Ahora, dos días después, al fin había encontrado un momento de tranquilidad para ir a visitar al Sumo Mago y preocuparse por cómo se encontraba. No sabía si podría sincerarse, explicar lo que le había ocurrido, ni si él tendría alguna clave para ayudarla, ya que no estaba muy segura de si se encontraría en condiciones de hablar o no, pero el corazón de la amazona era compasivo y realmente se interesaba por su bienestar, especialmente después de cómo le había encontrado.

Antes de descender a las profundidades, tomó una de las conchas, de un prístino color blanco, que le había ofrecido su tío Poseidón a cambio de una ofrenda en su Themyscira natal, la abrió lentamente y tragó su contenido. El sabor era horrible, pero ahora dispondría de una hora para respirar, hablar y escuchar bajo el agua como si fuese atlante, y también ayudaría a su cuerpo con las elevadísimas presiones del fondo marino.

Una vez preparada, se sumergió y descendió velozmente, partiendo el agua a su paso como un proyectil. La primera vez que había descendido para llevar al atlante al palacio de Aquaman había estado demasiado angustiada y alterada por la responsabilidad de llevar a un hombre moribundo entre sus brazos como para pararse a admirar el terreno, pero ahora que disponía de más tiempo, pudo darse cuenta de algo que no había notado en su visita anterior, y era que parecía haber dos estilos arquitectónicos perfectamente definidos en la misma ciudad. El primero daba la impresión de ser algo orgánico, vivo, con edificaciones en coral y otros materiales naturales del fondo del mar, mientras que la otra mitad de la ciudad se asemejaba más a las construcciones que se hacían en Themyscira con grandes y hermosas cúpulas, estilizadas estatuas y elegantes columnas y pináculos, recordándole más a la Atlántida que ella conocía. La amazona no podía saber que se debía a que la mitad orgánica pertenecía a los Homo Mermanus, una raza submarina del nuevo universo, mientras que los de la otra mitad, los de Arthur, eran los descendientes de los atlantes originales que habían sobrevivido al cataclismo, y que ambas ciudades se habían fusionado durante la Colisión. Los dos estilos eran completamente diferentes y sin embargo, entre ambos conformaban lo que uno habría esperado encontrar en la mítica ciudad sumergida de Atlantis. Lo más curioso era observarlo todo desde arriba y ver de qué manera se entremezclaban y fusionaban ambos estilos, aunque estaba bastante definida la línea en donde una acababa y empezaba la otra. Quizá aquella visita sirviera también para despejar esa incógnita.

La amazona albergaba los múltiples recuerdos de Atlantis bajo buena llave. No sólo era nueva en el mundo sino que además había conocido los conflictos que ese mundo había vertido sobre Arthur y todo el reino. Sombras lejanas le traían el rostro del gran mago atlante a mente, pero aún seguía desconcertada ya que no terminaba de encontrar un sitio que le encajase con precisión. Esperó lo suficiente como para que el mago estuviese recuperado para volver a hablar con él. ¿Cómo se habían conocido? ¿Qué relación tenían y por qué confiaba en ella?

La griega retornó al lugar donde le había dejado y llegó como una invitada en son de paz. Conocía a su Atlantis, pero ahora, en ese mundo, desconocía por completo protocolos, etiquetas y cómo gestionaba el reino a sus forasteros.  Así que se condujo hasta el palacio, moviéndose con suma calma y contemplando con el corazón sobrecogido la nueva estructura submarina. Resultaba tan chocante como la actual Atenas, con furgonetas aparcadas frente a templos sagrados aún en pie.

Diana quería conocer de nuevo al mago, que le ayudase a desvelar sus incógnitas y con un poco de suerte, acercarse más a Atlantis. Así que estaba dispuesta a hacer cualquier trámite o rito que le exigiesen para poder contactar con el homo magi. Aguardó a que alguien la recibiese, increpase o detuviese para poder declarar sus intenciones, puesto que no podia estar segura de nada en aquél nuevo universo. Por fortuna, Wonder Woman parecía ser alguien conocido allí, porque los guardias reales la recibieron con respeto, y prácticamente sin dilación fue escoltada a presencia del rey. En cuanto la vio llegar, Arthur se incorporó de su trono para acudir a recibirla con los brazos abiertos.

- Diana -la saludó con cierta alegría triste-. No te veía desde la guerra civil, y hace casi un año ya -dijo, estrechándola entre sus brazos con fuerza-. Espero que las cosas te hayan ido bien. Me contaron lo que hiciste por Arion, te doy las gracias.

La amazona correspondió al saludo con la misma intensidad, pero su gesto de duda resultaba obvio. Aún le faltaba mucho por asimilar...

- Te veo bien... - no se había dado cuenta de cuánto le echaba de menos hasta que volvió a verlo. No veía a Mera en la estancia, pero no se atrevía a preguntar por si se trataba de algo que ya debería saber. No estaba preparada para tener aún esa charla con él. Arthur la miró extrañado, pero no dijo nada, respetando su privacidad.

- ¿Qué puedo hacer por ti, amiga mía?

- Ah, no quiero ocupar tu atareada agenda, solo esperaba poder ver cómo se encuentra Arion y charlar con él -la naturalidad y autenticidad de su respuesta ayudó a disipar la primera impresión de extrañeza que había tenido su reencuentro, haciendo que el atlante descartara sus preocupaciones iniciales como imaginaciones sin fundamento. Aquél año, sin su mujer y su hijo, había sido muy duro para él y debía estar externalizando sus propias emociones en los demás.

- Claro... lo entiendo -la preocupación regresó a su semblante al recordar cómo le habían encontrado-. Estaba muy malherido, Diana... Le habían arrancado prácticamente la piel a tiras. Nuestros médicos han dicho que debería permanecer en cama como mínimo dos semanas sin moverse hasta que la piel se haya regenerado. Es muy probable que le queden cicatrices... Creemos que fue hecho con un látigo, aunque él no ha querido hablar sobre ello. Cuesta entender cómo pudieron hacerle tanto daño, pero hemos encontrado rastros de una toxina paralizante que había tintado sus labios. Parece que es como consiguieron neutralizarle.

La morena le escuchó con atención. No rompió el contacto visual a pesar de la tentación de seguir admirando el lugar. Frunció el ceño.

- Un látigo... -repitió mientras repasaba mentalmente los sucesos-. Arthur, cualquier cosa que pueda hacer.... Por él... O por ti. Sabes que si puedo ayudar, lo haré -sabía que sobraban las palabras... pero necesitaba que lo supiera. Él asintió y suspiró.

- Lo sé... Igual que acudiste el año pasado cuando mi pueblo te necesitó. Te digo lo mismo, amiga mía -dijo, apretándole levemente el antebrazo en gesto de afecto-. Si quieres hablar con el, está en sus aposentos en su Ciudadela. La veras nada más salir del palacio, no tiene pérdida. Seguro que le agradará recibir tu visita.

- Muchas gracias... No pretendo perturbarle en absoluto, le dejaré descansar -se giró después de un apretón en el hombro del rubio y se marchó, decidida a volver a ver al mago.

Arthur no exageraba al decirle que la Ciudadela sería fácil de localizar...  Se encontraba algo apartada de la fosa submarina que protegía la Atlántida en su seno, pero era tan grande que el palacio del rey parecía pequeño en comparación. La fortaleza, construida en un estilo que recordaba claramente a las edificaciones de los mayas, parecía tan fuera de lugar en Atlantis que daba la impresión de haber sido transportada mágicamente hasta allí desde otro lugar, pues ni los materiales, de resistente piedra, ni el estilo arquitectónico encajaban en aquella ciudad. No cabía duda de que tenía que ser el lugar, y hacia allí se dirigió, nadando a buen ritmo sin dejar de observar cuanto tenía a su alrededor. El reino le fascinaba... Cuántas horas podría haber pasado leyendo a Platón y sus testimonios de Atlantis. Y aún así aquella Atlantis en concreto parecía tan distinta...  

Al llegar frente a las escalinatas que conducían hasta el inmenso portón de madera maciza, constató que aquél edificio debía haber sido construido inicialmente en la superficie, ya que las escaleras bajo el mar no tenían ningún sentido, y tampoco habrían escogido madera para las puertas. Tras darse el último impulso que necesitaba para ascender el largo tramo, se detuvo ante las puertas tratando de localizar la manera de abrirlas, mas no había aldabas ni pomo de ningún tipo. Probó a empujar las enormes hojas, pero antes incluso de que sus blancas manos llegaran a rozar la superficie, éstas se abrieron hacia adentro con un silencio sepulcral. Intrigada, Diana traspasó el místico umbral.

El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Environment22

En el interior, un poderoso hechizo mantenía el agua en el exterior y proporcionaba el oxígeno necesario para poder respirar. El edificio era por dentro tan impresionante como lo era por fuera, y la restauradora pudo comprobar que, efectivamente, el estilo arquitectónico era maya sin ningún género de duda. Parecía tener miles de años de antigüedad, y había filtraciones de agua que se colaban desde el techo.

Aguardándola al otro lado encontró una perturbadora visión en la forma de un ojo egipcio gigante encerrado dentro de una esfera mística de la que partían numerosos tentáculos de color verde. El ojo le dirigió una pacífica mirada (o lo que pareció como tal en ausencia de expresiones faciales o cejas) antes de girarse y emprender el camino hacia el interior de la fortaleza, dejando tras de sí un halo de energía mágica verdosa. De vez en cuando se detenía y volvía a mirarla, como si quisiera asegurarse de que le seguía a través de los larguísimos pasillos repletos de intrincados grabados e interesantes esculturas mayas con tocados emplumados hasta que llegaron hasta una tranquila habitación cuadrada con un relajante estanque en el centro y una abertura acristalada en la parte superior que permitía contemplar el fondo marino.

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Allí, sentado en el borde del estanque, con la mirada perdida en el agua, se encontraba el mago Arión, cubierto por una suave bata de seda carmesí que le cubría por entero. Una cicatriz aún fresca cruzaba su mejilla hasta la ceja y presentaba un corte en el labio, pero ni siquiera las heridas lograban opacar la belleza de su mirada y sus facciones. Había tratado de ordenar el largo cabello castaño en un recogido rápido, pero había sido hecho con tanta premura o desgana que la mayoría de mechones se habían soltado y caían sin orden ni concierto sobre sus hombros.

El Ojo de Ra se dio la vuelta y se marchó, dejándolos a solas. Diana estaba a punto de anunciar su presencia, insegura de si el mago la habría notado, cuando finalmente alzó la mirada y los ojos esmeralda se encontraron con los azules de la griega. En un gesto instintivo, buscó cerrarse más los bordes de la bata en el pecho y la miró sin decir nada, avergonzado por su fracaso, por la facilidad con la que había sido engañado y por lo humillante que había sido su derrota.

Después de todo, ella era, nada más y nada menos que la mejor guerrera de la Liga de la Justicia.

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MensajeTema: Re: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime11th Octubre 2021, 00:54

La amazona seguía acumulando pruebas que demostraban que en ese universo había una Diana anterior. Las grabaciones, la gente que no recordaba y afirmaba conocerla… y aun así le seguía sorprendiendo como la primera vez. Uno de los casos más especiales fue sin duda el del Arión, sumo hechicero de Atlantis. Cierto sentimiento de culpa y remordimiento se entremezclaban con la vergüenza de su estómago. Estaba acostumbrada a ayudar siempre que estaba en sus manos cambiar las cosas, pero aquella vez sintió que era una molestia, un obstáculo… Que era una intrusa. Sintió que debía haber delegado antes y mejor… y seguramente esa sensación fuese cierta. Cuánto cuesta soltar el mando de lo que solemos controlar.

A pesar de esa amalgama desagradable de inquietudes, la preocupación engullía con más ferocidad cualquiera de los otros sentimientos. Necesitaba confirmar por sus propios ojos que el hechicero había mejorado, poder verle, tocarle y sentir la vida en su piel. Eso sí que no podía cedérselo a nadie más. Un mensajero, una llamada, cualquier otro método era más fácil y más inmediato, pero nada sería suficiente en comparación a volver a verle con salud con sus propios ojos.

Tras realizar la preparación y una vez se sumergió suficiente la amazona sintió durante un instante que le faltaba el aire al contemplar las ciudades que se erguían frente a ella, como si dos pueblos compitiesen por la edificación de todo el territorio. Se detuvo en seco un notando el frío océano abrazando cada rincón de su piel mientras reconocía con la mirada las propiedades de la Atlántida que le era familiar. Antes…¿Había estado así?
La fusión de mundos era una teoría loca pero bastante asentada… Y esa prueba, lo que experimentaba en ese instante era a la vez escalofriante y hermoso.

Continuó su marcha, declarando con toda la capacidad de su lenguaje corporal las intenciones pacíficas. Alzaba las manos siempre que alguien la miraba y se adentraba poco a poco, sin querer parecer agresiva. Hasta que los soldados y el mismo rey demostraron la confianza trabajada durante años. ¿Acaso ese era su Arthur? Hablaba de hace un año con total confianza. Al menos la Diana que había pisado esa tierra antes que ella parecía querer conservar sus amistades...

Ciertamente la ciudadela no era sutil, se erguía con un inmenso ente americano esculpido en dura roca que resistía la erosión del mar. Cuantos más segundos permanecía en esa Atlantis, más se enamoraba de sus rincones, de esa fusión inesperada pero acogida, del choque de la armonía preestablecida instaurando una nueva y diversa concordia.

Era fascinante, cada piedra, criatura y minúscula alga estaba en su lugar dando magia a su alrededor. El conjunto era abrumador y el detalle admirable. Siguió las instrucciones con sumo cuidado según se presentaban, preguntándose cuánto de lo que sucedía procedía de la propia magia de Arión hasta que escuchó el agua moverse y los reflejos sinuosos del agua sobre el techo y bajó la cabeza.

Ahí estaba él. Su cuerpo descansaba en la orilla como una escultura bien planeada. La seda acariciaba sus proporciones y su cabello descendía como una cascada pulcra que se revelaba contra la intención de mantenerlo atado. Los brillos del agua se paseaban por su piel haciendo ver a Diana que el tiempo no se había detenido. No podía apartar la vista de él, aún derrotado y malherido… seguía siendo magnífico.

Vio muchas cosas de Arión… pero no a él. Notaba su presencia como un fantasma al que todo le atravesaba. Su cuerpo estaba ahí, su alma y su mente… solo lo saben los dioses.

Pero él sí la vió.
Tragó saliva, agradecida por esa pequeña muestra de vida en su mirada.
Cogió aire y sonrió pero su gesto pronto se entristeció al ver que él se cubría avergonzado.

Vergüenza…


¿Cómo se atrevía a sentir vergüenza?

Respiró relajada y sonrió -Arión… es un placer volver a verte- susurró. No mentía. Y de hecho la intención de esa visita era, junto a comprobar su estado, poder dejar de mentirle para la eternidad y confesarle que no era la Diana en la que confiaba.

Podía volar, pero decidió descalzarse como gesto de respeto hacia el templo y hacia él dejando caer los cueros de su calzado y acercarse caminando con lentitud bordeando el agua.
Sin querer empezó un ritual en torno al hechicero que luchaba por retirar la mirada consumido en su ignominia. Primero se puso detrás de él, clavando las rodillas en el suelo mientras los dedos de la mujer se dirigían a su pelo, dispuesta a liberar cada uno de sus cabellos del cordel que trataba de retenerlos inútilmente. Cepilló con sus uñas con suma atención para no provocarle ningún dolor y luego dejó todos los filos castaños sobre su hombro derecho.

Luego tomó asiento a su izquierda, eliminando así la posibilidad de que el atlante escondiera su rostro tras el pelo que acababa de dejar al lado opuesto. Se giró hacia él, apoyando un gemelo en la piedra y sumergiendo una de sus piernas en el estanque. Parte de los tejidos del vestido azul que había escogido para verle, aunque ya estaban mojadas, se sumergieron con su piel.

Acercó la mano con mucho cuidado a la diestra que cerraba la bata con pudor, retirándola con lentitud y dejándola boca arriba entre el pecho de ambos. Con el cordel que le acababa de retirar hizo un brazalete improvisado que terminó con un nudo. Un detalle, una simple excusa para quitarle esa herramienta de vergüenza que le había cubierto aun más de ella. En cuanto terminó el nudo, dejó la mano del hechicero sobre su propio muslo.

Luego llevó sus dedos al mentón del homo-magi elevándolo sin hacer fuerza hasta que volvió a contactar con su mirada. -Arión… No seas tan osado como para sentir vergüenza- A pesar de que el mensaje era contundente, seguía hablando en susurros y con un cariño en la voz que suavizaba cualquier golpe.

Ciertamente ese hombre debía ser de los más fascinantes que jamás conocería. ¿Se creía tan infalible como para no poder fallar? Si era así, ¿Sus entrañas genuinamente le estaban castigando con decepción y bochorno? - Deberías estar orgulloso. Por todo lo que has soportado. Por todo lo que has vivido…- el silencio se apoderó de la boca de la amazona, viendo que el rostro de él no cambiaba. - Nada de lo que diga servirá para convencerte…¿Eh?- Miró el hueco del pecho a través de la seda, y apoyó la mano con descaro sobre su corazón. - Este no cicatriza tan rápido…- retiró la mano y la dejó descansando entrelazada con la otra. -Tienes verdadero poder. Eso se sabe… puedo verlo. Pero desconocía que lo volcabas en ti. Espero que si algún día soy yo la que se equivoca, no me trates con esa dureza.- Ella parecía relajada y distendida, completamente centrada en él de una forma cercana y cuidadora, escogiendo peculiarmente sus palabras, tratando de hacerle entender que no merecía sentirse así. Simplemente… hacía lo que sentía que debía hacer. Finalmente dejó silencio y espacio para que él hablase y le tendió una mano amiga para que se sintiera acompañado, si es que quería cogerla.

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MensajeTema: Re: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime5th Noviembre 2021, 01:01

Apartó la mirada ante su saludo, avergonzado. Ella le había encontrado moribundo y ensangrentado después de...

Al menos había sido capaz de invocar a los hilos multicolor para que cubrieran su cuerpo con sus últimas fuerzas antes de caer inconsciente. Al menos la humillación no había sido completa.

- También lo es para mí... -musitó-. Aunque habría preferido que fuera en otras circunstancias.

Intrigado, observó cómo se descalzaba para después hacer algo que no habría esperado jamás. Caminando descalza por el borde del estanque, como una sencilla mortal, se arrodilló detrás de él con una humildad que nunca antes había mostrado para comenzar a desenredarle la desordenada melena con los dedos.

No era que no estuviese acostumbrado a aquella clase de familiaridad; en la antigua Atlántida existían muchos menos tabúes que en la actualidad y el trato humano solía ser más cercano, pero no era lo que había observado desde que había llegado a aquella realidad. En aquella época la gente tendía mucho más a mantener una distancia tanto física como simbólica con sus semejantes, especialmente en las grandes ciudades, lo cual había contribuido a hacerle sentir fuera de lugar, aislado y solo.

Y, desde luego, no lo había observado en Diana.

Una vez la amazona hubo conseguido domar su cabello, tomó asiento a su lado con completa familiaridad, como si se conociesen de toda la vida. Técnicamente llevaban siendo compañeros casi un año, pero Arión nunca había experimentado en su presencia la sensación de confianza y tranquilidad que le embargaba ahora. La Diana que él había conocido era fría, era distante y a ratos arrogante, mientras que la mujer que se sentaba a su lado era... cálida, cercana y agradable. Le hacía sentir bien con su simple presencia, incluso sin hablar.

Entonces ella retiró la mano que mantenía cerrada la bata, permitiendo que asomara la más atroz de sus heridas, una tan profunda que sin lugar a dudas dejaría marca, pero estaba tan sorprendido que no acertó a impedirlo. Lo único que pudo hacer fue quedarse mirando aquellos hermosos ojos azules mientras ella anudaba el trozo de cordel en torno a su muñeca en un gesto cargado de simbolismo. Quizo apartar entonces la mirada, pero ella no se lo permitió.

- No sabes lo que he soportado -musitó en respuesta sintiendo la garganta reseca.

Fue a cerrarse la bata de nuevo, pero ella se lo impidió acariciando con su mano la herida aún fresca sobre su corazón, que pareció detenerse momentáneamente en su pecho para volver a latir, un instante después, con tanta potencia que fue como si reverberara en las estancias submarinas.

Recordaba la primera vez que la había visto, enfrentándose a Solomon Grundy en las calles de París. Aquella había sido la primera de muchas batallas juntos, y él se había sentido de inmediato atraído por su fuerza, su coraje y su osadía, cualidades que le recordaban a las mayores virtudes que había tenido su esposa. Sin embargo, el sentimiento no había sido recíproco y Diana no había mostrado nunca el menor interés hacia él, comportándose de manera fría y distante hasta el punto en que sus únicas interacciones tenían siempre lugar en el capo de batalla. La Diana que él había conocido no habría ido a visitarle para interesarse por su bienestar, y, desde luego, no se habría mostrado así de cariñosa y cercana.

Aunque terriblemente debilitado, Arion aún conservaba su visión mágica, una capacidad de mirar que iba más allá del simple acto de ver, y observó a la amazona como si estuviera escudriñando en su propia alma, como así era. El tercer ojo resplandeció en un hermoso y radiante color dorado sobre su cabeza, y el aura de la mujer se reveló ante él. Diana era, en efecto, quien decía ser. Su aura, su alma, era la misma que había tenido la Diana que él había conocido, e igual de pura. No se trataba de ninguna nueva añagaza para atraerle como había sucedido en China.

- ¿Eso crees? ¿Que mi orgullo me impide aceptar una derrota?

Volvió a apartar la mirada, ésta vez disgustado ante sus palabras.

- Diana, he sido derrotado más veces de las que puedo recordar. De hecho, la única razón por la que sigo vivo es porque siempre he tenido la inmensa suerte de contar con guerreros magníficos a mi lado para protegerme cuando era necesario. Mi fiel amigo Wyynde... Mi amada esposa, que era a la vez mi guardaespaldas y me salvó la vida más veces de las que podría contar... Y, ya en ésta época, amigos como Iron Man... y como... tú... -sus profundos ojos verdes volvieron a fijarse en los suyos-. Siempre he sido consciente del valor de la amistad, el compañerismo y el trabajo en equipo. Sé que donde uno falla, las fortalezas de los demás le apoyarán. La fuerza física nunca ha sido lo mío, pero cuento con otras habilidades que suplen dicha carencia. No... lo que me avergüenza no es haber sido derrotado, ni siquiera que hayas tenido que rescatarme. Ni tampoco el tormento físico. Estoy más que acostumbrado al dolor. Lo que me avergüenza es...

La humillación. La indefensión. La impotencia. El hecho de haber sido usado como un simple juguete roto.

Alzó la mirada al techo y suspiró.

- Ha sido mi estupidez, Diana. Me engañó como si fuera un simple novato. Me hizo creer que se trataba de una prisionera herida, y, cuando me adelanté a socorrerla habían trazado en el suelo un pentagrama mágico que anulaba mis poderes. Y entonces ella me besó de improviso y tampoco lo vi venir... Tenía una especie de sustancia impregnada en los labios que me paralizó -se llevó una mano a la frente, abrumado por el peso de su propia necedad-. ¿Cómo pude caer en semejante trampa? ¿Cómo no lo vi venir? Mi sentido del peligro estaba como loco... Había sensación de amenaza por todas partes, no pude... Puse en riesgo a Hellboy, pero sobretodo a ti, que tuviste que entrar a por mí. Ha sido... -cerró los ojos y una visión fugaz de Viper a horcajadas sobre él cruzó su mente-. Muy humillante.

Se quedó mirando la mano que ella le tendía durante varios segundos, para, después, volver a alzarla hacia la morena, con la misma intensidad con la que había analizado su alma minutos antes.

- No eres ella, ¿verdad? -preguntó de repente-. Tu aura es la misma pero no eres la Diana que yo conocí. Lo sé.

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MensajeTema: Re: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime2nd Diciembre 2021, 21:23

La amazona estaba dispuesta a lo que hiciese falta con tal de devolverle al atlante una normalidad que fuese capaz de desarrollar. En la que fuese capaz de ser feliz. Sabía que no todo dependía de ella, era plenamente consciente. Pero también sabía que podía intentarlo todo hasta el agotamiento si la situación lo requería, y esta lo requería. Ver la herida sobre la piel del hechicero le removió algo dentro, una inquietud, tal vez miedo de la criatura que hubiese sido capaz de herir de tal gravedad a un ser tan bello y poderoso como el que tenía ante ella. Pero sobretodo lo que consiguió inundarla fue la compasión. Se formaba un torbellino de emociones en su pecho, los nervios por ser descubierta, el temor a ser una impostora, la posible culpa por haber retirado a la anterior Diana de ese mundo de algún modo… Y a pesar de todo, su gesto seguía siendo amable, compasivo y sereno. Sabía que lo más complicado de las situaciones difíciles era mantener la bondad presente, y esa era su lucha en ese instante.

- No sabes lo que he soportado - Tienes razón- dijo firme mientras notaba la piel del castaño bajo sus dedos. -Siento no poder ofrecerte comprensión- Entonces el latido se compartió, sincronizando con él el corazón de la amazona, que sonreía con esa agradable sensación vital.

Pero el titileo dorado la distrajo, haciendo que buscase su origen con la mirada por un breve instante y luego buscase la mirada del hechicero. No parecía ofensivo en absoluto y aunque así fuese, si por rendir piedad a un hombre herido debía sacrificar algo, estaba dispuesta. Lo que no pudo contener fue la ceja que arqueada en un gesto de confusión buscaba una respuesta en el mago. No la obtuvo, pero tampoco quiso presionarle. Su corazón prefirió centrarse en lo hermosa que era la ejecución de su magia más allá de las capacidades que estas pudiesen tener para herirla.

Escuchaba sus palabras, alimentándose de los datos que Arion dejaba en el aire según se formaba su discurso. Cierto era que ella iba a ciegas, que no le conocía, pero tampoco le importaba. Con tan solo dos vistazos a sus iris verdes ya había sentido que debía y quería conocerle, así que para ella, sin perder lo que era realmente importante de la conversación, tomó su relato como un regalo de confianza. A pesar de su pausa, no le quiso interrumpir.

El silencio y la inacción de la amazona fue lo que la acorraló. Lo que dio pie a que el mago delatase su situación. Como si fuese mortal, un potente rubor se apoderó de ella e hizo que cerrase la mano ligeramente, dudando y recuperando los nervios y la tensión que creía haber abandonado. Permaneció en esa posición unos segundos y tragó saliva. Sin duda, sólo había una opción.

Negó con la cabeza.

- Lo lamento… Pretendía llevarlo lo más lejos posible para que te sintieses en compañía de alguien…conocido- bufó una sonrisa triste mientras derramaba su arrepentimiento, dejando que su propia mano cayese sobre el vestido en el muslo. Notaba cómo la vergüenza abandonaba el cuerpo del atlante para invadir el suyo poco a poco, como una ola revoltosa que la inquietaba. A pesar de que el hechicero estaba dolido por el engaño, sabría que la Diana que tenía delante no había fingido en ninguna ocasión de su encuentro. La preocupación, las opiniones, el cariño… todo eso era real. También lo sabía -Parece que no soy tan buena actuando como pensaba, mi madre estaría decepcionada- suspiró por la nariz para luego, volver a la seriedad que creía pertinente.

-Me marcharé si es lo que quieres, lo comprendo, pero antes… deja que te cuente algo- rogó mientras clavaba su vista en los reflejos del agua para contar la historia que tenía en mente. Aprovechaba también esa distracción para evitar la mirada esmeralda de él, que ahora sabía la verdad. -Creo que la cultura atlante y la mía deben ser más distintas de lo que pensaba… Por nuestra parte, Esopo dejó atrás una de mis fábulas favoritas- La amazona aclaró su garganta antes de comenzar la narración. - Un águila sobrevolaba los cielos de un peñasco mientras vislumbraba una madriguera de conejos en la que poder cazar. Estaba tan concentrada en no perderse a los gazapos que no reparó en el arquero que la observaba desde la maleza. El hombre disparó una de las flechas hiriendo de gravedad al águila. El ave, al observar la flecha se percató de que estaba decorada con sus plumas. Antes de caer, pensó “Qué tristeza tan grande… ser alcanzada por un arma que porta mis propias plumas”.- sólo cuando terminó, los ojos azules se reencontraron con los suyos - Tristeza, Ahri’ahn… No vergüenza. Utilizaron en tu contra tu misericordia, tu heroísmo y tu piedad. La solidaridad que hizo que entrases sin dudar a rescatar a alguien que te necesitaba… los ojos de Diana trataban de ver más allá. Si debía despedirse de ese hombre por haber intentado engañarle, quería llevarse todo lo que pudiera de él. - Pagaste con tu cuerpo y casi con tu vida lo que no quisiste pagar con tu honor. Y no hay nada de vergüenza en ello-

Respiró hondo mientras disfrutaba de la imagen del hechicero al reflejo del agua y apoyó las manos en la piedra, dispuesta a levantarse para dejarle solo, como pensaba que quería estar, con la paz que tanto le había costado recuperar.

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MensajeTema: Re: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime3rd Enero 2022, 19:25

Cuando su mano se apoyó en la piedra, la del atlante se posó sobre ella, de manera suave pero firme, obstaculizando el proceso de ponerse en pie.

- No, Diana, quédate -le pidió-. Me has malinterpretado -sus orbes verdes buscaron los profundos océanos de la amazona-. No me siento herido, traicionado o engañado. Entiendo más de lo que puedes imaginar y, en el escaso tiempo que llevas aquí me he sentido más entre amigos de lo que me he sentido en todo un año en la Liga de la Justicia. Siéntate, por favor, y deja que te cuente yo una historia, una no tan conocida como la de Esopo pero tan antigua como el tiempo: la del extraño en tierra extraña.

El mago aguardó hasta que la amazona se hubo acomodado de nuevo y tuvo una vez más su atención para continuar:


- Hace 145.000 años, en los albores de la primera Atlántida, nació un niño -Arión extendió una mano de delicados dedos sobre el agua, y una imagen comenzó a formarse en el reflejo del estanque, la de una antigua pirámide. Junto a ella, había un hombre de tez oscura y ropajes que recordaban a la extinta cultura maya. A su lado caminaba un hermoso joven de cabellos castaños-. Era el hijo del mayor hechicero de su época, y desde su nacimiento ya vino cargado con una gran responsabilidad: algún día, tendría que salvar el mundo a costa de su vida.

El mago alzó la mano y la imagen del reflejo se elevó con él, formando una estructura en tres dimensiones conformada por centelleantes gotas de agua que fluían hasta crear una ilusión de movimiento. Pronto, las imágenes se sucedieron, como si se tratase de una película, mostrando diferentes escenas de la vida de aquél niño.

- El momento llegó cuando contaba tan sólo diez años -prosiguió el mago, cuando las imágenes pasaron a mostrar a una exhuberante hechicera egipcia en el proceso de realización de alguna clase de ritual-, y tuvo que sacrificarse para detener el cataclismo que estaba provocando su propia madre.

Géiseres de agua brotaron del estanque como si se tratara de explosiones de lava, y las gotas que caían en torno a las imágenes que mostraban a los dos hechiceros adultos luchando eran como lágrimas de fuego ante los ojos de la amazona. El niño se arrojó entre los símbolos de poder del ritual, provocando que éste colapsase y el pequeño cuerpo se desintegró en un sinfín de diminutas gotas perladas que quedaron mágicamente suspendidas entre los dos.

- Pero su padre, en un último esfuerzo -la mano del mago se cerró en un puño, y las gotas que se habían esparcido a los cuatro vientos se condensaron hasta formar una resplandeciente esfera-, logró salvaguardar su esencia vital en el corazón de una estrella hasta contar con el poder suficiente para hacerlo resucitar en un cuerpo nuevo. Tuvieron que pasar 100.000 años hasta que el niño tuvo la oportunidad de volver a nacer -Arión abrió su mano de nuevo y, de la esfera, emergió la figura reducida de un hombre adulto, aunque el hecho de estar compuesta de agua hacía imposible identificar los rasgos-; y, cuando lo hizo, ya no estaban ninguno de los que él conoció, y, a causa del trauma de la resurrección, no conservaba ninguno de sus recuerdos. Tuvo que aprenderlo todo de nuevo, empezar desde cero. Nuevos amigos, nuevos amores... viejos enemigos...

Del agua emergieron varias figuras: un corpulento hombre indio, una guerrera asiática, otro hechicero...

- Ésta vez el joven tuvo ocasión de vivir toda su vida... y lo hizo lo mejor que pudo... Con sus éxitos... -en el estanque se formó la imagen del joven hecho de agua entregando su poder a un sol moribundo-, y sus fracasos...

Elegantes pináculos se alzaron del agua, conformando la silueta de una estilizada ciudad que brillaba al reflejar la luz mágica de la estancia, pero, entonces, se produjo un maremoto que la destruyó por completo, enterrándola en el fondo del mar.

El mago suspiró y dejó caer la mano, y el estanque volvió a quedar en calma.

- Vivió toda su vida, una vida muy larga, pues era inmortal... Hasta que, 45.000 años después, finalmente encontró su fin a manos de otro hechicero más poderoso que él... Pero antes de morir había tenido una visión, una en la que el mundo se enfrentaría a una gran catástrofe, una gran destrucción... Una que sólo él podría detener... Pero también sabía que su muerte era inevitable. No se podía quebrantar la voluntad de las parcas. Así pues, urdió un descabellado plan... Y dejó instrucciones a sus acólitos para que, tras su muerte, viajaran al pasado y trajeran a una versión suya más joven al momento presente...

Sus orbes verdes volvieron a encontrarse con los de la mujer, y era una mirada triste, pero repleta de calma, serenidad y aceptación.

- Supongo que a estas alturas ya debes saber quién era el joven de la historia, Diana... Y por tanto también debes saber que yo no soy quien todos creen. La gente me mira y piensa que soy la versión más mayor de mí mismo, el hombre que supo acumular 45.000 años de experiencias y conocimiento. El hombre que luchó junto a Arthur Curry en la Liga de la Justicia de Atlantis. El hechicero inmortal de infinito saber. Pero sólo soy yo... el hechicero inexperto al que trajeron del pasado. El extraño en tierra extraña que apareció de repente en un mundo que le dijeron que tenía que salvar sin conocer nada, ni a nadie... Así que ya ves... tenemos más en común de lo que podrías creer -dijo, y su mano se posó suavemente sobre la de la mujer-. Yo tampoco soy el Arión que todos conocen, soy... otra versión de él, y estoy aquí para reemplazarlo, para bien o para mal, porque el otro Arión murió. Y tú has venido aquí para reemplazar a la otra Diana, para bien o para mal... Y no sabemos lo que le ha ocurrido a ella, pero tengo más que claro que no fue culpa tuya... Sé cómo te sientes. Cuando aparecí en ésta época sentía que éste no era mi lugar, que no encajaba... No comprendía éste nuevo mundo tecnológico, ni todos los adelantos de esa extraña secta a la que denominan "ciencia", y, una y otra vez, me sentía excluido. El rey de Atlantis no era el rey al que había jurado lealtad... Y no conocía a los que se suponía que debían de ser mis compañeros. En realidad, Diana... Creo que es la primera vez en todo éste año en el que me he sentido realmente afín a alguien... Eres la primera con la que no me he sentido fuera de lugar. La primera que me ha hecho sentir aceptado... Quizá porque, precisamente, los dos somos... extraños en tierra extraña.

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MensajeTema: Re: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime20th Mayo 2022, 22:04

A la amazona le sorprendió notar el contacto de la mano del atlante sobre la suya. Se frenó en seco y dedicó una mirada a sus profundos ojos, recuperando la postura, pero sin mover la mano para no ahuyentarlo. Entrelazó los dedos con los de él para que se sintiera más recogido a lo largo de su historia y desvió la vista al agua una vez comenzó a narrar su historia.

Diana escuchó con atención mientras sonreía por la hermosa manera de contar el relato, por cómo había aprendido a hacer arte con su magia. La sonrisa de sus labios dejó atravesar esa emoción. No abrió la boca en ningún momento. Su concentración estaba en la historia y en cómo la contaba. Su rostro dejó ver instantes de piedad, de tristeza, de empatía y comprensión… No sabía cuándo pero sus manos se habían separado, aunque pronto, cuando él terminó la historia, la volvió a juntar. Ella la recibió y la llevó a sus labios, dejando un beso sobre sus nudillos cansados. Por lo visto había más soldados de otro tiempo en ese mundo de locos…

- Tal vez tengas razón, Arión de Atlantis… Tal vez no pertenezcamos a este mundo. No creo que nadie sienta que lo hace…Nunca sabemos qué nos deparará el destino.- Los ojos de Diana se separaron de los del hechicero y se perdieron en el agua esta vez, como si ella pudiese ver una historia que el mago no. Sonrió con melancolía - Pero somos supervivientes. Somos guerreros… Prevalecemos pese a todo.- Volvió a buscar sus intensos ojos verdes, ahora cansados - Y sería muy injusto culparnos por el modo en el que lo conseguimos. Los años no te han tratado bien a pesar de cargar tantos a tu espalda. Cualquier otro hombre hubiese perdido su cordura y su voluntad en tu situación… - estiró una mano para colocar un mechón tras la oreja del castaño - Debes prometerte que dejarás de castigarte con la culpa, el fracaso y la vergüenza. El mundo te debe muchos favores Arión.. Y la derrota no es sino una forma de recordarnos nuestra humanidad…- la misma mano que le colocó el mechón ahora le levantaba el mentón con orgullo - A veces a los seres poderosos se nos olvida.- No había vanidad en sus palabras, ni siquiera ego. Simplemente una dura verdad que sólo aquellos de gran poder comprendían en el interior de sus huesos. La soledad y la responsabilidad de cargar con el peso del mundo.

No despegó la vista de sus ojos, le hacían sentir reconfortada y comprendida. Desde que llegó había estado intentando cumplir un papel autoimpuesto y solicitado que no terminaba de comprender. ¿Qué hacía allí ¿Qué había sucedido con la anterior Diana? ¿Cómo podía ayudar a ese nuevo mundo? ¿Cómo podía regresar al suyo…? Todo este tiempo había pretendido un papel para que ese mundo no notase carencia y aunque sabía que debía cumplir ese deber le hacía sentir inmensamente vacía. Pero el atlante fue la primera persona en conocer su secreto abiertamente y lejos del enfado o la ira, la había aceptado y querido aún más por ello. Eso explicaba el calor que sentía la amazona en el pecho.

- Podríamos… no, creo que deberíamos hacer una promesa.- La mano que había rozado al atlante se extendió, como para sellar un pacto - Seguiremos aquí, luchando por el mundo en el que hemos sido colocados… pero nunca nos mentiremos. No habrá máscaras entre nosotros, papeles a cumplir o normas de compostura… Siempre nos trataremos como lo que somos. Esos farsantes que también se merecen un pequeño rincón donde ser ellos mismos. Si estamos dolidos, lo mostraremos, si tenemos algo que celebrar nos juntaremos y si tenemos miedo nos protegeremos. No por lo que se espere de nosotros… sino porque queramos cuidarnos. Tú a la Diana impostora recién llegada… y yo al Arión joven arrastrado a esta realidad. - Le miraba a los ojos con determinación y cariño. Por un instante le pareció apreciar que el hechicero que tenía delante de sí estaba un poco menos herido.

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MensajeTema: Re: El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019]   El corazón de la Atlántida (Diana de Themyscira) [03/02/2019] Icon_minitime28th Junio 2022, 01:44

Arión pensó en el dolor desgarrador que había sufrido cuando había tenido que presenciar con impotencia el hundimiento de la Atlántida... o cuando Garn había destruido la ciudad de su amigo Wyynde por su culpa.

- Prevalecemos, sí... -musitó, y su mirada cansada rememoró la manera en la que había perdido a su esposa... a todos sus amigos... a su rey... a sus hijos... Esbozó una sonrisa triste-. Hay quien lo consideraría una maldición. Sé que mi otro yo así lo vivenciaba. Y creo que agradeció que Mordru le matara.

Lo cual le recordaba... que posiblemente agradecería que rompiera la piedra para liberar su alma y concederle al fin el tan deseado descanso. Pero todavía no... Aún le necesitaba. Especialmente ahora.

Escuchó en silencio las siguientes palabras de la amazona. No tenía nada que replicar. A él mismo le sorprendía que su álter ego se las hubiera ingeniado para permanecer cuerdo durante tantísimos milenios, aunque había sido a costa de un extenso desgaste que se había manifestado en todas las facetas de su vida y su personalidad. ¿Él también correría el mismo destino? ¿O el hecho de saber en qué se convertiría podría librarle de él?

La mujer tenía razón. El mundo le debía muchos favores. ¿Cuántos sacrificios había hecho ya por el mundo de los hombres? Había sacrificado su carne y su sangre para evitar el cataclismo, y, después, había sacrificado su magia para evitar la glaciación. Había dejado atrás su mundo y todo cuanto conocía para viajar a una dimensión y un tiempo que le eran por completo ajenos para salvar la humanidad una vez más de una supuesta amenaza que aún estaba por llegar, ¿y todo para qué? ¿Para terminar en el sótano de una organización criminal siendo violado y torturado?

La derrota... ¿Cuántas veces le habían derrotado y siempre había terminado resurgiendo? Todas y cada una de las veces había logrado renacer de sus cenizas. Incluso se las había ingeniado para encontrar una manera de recuperar una parte de su poder. ¿Por qué tenía que rendirse ahora? Volvería a recuperar su gloria, como había hecho siempre hasta ahora, y nada ni nadie se lo podría impedir.

- Tienes razón, Diana... me has abierto los ojos -observó la mano que ella le extendía y la estrechó-. No más máscaras. No más mentiras. Hagamos ese pacto aquí y ahora -dijo con una agradable sonrisa-. Siempre podrás contar conmigo. Aunque no ahora, por desgracia -deslizó su mano de entre los dedos de ella para volver a reposarla en su regazo-. Estoy demasiado débil como para poder ser de ninguna ayuda, pero te prometo que en cuanto me haya recuperado investigaré sobre el fenómeno Omega y te transmitiré toda la información que pueda recopilar. He conocido también a otros magos de enorme sabiduría y poder y creo que entre los tres podríamos llegar a alguna conclusión para lo sucedido.

Incorporándose con cuidado, acompañó a la amazona hasta la puerta, apoyándose en el dintel con un gesto de dolor. Le costaba enormemente moverse sin que las heridas se le abrieran de nuevo.

- Diana... me ha alegrado verte -le dijo con sinceridad-. Espero que podamos repetir ésto más a menudo. En el tiempo que he pasado en Omega compartí muchas misiones con tu álter ego, pero nunca llegué a conocerla realmente. Siempre hubo como una barrera que nos separaba. Me gustaría mucho que eso fuera diferente entre nosotros.

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