Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Prueba de Rol de Fairchild.

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Koriand'r
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MensajeTema: Prueba de Rol de Fairchild.   Prueba de Rol de Fairchild. Icon_minitime26th Junio 2016, 14:10

Si Grudge hubiera estado ahí, se estaría quejando del frío, del hambre y del cansancio. Roxy lo mandaría callar, sólo porque la ausencia del cigarrillo en los labios la hace estar tan nerviosa como su compañero. Sarah… Sarah intentaría mantener la calma, pero probablemente acabaría cediendo a la presión y les mandaría callar, y Bobby intentará reconciliar a todos… porque sin importar las apariencias, Bobby tiene un corazón de oro.

Bueno, él y todos, a decir verdad. Pero no estában. Ni podía escuchar sus voces, ni sentir sus presencias. Esa vez se había quedado sola. Y aunque cualquiera en su situación podría pensar que la sensación de asfixia se debía a la soledad que sentía, la realidad era algo más sencilla. Caitlin Fairchild se encontraba agazapada en el interior de unos conductos de ventilación en el interior de un laboratorio — cosa bastante excepcional para alguien con su constitución y envergadura — pero que hasta cierto punto había sido posible, gracias a la enorme capacidad de la ventilación que tenían los grandes laboratorios de bio-genética experimental.

Y este en concreto, parecían trabajar con unos sujetos especialmente grandes.

No era la primera vez que Cat se veía separada de sus amigos. Pero era la primera vez en que no había un paso previo, un conocimiento de qué había sucedido. Incluso cuando se vió arrastrada a un viaje al pasado, tenía al menos una referencia de cómo volver, una pista que seguir, un nombre al que dirigirme. Sin embargo esta vez…


Recordaba un temblor, un terremoto tal vez. Se asustaron, porque estaban en Canadá y se suponía que la disposición de las placas tectónicas lo hacía poco propenso a los temblores naturales. Y que Caitlin, sintió un terrible dolor de cabeza, similar al que había sufrido el día que despertó en ella el Gen… Y perdió el sentido. Despertó en su habitación de la Jolla, completamente sola. Ni rastro del equipo ni de John Lynch, su entrenador, ni de Anna, quien solía mantener el lugar limpio y ordenado.

Y esperó, pensando que algún día volverían, que le explicarían qué había sucedido y cómo había terminado la misión en Canadá. Pero llegó a pasar una semana y nadie puso un pie en la Jolla. Ahí sólo estaba ella. Por suerte, su paciencia terminó antes que la comida, y decidió salir por su propio pie y averiguar qué había sucedido.


Así descubrió que se había producido el llamado “efecto Omega”. La verdadera extensión de este fenómeno todavía escapaba a su conocimiento, y tenía toda la intención de investigarlo a fondo más adelante. Por el momento se había quedado con los puntos más clave para ella;

Que varios mundos habían sido unidos en uno de solo. Que heroes, villanos e inocentes de todas las dimensiones convergen ahora en un único universo. Que varias… Dimensiones paralelas habían sido entremezcladas en una sola, y que se encontraba en el año 2018… Casi 10 años avanzada a su presente. La tecnología y la sociedad habían cambiado mucho… Y los Gen13, no estaban. Bien podrían estar perdidos en cualquier otra parte del mundo, o directamente, no existir en esta “nueva realidad”. La idea pesaba en su pecho como una losa. Y en cuanto había confirmado, en periódicos y revistas, que esta información era verídica, su interés para con el mundo había pasado a un segundo plano. Su interés primordial, era encontrar a los Gen13. Si estaban ahí, les encontraría. Si no… Ya afrontaría esa idea en su momento.

Era más fácil decir qué hacer. En este nuevo mundo, los poderes y las cosas sobrenaturales parecían estar a la orden del día, y seguir las noticias en busca de gente que pudiera volar, o prender fuego a su propio cuerpo, se había convertido en algo hasta cierto punto común. Pero esa dificultad poco iba a hacer para menguar la determinación de Caitlin, o sus esfuerzos por encontrar a los demás. Cuando las noticias resultaban infructuosas, probó de dirigirse directamente a las editoriales de periódicos, intentar contactar las fuentes, buscar ella misma en la raíz del suceso. Cuando esta vía también terminaba en callejones sin salida, decidió entonces intentar acceder en la base de datos de LAPD. Así que un día entró en una cafetería, portatil en mano, y sentándose a tomar un café, forzó la entrada al sistema de cómputo. Sabía que crackear a la policía podía considerarse un delito grave, pero Lynch les había mostrado que en ocasiones, el camino correcto es inviable.

Y su búsqueda la había llevado al otro extremo de California, a San Francisco, en donde según los archivos de la policía, había un laboratorio en el que parecían llevarse a cabo extraños experimentos, aunque la falta de evidencia había hecho imposible investigar a fondo en el asunto. No le hubiera dado más vueltas, de no ser por dos iniciales y dos palabras.


I.O - Tabula Rasa.


Su respiración era pausada, al fin logrando calmarse y centrarse en lo que tenía entre manos. Volver a estar en un laboratorio de Tabula Rasa a bien seguro era capaz de poner todos sus sentidos en alerta. Pero ya no era la joven indefensa que años atrás habían usado como conejillo de indias. Era perfectamente capaz de entrar y proteger a sus amigos. Si es que estaban ahí… Tenían, que estar ahí.

Se inclinó levemente hacia un costado, sus ojos contemplando con atención a través de la rejilla que había a pocos centímetros de su espalda. A la izquierdo había una amplia puerta de metal con un lector de tarjetas magnéticas, para el que probablemente iba a necesitar un pase o algún tipo de identificación. Era una sala amplia, llena de pantallas de ordenadores y miles de botones, por encima de los cuales había un oscuro cristal que dejaba entrever un simple sillón de cuero negro con correas a la altura de las muñecas y tobillos, y una pequeña mesita con agujas, tubos de ensayo y bolsas de suero en lo alto de los atriles. A la derecha había una pequeña mesa, con una máquina de café. Era una sala de observación, y la mesa de control probablemente era utilizada para controlar los simulacros a los que sometían a los niños con los que experimentaban. De nuevo contuvo las ganas de bufar y respirar casi con violencia, pero había un hombre sentado ante las máquinas, y no podía arriesgarse a alertarle de su presencia. Si por ella fuera, rompería la rejilla de la ventilación, y le daría su merecido a ese desgraciado, por atreverse a experimentar con niños… Pero sabía que era más seguro para ellos si no se activaban las alarmas.

Así que siguió esperando, paciente, tumbada en los conductos de ventilación, acunando la idea de volver a ver a sus amigos… Porque tenían que estar ahí, ¿verdad?

Cuando al fin el hombre se retiró, Caitlin intentó retirar el pequeño respiradero que la separaba de aquella sala. Tuvo que tener mucho cuidado para que el acero no se doblara en sus manos como si fuera simple brocado, y se le escapó una mueca cuando se escuchó un crujido metálico al retirarlo de las bisagras y miró hacia la puerta.

No vengas, no vengas, no vengas. — susurró entre dientes, mirando hacia la puerta. Pasados un par de segundos de tensión que parecieron minutos, Cat suspiró y dejó el respiradero en el suelo, arrastrando su cuerpo hasta salir completamente del respiradero y alzarse en la sala. No pudo evitar dedicar un par de segundos a estirar su cuerpo, agradecido de haber logrado salir de ese pequeño agujero. — No todo son ventajas, — se dijo a sí misma, pensando en su cuerpo mientras caminaba hasta sentarse en la butaca ante los ordenadores. — Vamos… que esta sea una de las veces que la lógica gane a la fuerza. Por favor...

El tiempo que pasó tecleando se le hacía impreciso. Pero cuanto más tardaba, más nerviosa se sentía. Y toda esta nueva tecnología no le ayudaba puesto que se sentía ligeramente perdida, incapaz de derivar la clave de las tarjetas y engañar al dichoso aparato para que abriera las puertas. A través del cristal contempló como en la sala contigua entraban dos hombres vestidos con batas blancas, arrastrando a una chica de no más de diez años y procedían a amordazarla contra el sillón.

Miró el ordenador, alzándose con desprecio.

Por la fuerza, entonces.

Cerró los programas activos y la apagó la pantalla, para ir a colocarse junto a la puerta, esperando paciente a que los científicos volvieran a la sala. Esperó, y esperó y cuando finalmente se abrió la puerta metálica, el primer científico entró cabizbajo, con la mirada fija en la carpeta médica entre los brazos. Cuando este finalmente le mostró la espalda, controló su fuerza para golpearle en la nuca, tal y como el señor Lynch le había enseñado, para que el cuerpo del hombre se desplomara inconsciente. No se molestó en sujetarle para que no se golpeara la frente. Estaba enfadada, y esta gente bien se merecía un golpe en los morros.

La puerta se cerró de nuevo, y Caitlin contempló de nuevo el cristal, alarmada. Si sólo había ido uno, ¿que le impedía al otro verla por aquella enorme ventana y dar la voz de alarma? El científico miraba en su dirección… O más bien paseaba la mirada a lo largo del cristal, y finalmente alzó un pulgar. Todos los músculos de su cuerpo se relajaron al ver ese gesto. Tal vez, esa ventana era uno de esos espejos que sólo puedes ver el otro lado desde una de las salas. Soltó todo el aire de sus pulmones en un sólo bufido, pensando en su siguiente paso. Podía forzar la puerta y explorar los pasillos cruzando los dedos para encontrar el camino correcto. O podía aprovechar ese cristal, para beneficiarse del factor sorpresa y pillar desprevenido a ese hombre para interrogarlo antes de que pudiera activar ningún mecanismo de alarma. Con ese pensamiento en mente, caminó hasta el otro lado de la sala, en la que todavía descansaba el respiradero en el suelo.

Entonces arrancó a correr, y se abalanzó sobre el cristal, colocando ambos brazos en cruz ante su propia cabeza, embistiendo la superficie con todas sus fuerzas y sintiendo como éste cedía bajo su peso. Las esquirlas rozaban su piel, incapaces de marcar o herirla, aunque no podía decirse lo mismo de su traje que ahora presentaba jirones de tela verde y morada a la altura de los bazos. Cayó al suelo, y aprovechó la inercia del salto y rodó sobre su propio cuerpo para alzarse de nuevo y alcanzar al científico antes de que este pudiera reaccionar. Asió con fuerza el cuello de su bata y lo alzó tan arriba como su brazo le permitía, mirándole con ira y superioridad.

Espero que no te moleste que te interrumpa. No podía abrir las puertas y pensaba que tal vez serías tan amable de ayudarme a encontrar a alguien. — El hombre se llevó una mano al cinturón y desenfundó una pistola, disparando dos veces en el abdomen a Caitlin. Esta se miró su propio cuerpo, donde las dos balas habían dejado dos quemaduras redondas cerca de su ombligo, antes de quedar aplastadas y caer a sus pies. Cambió de mano y en lugar de sujetar al hombre por la ropa, cerró la mano en torno a su cuello, sujetando su mentón. El científico la contempló como si se tratara de un monstruo, sin poder creer lo que acababa de ver. Irónico, teniendo en cuenta su propia procedencia.

¡Eres un monstruo! ¿¡Qué quieres de mí!? — Caitlin le traspasó con la mirada, guardándose de decir que ellos la habían creado. Si este nuevo mundo tenía algo de bueno, era la pequeñísima, remota posibilidad, aunque fuera temporal, de que I.O no la persiguiera considerandola de su propiedad. Si ella misma les daba esa información, no tardarían en volver a ir a por ella, cosa que sospechaba podía pasar tarde o temprano.

Muy bien tio listo, te lo volveré a decir. Quiero encontrar a alguien. O siendo más específicos, me vas a ayudar a encontrar a alguien. Porque lo vas a hacer, esto no se trata de una opción. — Caitlin tuvo mucho cuidado al ofrecer más presión en torno a su agarre, mirando aquél hombre con odio, intentando demostrarle que contaba con la determinación necesaria para acabar con su vida si él se negaba. El hombre asintió con vehemencia, asustado y dejando caer la pistola a su lado. Con la mano que tenía libre, Caitlin utilizó el atril médico para doblar el hierro entorno a las muñecas de aquél hombre e impedirle así intentar huir. O defenderse. O hacer cualquier cosa que pudiera pillarla desprevenida.

Entonces liberó también a la niña, quien había contemplado toda la escena en silencio y con los ojos muy abiertos. No era ninguno de los suyos, y sintió el primer pinchazo en el pecho. Hubiera deseado que fuera Roxy. O Sarah. O Bobby. O Grudge… Pero esa niña no tenía la culpa. Y no porque no fuera quien ella esperaba, iba a dejarla allí sola. Se agachó hasta tener sus ojos a la misma altura y sonrió intentando transmitirle seguridad.

Voy a sacaros de aquí, ¿de acuerdo? — la niña asintió y Cat se alzó de nuevo, revolviendole el pelo con delicadeza.

Cuando salió de aquella sala de experimentación, el científico caminaba delante de ella, sujeto por el cuello de la bata, y la niña caminaba tras Caitlin, aferrándose con fuerza a sus pantalones. Ese día, iba a ganar la fuerza.

Avanzó decidida, abatiendo a todos los soldados y científicos a su paso, hasta que finalmente se encontraban en un lugar tan familiar que le producía escalofríos. ¿A caso todas las Tabula Rasa que existían fabricaban sus laboratorios iguales? Las diferencias entre esa puerta y la que la había mantenido encerrada junto a los 13 mientras experimentaban con ella, eran tan sutiles que a duras penas se había percatado al verla. El científico canturreo el número de seguridad del panel mientras Cat pulsaba los números en la pared.

Las puertas se abrieron muy lentamente, y sus ojos buscaron en la oscuridad, ávidos de ver un rostro familiar. Y sintió como si sus propias costillas se cerraran en torno a su corazón, que ahora sentía pesado y lento. Casi le faltaba el aire, pero de nuevo se forzó a sonreír. Lo último que necesitaban esos niños, eran ver un rostro arrastrado por la desilusión y la pena.

Y tal como había decidido ayudar a aquella primera niña, dio un paso adelante decidido, sonriendo con energía a aquellos niños. Ellos no tenían la culpa de que no se hubieran cumplido sus espectativas, ni de la sensación de desasosiego que no cesaba de crecer en su corazón, ni de cómo sentía que sus esperanzas de encontrarles disminuía con cada día que pasaba. No, ellos no tenían la culpa, y Caitlin Fairchild estaba resuelta a sacarles a todos de ahí, sanos y salvo. Tal vez, se los llevaría a la Jolla hasta que pudiera localizar a sus padres o familiares, o buscaría otro lugar donde los niños pudieran vivir lejos y libres de las garras de I.O. O tal vez incluso, dejara que se quedaran a vivir allí con ella, hasta que volviera - o no - John Lynch, y vieran qué hacer. Al menos, en la Jolla, podían encontrar un hogar.

Aunque ninguno de ellos era parte de su equipo, y esa soledad seguía amenazando con partirle el corazón.

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MensajeTema: Re: Prueba de Rol de Fairchild.   Prueba de Rol de Fairchild. Icon_minitime30th Junio 2016, 07:23

¡Prueba Superada!


Cuando gustes, puedes postear tu ficha para que la revise Smile

¡Saludos!

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