Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]

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Ersy
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MensajeTema: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime25th Mayo 2014, 05:20

-Aviso: En un principio, si alguien más quiere unirse al post, que me mande un mp para agregarle y editar el titulo, ¿vale?-


---


 La pequeña Ersebeth se lanzó a la aventura armada solamente con la cámara de fotos que le había dejado su madre antes de que ésta decidiese quedarse en casa a descansar tras el viaje. Ersy no podía descansar. Era la primera vez que pisaba Alemania, la tierra natal de su madre, y no podía perderse detalle. Recorrió las calles de Munich sacando fotos a diestro y siniestro, quizás mal enfocadas, si, pero sus fotos al fin y al cabo. Entusiasmada, se mezclaba con la gente a la que no le importaba pedirle permiso para que posasen con ella, flash tras flash. El ambiente festivo ayudaba; el Oktoberfest estaba en pleno auge.

Con información sacada de Internet, la chica se diseñó su itinerario para la semana. Aquel día tocaba el museo de ciencia y tecnología. El autobús la dejó en la misma entrada, donde había un grupo siendo bienvenido por su guía para la visita concertada. Ersy pasó de largo de ellos y le devolvió el saludo a un par de niños pequeños, gemelos, que saludaban a todo aquel que se cruzaba por su ángulo de visión. En cuanto la chica se dio la vuelta, de la mochila que llevaba a sus espaldas sobresalieron unas orejas felinas. Los niños, que las vieron, las señalaron, divertidos, y en cuanto las orejitas recibieron el sonido de sus carcajadas, volvieron a esconderse en el macuto.

Como venía siendo costumbre cada vez que entraba a algún edificio oficial, los detectores de metal de la entrada pitaron en cuanto pasó a través de ellos. El guardia de seguridad se acercó, aunque le costaba desconfiar de alguien que para nada daba el pego de ser un peligro o ir armada. La chica no se molestó cuando le pidió que le dejase mirar la mochila, ni se extrañó cuando lo que encontró fue un ordenador portátil y un peluche de gato. Con toda la amabilidad del mundo, le pidió a la chica que no sacase fotos de la exposición y le permitió el paso. Por fin, estaba dentro.

 Por mucho que ella quisiera, no disponía de los ochos días necesarios para recorrer el museo entero, así que tenía que elegir qué le interesaba más ver y establecer prioridades. Telecomunicaciones, microelectrónica, y lo mejor de todo: informática. De visita obligada era el péndulo de Foucault, del que quedó prendida un rato. Ni se dio cuenta de que, a sus espaldas, las orejas de gato habían vuelto a escaparse de su encierro en la mochila, tan hipnotizadas del péndulo como ella. Volvió a cruzarse con el grupo de turistas de la entrada a la altura del gabinete matemático, donde los dos chiquillos de antes jugaban con un expositor donde se mostraban los entresijos de las ilusiones ópticas. Dos hombres solitarios cuchicheaban muy bajito admirando seguramente en la exposición sobre elementos de maquinaria, y había otro rezagado en una sala en la que ella acabó por accidente: metales. Obtención y transformación.

El tiempo se le había pasado volando, aunque aún faltaba la hora del cierre. El muchacho aún no se había dado cuenta de su presencia, pues estaba ensimismado contemplando una tabla con información colgada de la pared. Ersy se puso a su lado y examinó el cartel también, buscando con ahínco que era lo que le llamaba tanto la atención. Ladeó la cabeza, un gesto que se había convertido en automático cuando no entendía algo, y movió los labios leyendo en silencio la información de los últimos metales descubiertos y donados al museo que se exponían en la tabla. Ya casi había llegado al final de la lista cuando el chico descubrió que no estaba sólo. Lo único que pudo hacer ella fue sonreírle antes de que los halógenos que pendían sobre sus cabezas parpadeasen inexplicablemente antes de apagarse.

Era el preludio de una tormenta que tardaría unos pocos minutos en llegar hasta ellos, un crescendo de voces y gritos que siguieron al primer disparo, que levantó ecos que jugaban en las bóvedas de los pasillos, persiguiéndose unos a otros. Ersy y el desconocido se miraron. Se oían pasos en la galería, apresurados.  Había algo, como un zumbido, que indicaba que algo malo estaba pasando. Se acercaron a la puerta de la sala, contagiados por el mal presagio, andando casi de puntillas. El chico fue el primero en asomar la cabeza al pasillo después de hacerle una seña a Ersy para que esperase.

- Los de seguridad que había en el pasillo se han ido –la informó.

- Eso no es normal, ¿no?

Aguardaron en silencio, sin saberlo, al siguiente estampido, a tan solo unas salas más allá de donde se encontraban. Ersy dio un bote y notó sus propias palpitaciones en la garganta.

- Eso era un disparo –reconoció sin asomo de duda.

- Si, pero desde aquí no veo nada… -se volvió hacia ella –Tu no te preocupes, todo saldrá bien. Seguro que es un simulacro, o…

Un grito desgarrador le interrumpió. Una mansalva de disparos trató de acallarlo en vano, hasta que a su silencio se unieron los llantos. No era un simulacro. El chico hizo el ademán de salir corriendo pero se detuvo cuando la pequeña y delicada mano de Ersy le sujetó por la chaqueta. No parecía demasiado asustada. Lo estaba, claro, pero había algo que la impedía quedarse quieta y gritar auxilio. Oía los llantos. Pensó en los niños con los que se cruzó en la entrada. Con el guardia de la puerta. Con el grupo de turistas de la visita guiada. No podía quedarse quieta y pedir auxilio.

- Tengo una idea para saber que está pasando –le susurró.

El desconocido la miró, escéptico. No era más que una turista más, ¿qué iba a saber ella? Pero siempre había un sitio para los hechos. No hay mejor prueba que esa. Sin dudarlo ni un momento, cogió al chico de la mano y tiró de él hacia el pasillo, guiándole, haciendo memoria del plano que ella había sacado de Internet cuando planeó su visita al museo.

La sala de control de seguridad no quedaba muy lejos. Subieron a la planta superior sin toparse con nadie. Con absolutamente nadie. Los vigilantes que tendrían que estar pendientes de las cámaras y el resto de mecanismos de seguridad se habían desvanecido, dejándose las puertas abiertas. Seguramente, y como corresponde a su función, habrían acudido allí donde habían visto algo fuera de lo normal, una amenaza que requiriese su total atención.

Con total impunidad, Ersy se sentó frente a la hilera de monitores de la garita, soltando la mochila en el suelo, junto a sus pies. En cuanto la bolsa hizo contacto con la superficie, una cabecita de gato asomó. No era exactamente un gato, sino más bien, algo mecánico con la apariencia de un gato, y el desconocido pudo apreciarlo en cuanto la luz se reflejó en su piel metalizada de color marrón con tintes canelas. El robot alzó la vista con sus enormes ojos hacia Ersy, y con voz mecánica que recordaba un poco a la voz exagerada de un niño, dijo:

- ¡Ama! ¿Qué ocurre? ¿Estamos en peligro?

- Tranquilo, Droidcat –Ersy le acarició la cabeza a la máquina como fuera un gato de verdad –Nuestro amigo me ha dicho que estaremos bien –le sonrió con dulzura, con plena confianza en sus palabras. No tenía motivos para desconfiar de él, por norma general, nunca tenía motivos para desconfiar de nadie hasta que era demasiado tarde, y ella le ayudaría si era necesario a cumplir con su palabra.

Tanto Ersebeth como el desconocido contemplaron la imagen que los monitores les daban. Cada monitor era una de las cámaras de seguridad instaladas por todo el museo. Descubrieron cuál era la pieza que iba mal en la sala de aviación. Alguien había reunido a todos los visitantes de aquel día y les había hecho sentarse de rodillas en el suelo con las manos detrás de la cabeza. Otra cámara enfocaba a un hombre armado que no tenía el uniforme del museo. Un par de cámaras del pasillo mostraban otros hombres armados más como el primero, montando guardia. Había cámaras desconectadas, averiadas o a propósito, no podía saberlo. El desconocido resopló por encima de su hombro.

- ¡Tengo que hacer algo! No te muevas de aquí, estarás a salvo.

- ¿Vas a hacerles frente tú sólo? –el desconocido asintió, así que antes de que pudiera llevar a cabo alguna temeridad, Ersy se apresuró a señalar a uno de los hombres armados en una de las pantallas -¿Ves esto? Van a cara descubierta. Si fueran a huir, se preocuparían de no dejar huellas, de que nadie recordase sus rostros –Ersebeth se mordió el labio, muy preocupada –Esta gente… se ha presentado en pleno día, bien armados y sin pasamontañas. No tiene pinta de que vaya a acabar bien…

El desconocido sonrió. Incluso soltó una carcajada que podría sonar algo prepotente.

- Ya me las he visto con tipos así. No dejaré que hagan daño a nadie y les pondré de patitas en la cárcel. Te lo prometo.

No había asomo de duda en su voz. Ni en su postura. Así que Ersebeth, contagiada por la resolución del chico, decidió echarle una mano con lo poco que podía hacer:

- Me quedaré aquí y vigilaré sus movimientos. Incluso podría… ¿tienes teléfono móvil y manos libres? Si estamos comunicados puedo guiarte por el museo para que no te lleves sorpresas desagradables.

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Última edición por Ersy el 12th Junio 2014, 00:33, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime25th Mayo 2014, 16:45

Todo había cambiado. No sólo nosotros, sino la concepción del mundo tal y como lo conocíamos. Tras nuestra pequeña aventura con las amazonas nos explicaron eso de la colisión de universos. Aquello era realmente inquietante. Nuestro mundo ya estaba lo suficientemente loco y desordenado como para encima añadir otro más a la ecuación. Realmente se avecinaba una buena tormenta.

Lo más inquietante fue sin duda la cantidad de gente y seres con enormes poderes que aparecieron de repente ante nuestros atónitos ojos. Nunca dudé de que hubiese más mutantes o gente con poderes como los Abyss. Sin embargo, habían aparecido otros cuyo poder escapaba a nuestro conocimiento, muy por encima del mío, al menos sin tener una buena fuente de alimentación cerca. Seres que de algún modo podían ser considerados dioses o entes espirituales, tan poderosos como para destruir la tierra. Eso sí que me preocupaba enormemente. Yo era capaz de enfrentarme a casi cualquier cosa, y si tenía una fuerte fuente de alimentación cerca, sería capaz de frenar a cualquiera que se me pusiese delante. Pero tenía que contar con que no siempre la tendría, y que en algún momento podían fallarme las fuerzas. Y todo así repentinamente, de la noche a la mañana.

Nuestra pequeña aventura con las amazonas sirvió de muchas cosas. Probablemente la más importante fue la instrucción que recibimos acerca de la nueva situación mundial. Ya no podíamos quedarnos en Europa y punto. Nuestra responsabilidad como héroes recaía en todo el mundo, a pesar de que otros puntos del planeta como EEUU estuviesen atestados de héroes y gente poderosa. Debíamos estar alerta, y más aún tras el incidente en nuestra mansión. Al menos ya conocíamos a nuestro enemigo, y parecía lo suficientemente poderoso y fuerte como para ponernos en un serio aprieto. Debíamos permanecer unidos ahora más que nunca. Además, con la muerte de Lord Rick Tanith estaba algo tocadilla, y aunque no nos lo había contado, tenía la impresión de que últimamente estaba algo más ocupada y cansada de lo normal. Me mantenía cerca de ella siempre que podía. Después de todo, era lo más cercano a una madre o hermana mayor que tenía, y siempre había estado ahí para mí. Ahora era mi turno.

Aquel día, me encontraba en el museo de ciencias y tecnologías de Munich. Desde que acabé la carrera no había vuelto a pisar esa ciudad, y fue una bocanada agradable y placentera de recuerdos. Lord Rick me dejó en herencia un fragmento del metal que me dió los poderes, gracias al cuál había conseguido una especie de poder nuevo. Sin embargo, parecía que ese metal era un elemento totalmente desconocido para los seres humanos. Leo y yo descompusimos parte que encontramos en mi sangre y fuimos capaces de diseñar un prototipo que me encargué de llevar al CERN para intentar sintetizarlo. Allí conocí a Astrid y el legendario Tony Stark. Gracias a ellos conseguimos sintetizarlo, con resultados muy positivos. Astrid dijo que ese elemento era sintético, que no había manera de encontrarlo en la naturaleza. Su postura era fiable, pero decidí lanzarme un poco a la aventura y ver si era capaz de encontrar algo. Si encontraba alguna novedad se la haría saber. Realmente yo llegué a pensar que pudiese tratarse de un elemento extraterrestre, que no se encontrase en la tierra. Pero eso era imposible. Lo descarté casi de inmediato. Por otro lado, cada vez que nombraba algo sobre el metal y que quería encontrar su origen Tanith ponía los ojos en blanco y me decía que no me distrayese de mis tareas. ¿Escondería algo? No, para nada. Simplemente se frustraba cuando había tecnología de por medio.

Pero volvamos al museo, que en seguida me voy por los cerros de Úbeda. Allí estaba yo, mirando todos los materiales y metales extraños que habían existido. La composición de este extraño elemento era única, ningún otro elemento tenía una estructura así. Estaba leyendo uno de los carteles cuando escuché un tímido murmullo a mi lado. Una chica con un pelo rubio platino y unos preciosos ojos azules leía para sí misma el texto. Me sonrió y le devolví la sonrisa con un "hola".

Todo fue muy rápido. En cuestión de segundos la tranquilidad del museo se vio alterada por sonidos de dipsaros y gente gritando. ¿Alguien estaba atracando el museo? ¿Qué pretendían llevarse, piedras y huesos? En cualquier caso, me preparé para entrar en acción. Iba a salir de la sala de los minerales para enfrentarme a quien estuviese allí cuando la chica me agarró por el brazo. Me giré y vi su mirada. No parecía estar tan asustada como lo estaría una persona normal. Era más bien preocupación lo que se dibujaba en ella. Me indicó que la siguiese y llegamos a un cuarto con un montón de pantallas. Allí vimos a los que habían entrado en el museo. Se sentó frente a las pantallas y dejó la mochila en el suelo.

- ¡Ama! ¿Qué ocurre? ¿Estamos en peligro?

¿Qué demonios era eso? ¿Un gato que hablaba? Luego me di cuenta de que era una especie de robot o algo por el estilo. La chica no debía ser mucho menor que yo, y si esa criatura era invención suya estaba ante una geniecilla. Tal vez tuviese conocimientos de ingeniería. Pensé en preguntarle, pero teníamos cosas más importantes que hacer. Si todo iba bien tal vez la invitase a algo para charlar con ella. No todos los días encontrabas a alguien a quien le gustase la ciencia, y quitando a Leo los Abyss odiaban que les hablase de ella.

Decidí salir a enfrentarme a esos tipos. La chica me informó de que iban con la cara descubierta, por tanto no les importaba que les viesen. Seguramente fuesen asesinos a sueldo o alguna rama militar. No me preocupaba, me había enfrentado a seres mucho más peligrosos y poderosos que unos soldados o asesinos a sueldo. Sin ir más lejos, las amazonas. Reí, tal vez demasiado chulescamente, pero en el fondo no me preocupaba. Mi escudo antibalas y mi factor de curación avanzado me permitían sobrevivir a enfrentamientos que para cualquier otra persona resultarían totalmente mortales. Le dije que todo iría bien y que mandaría a esos a una celda oscura y sucia.

- Me quedaré aquí y vigilaré sus movimientos. Incluso podría… ¿tienes teléfono móvil y manos libres? Si estamos comunicados puedo guiarte por el museo para que no te lleves sorpresas desagradables.

No era mala idea en absoluto. Desde luego la chica parecía ser una echada para alante. Además, ¿qué podía perder? Rebusqué en mi bolsillo y le di uno de nuestros intercomunicadores. Eran los que usábamos los Abyss para comunicarnos. A diferencia de unos intercomunicadores normales, los nuestros usaban un satélite de comunicaciones para funcionar, gracias a lo cual el rango de que disponíamos para hacer nuestras llamadas y comunicaciones era mucho mayor que uno normal. Era mejor que un teléfono móvil además, ya que las baterías eran capaces de aguantar varios días sin necesitar recargarlas. Le enseñé cómo se encendían y me dirigí a la puerta. No sé muy bien por qué, pero activé mis poderes, con un rayo que salió de mi pecho y se dirigió hasta mis manos de color azul. Sonreí.

- Ya que vamos a trabajar juntos, será mejor que sepas de lo que soy capaz. Soy un mutante, capaz de manejar la electricidad a mi antojo. Por eso no me preocupan los tipos que van a haber ahí fuera. Será un paseo. ¡Ah! Casi se me olvida. Puedes llamarme "Positrón".

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime26th Mayo 2014, 04:07

El chico estaba preparado para todo. Ersy nunca se hubiera esperado que tuviera un intercomunicador personalizado como aquel, bastante avanzado para lo que liberaban las grandes compañías de telefonía y tecnología. El desconocido le explico su funcionamiento, en cuya sencillez radicaba la eficiencia. Por si eso fuera poco, incluso hizo una demostración de lo que era capaz de hacer. Jugó con la electricidad que salió de su cuerpo sin recibir daño alguno, y la chica quedó extasiada.

- Ya que vamos a trabajar juntos, será mejor que sepas de lo que soy capaz. Soy un mutante, capaz de manejar la electricidad a mi antojo. Por eso no me preocupan los tipos que van a haber ahí fuera. Será un paseo. ¡Ah! Casi se me olvida. Puedes llamarme "Positrón".

¡ Un superhéroe! ¡Como en las películas! Los ojos de Ersy brillaron tanto como el chispazo con el que jugó Positrón. Sólo había alguien en la sala a la que no le gustó ese movimiento. Droidcat, el robot gato, saltó del interior de la mochila a las faldas de su ama, bufando al chico. Su ama le acarició la cabeza, y el robot se calmó un tanto. La chica, abrazándolo, lo dejó en el suelo.

- ¡Salvemosles, Positrón! -dijo con total convencimiento -¡No consentiremos que se salgan con la suya!

Positrón se puso en marcha sin mirar atrás. Ersebeth hizo lo propio. Con el intercomunicador sobre la mesa, acechó a los malos. Llevó a Positrón por los corredores en donde no se veía ni un alma. De vez en cuando le veía en el monitor. Gracias a eso, pudo avisarle de un par de encontronazos que pudo esquivar a tiempo. Los secuestradores no eran conscientes de lo que se les venía encima. Le faltaban pocos metros para llegar a la sala donde estaban los rehenes, fuertemente custodiada.

Mientras se devanaba los sesos buscando una manera de entrar que no pusiera en peligro a los rehenes, Droidcat tiró de la tela de su pantalón un par de veces. Ya le había tirado antes, mientras guiaba a Positrón y no le había prestado atención. Pero volvió a hacerlo dos veces más, con más ahínco, con más insistencia. Hasta que no podía seguir obviándole:

- ¿Qué quieres, Droidcat? ¿Qué pasa?

El androide señalaba, nervioso, hacia la puerta de la sala donde estaban. Estaba entreabierta. Ersy recordaba que Positrón la cerró trás él cuando se marchó. ¿Qué hacía abierta entonces…? Seguro que la mano que surgió de su espalda y le cubrió la boca para que no gritase sabía algo...

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime26th Mayo 2014, 10:49

Una vez más, "Positrón" entra en acción. Esta vez con una chica que me echa un cable. Pero una nueva, no era Tanith. Ella se quedaba donde las cámaras y me informaba de dónde tenía que ir y demás. En cualquier caso, ¿quién toma rehenes en un museo? Cada día la gente está peor. Preferí esquivar a los guardias para no alertar a los que estaban en la sala principal con todos los civiles. No era la primera vez que estaba en un rescate de civiles, y sabía que no era la última. Pero las otras veces los que habían tomado a los rehenes no estaban tan preparados ni parecían tan profesionales como estos. Además, también contaba con la policía que solía servir de distracción, poniendo nerviosos a los delincuentes, y permitiéndome a mí entrar y rescatar a los civiles.

Con sencillas señas e indicaciones, me movía por el museo silenciosamente pero en alerta. Me sorprendió la naturalidad con que la chica se había tomado mis súper poderes. Por regla general, la gente solía flipar un poco, a menos que ya hubiesen visto algo así antes. En Ginebra de todas formas ya no les sorprendía. Me conocía, pues yo era su cuidador y su guardián. Muchas veces me vitoreaban incluso cuando cometía algún tipo de heroicidad. Tal vez esta chica hubiese interactuado ya con otros mutantes o personajes con poderes. O quién sabe, lo mismo ella era una súper heroína pero se lo había guardado. Desde luego la cara que tenía no era de villana, eso seguro. Si era una villana entonces sería de esas psicópatas que les encanta tener caras de buena y demás para desconcertar todavía más a sus víctimas. Este último pensamiento me dio un escalofrío.

Ya estaba en el pasillo principal que llevaba hasta la gran sala con los rehenes. Había dos tipos paseandonse ante la puerta. No parecía haber ninguna manera de entrar sin ser visto. Tenía que dejar fuera de combate a esos dos. No sería muy difícil. Un par de descargas harían el trabajo. A menos claro está que uno de ellos tuviese poderes. Eso podía complicar las cosas. Si los que estaban junto a los civiles se veían en peligro podían cometer una estupidez. Bueno, en realidad no creía que estos fuesen los típicos que se asustan o achantan ante un ataque, sino más bien de los que tienen la sangre fría como para ir matando a los rehenes uno a uno. Me apoyé en una pared y hablé por el intercomunicador.

- Vale chica, tú mandas. Estoy en un largo pasillo que lleva hasta la sala de los rehenes. Hay dos tipos que montan guardia. Creo que puedo dejarlos fuera de combate antes de que tengan tiempo de avisar a sus compañeros. ¿Qué ves tú?- No le había preguntado cómo se llamaba. Lamenté el hecho ya que llamarla "chica" no era lo que se dice lo más cortés del mundo. Esperé en silencio, sin obtener una respuesta.- "Rubita", ¿me has oído? ¿Crees que debería intentar dejarlos fuera de combate?- Silencio total.- ¿Hola?

Genial. Una de dos, o la chica no se enteraba de nada o alguien había entrado en la sala de las cámaras. Me decanté por esto segundo. "¡Qué estúpido he sido!" pensé. La sala de las cámaras sería lo primero que intentarían controlar para tener todo el museo vigilado. Suspiré. Los primeros ecos de las sirenas de la policía resonaron a lo lejos. El tiempo se me agotaba, pero no podía dejar a esa chica a su suerte. Ella había querido ayudar, y yo tenía la obligación de rescatarla.

Me giré y vi una cámara a pocos metros sobre mí. ¿Qué debía hacer? Si había un tipo en la sala de las pantallas y rompía las cámaras no podría verme llegar, pero también nos dejaría a ciegas para después. "Al cuerno, fuera cámaras", y con un rayo fundí la cámara. El pequeño piloto rojo que tenía se apagó y un pequeño humillo salió de esta. Cautelosamente y siempre mirando desde las esquinas fui poco a poco rompiendo todas las cámaras que encontré en mi camino. Ya poco me importaban los soldados. Dejé fuera de combate a un par con una silenciosa descarga y escondí sus cuerpos para evitar una alarma. Ya casi había llegado a la sala, la tenía a pocos metros. Me paré a escuchar en la puerta. No se oía nada. Ni un sólo sonido. Tenía dos opciones, o entraba con una fuerte patada o silenciosamente. La segunda opción me parecía más peligrosa, ya que si entraba silenciosamente y de repente el tío me pillaba podía matar a la chica al verse amenazado. Si entraba dando un portado anticiparía mi entrada y seguramente me amenazaría con matarla. Todo eso suponiendo claro está con que hubiese alguien a parte de la chica tras esa puerta. Me puse delante de la puerta y la abrí con fuerza.

- ¡"Cariño", ya estoy en casa!

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime26th Mayo 2014, 15:34

Droidcat quería hacer algo, pero su ama con una sóla mirada le dejó claro que permaneciese escondido debajo de la mesa sin hacer ruido de momento. El secuestrador no se dejó ver en ningún momento ni soltaba a la chica. Tampoco le importaba si su agarre le hacía daño, así que Ersy no se quejó. Ponerle nervioso podría empeorar las cosas. Sin decir una palabra, Ersy se dejó llevar. El secuestrador se quedó un rato escudriñando las cámaras. Ersy las miró por el rabillo del ojo, temiendo que hubieran descubierto a Positrón. Uno a uno, los monitores se iban apagando. ¿Los estaba apagando el tipo? Desde su ángulo, Ersy no podía saberlo, pero aquello confirmó sus temores.

Iban a montar una masacre con los pobres que tenían encerrados en la sala de aviación y ella no podía hacer nada. Se revolvió un poco, aunque eso solo sirviera para que la presa apretase un poco más y la zarandease. El secuestrador se fijó por fin en el transmisor que había estado usando. No tenía los conocimientos necesarios para conocer sus entresijos, así que en teoría no lo haría funcionar.

- ¿Qué demonios es esto? -se lo enseñó a la chica sujetándolo por los bordes -¿Es un teléfono? ¿Has llamado a la policía?

Ersy se quedó callada. ¿Qué le iba a decir? No podía permitir que diera con Positrón. Si lo hacía, estaban todos perdidos.

- ¡Te he hecho una pregunta!

Volvió a zarandearla. Sin embargo, la chica seguía en sus trece. No delataría a Positrón y haría cuanto estuviese en su mano para salvarles la vida a los rehenes. Aunque ello significase…

 - ¡”Cariño”! ¡Ya estoy en casa!

 - ¡Positrón!

Con él entró un rayo de esperanza que no se apagó ni cuando Ersy notó el frío metal del cañón del arma del secuestrador en la sien.

- ¡No des ni un paso más! -le amenazó volviéndose hacia él.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime26th Mayo 2014, 18:37

Tal y como había sospechado. Allí, sujentando con fuerza a la chica, había un matón de esos. Llevaba puesto una especie de traje militar negro, con varios bolsillos bolsillos y cremalleras. Las manos estaban cubiertas por unos anchos guantes, y apuntaba a la joven chica con una pistola. Llevaba un fusil a la espalda. Sabía lo que hacía. Apuntar a la chica con el fusil habría sido demasiado incómodo y con mucha menos movilidad que la pistola. Me amenazó sin separar el cañón de la sien de la chica, quien me miraba sin miedo, decidida. Sin duda alguna, la chica esa ocultaba algo.

Comenzaba el baile. Mi modus operandi era siempre el mismo cuando me encontraba en un uno contra uno. Lo primero, y más importante, no asustar al contrario si hay un civil de por medio. El miedo hace que la gente se vuelva estúpida y por consiguiente cometa estupideces, valga la redundancia. No quería que disparase contra la pobre muchacha. Segundo, buscar a toda velocidad posibles puntos débiles. No tenía ningún tipo de escudo de cristal o madera, y no había nada de metal con lo que cubrirse de mis ataques. Un golpe directo en la mano podía valer para quitarle la pistola, pero descarté la idea por si acaso. Mis rayos salían del pecho, y aunque tardasen menos de medio segundo en alcanzar mi mano y salir disparados, ya era tiempo más que suficiente como para que apretase el gatillo. Además, un calambrazo tensaría sus músculos, haciendo que disparase. Tercero, provocarle. Tenía que conseguir que me soltase información que me fuese últil. Daba igual lo que fuese, cualquier cosa que contase sería de utilidad. Mejor que nada era desde luego. Por último, un plan de ataque. La mejor opción que tenía contra este tipo era provocarle lo suficiente como para que me viese como una amenaza y cometiese el error de volver su arma contra mí. En ese pequeño intervalo podía alcanzarle. Sonreí para mí. Que comience la fiesta...

- ¡Oh vaya, no sabía que tenías compañía querida! ¿Me estás poniendo acaso los cuernos? ¡Qué humillante! Salgo un momento a buscar los sobres de azúcar que me has pedido y aprovechas para meterme en casa a este hombre... ¡YO TE AMABA!- Ambos, el soldado como la chica me miraron totalmente desconcertados. Sus caras mostraban asombro y perplejidad ante mi actuación. Perfecto, el plan parecía ir bien por el momento.

- ¿Hu? -las mejillas de la muchacha se convirtieron en manzanas de lo rojas que estaban.

- ¿De qué demonios estás hablando imbécil? ¿Crees que esto es algún tipo de juego?- El hombre parecía algo nervioso. Era normal, alguien que se toma tan a la ligera la vida de otra persona no puede estar bien psicológicamente. Tenía que conseguir que me viese con una amenaza lo suficientemente grande como para pretender dispararme en vez de amenazarme.

- ¿Sabes? Al principio, cuando he visto un despliegue militar tan fuerte me esperaba a un grupo de valientes soldados y aguerridos hombres... Sin embargo, tus compañeros se han venido a bajo a la mínima de cambio. Me han dicho que la misión se iba a ir al garete y que más les valía no haber ido al museo...- Cebo puesto, ahora tocaba esperar a que lo mordiese tarde o temprano.

El soldado sonrió sarcasticamente.- Vaya, qué lástima. Sin embargo no dejo de pensar que no es más que un farol lo que te estás marcando. ¿Crees que puedes engañarme con vanos truquitos psicológicos?

Bueno, algo era algo. Por lo menos ya sabía que era un soldado especial, no formaba parte del ejército corriente. Una unidad especial o algún tipo de mercenario. Parecía sin embargo preparado para algún tipo de interrogatorio o presión. Pero dudaba enormemente que de alguien como yo. A simple vista no era más que un chaval bajito y esmirriado. Que alguien así se te pusiese chulito generalmente solía descolocar a los criminales, provocando risas y burlas muchas veces, y algunos más estúpidos soltaban información acerca de su plan como si fuesen canarios enamorados. Decidí pasar a la siguiente fase de mi plan.

- Claro, claro, es lógico. ¿Qué puede hacer alguien así esmirriadillo como yo? Bueno, no deberías juzgar a un libro por su cubierta.- Y mientras decía esto saqué con sumo cuidado y muy despacio una pistola que le había cogido a uno de los otros soldados que dejé inconscientes. Registré su traje y encontré una especie de nota donde venía la palabra "Serpiente". Supuse que se trataba de su nombre en clave para la misión, así que decidí jugármelo todo a una carta. Le mostré la pistola de perfil para que pudiese verla bien.- Tu compañero "Serpiente" lo hizo, y no acabó muy bien.-

El malo guardó silencio un rato, evaluando la información que acababa de recibir a bocajarro. Accionó el percutor que hizo un estruendo ensordecedor en medio de la tensión. Ersy palideció, dando las primeras muestras de miedo.

- ¡¿Qué le has hecho a Serpiente?! ¡¿Qué le has hecho a mi hijo?!- Y ahí estaba, la pistola se desvió hacia mí.

- No le pasa nada, ¡tranquilo! Está bien, tan solo fuera de combate. No soy un asesino.- Entonces lo vi. El pequeño gato robótico estaba debajo de la mesa de los monitores, espectante, preparado para atacar. Tenía la pierna del soldado a tiro, y ahora que me apuntaba pensé que era el momento.- ¿Sabes por qué son peligrosas las serpientes? Porque atacan desde la oscuridad, desde las sombras, con un movimiento rápido y certero, sin que puedas anticipar el movimiento. Por eso es bueno llevar siempre botas al campo, y pantalones gruesos para evitar los mordiscos.

El gato captó la información y la registró como una orden. De un salto mordió al soldado en el gemelo derecho. Este profirió un fuerte grito y su pistola se disparó. Salté hacia él a toda prisa y sujeté su muñeca. Golpeé su cuerpo con una corriente no muy grande para evitar dejar frita a Ersy. Después de todo, ella todavía estaba en contacto con el hombre. Dio un respingo y liberó a la chica que trastabilló. Subí la potencia y a los pocos segundos cayó al suelo inconsciente.

Como una exhalación, la joven se avalanzó sobre mí y me abrazó. Estaba temblando. Droidcat también se unió al abrazo, pero se aferró a la pierna de su ama, fingiendo un llanto.

- ¡Gracias! -me dijo sin soltarse.

Sonreí y de repente sentí un pinchazo en el pecho. La vista se me nubló y me mareé. Ella me miró y preguntó si estaba bien. Se separó de mí y caí al suelo de espaldas. Allí, tendido, empecé a ver todo negro mientras la herida de la bala perdida no dejaba de sangrar en mi pecho, a la altura del corazón.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime26th Mayo 2014, 19:19

- ¡Positrón!

Ersy vió caer a su salvador. Fue testigo de como por salvarle la vida, Positrón perdió el conocimiento. Incapaz de cargar con su peso, le tendió en el suelo. Ni se dió cuenta de que se había manchado con su sangre. Con pulso tembloroso y lágrimas en los ojos, la chica le levantó la camisa para ver la herida. Estaba en muy mal sitio. Buscó sus pulsaciones. Estaban descendiendo demasiado rápido. ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer?...

- ¡Ama! ¡Aaaaah! -estaba contagiándole su inseguridad a Droidcat, que empezó a dar vueltas sobre sí mismo haciendo gruñir sus ruedines.

No era médica, sus conocimientos de primeros auxilios no le iban a bastar.

- Droidcat, llama a las autoridades. Diles lo que está pasando y que tenemos un herido grave.

- ¡Si, ama!

El robot dejó de hablar repentinamente, concentrado en llevar a cabo su misión. Establecería contacto con las autoridades usando un filtro de voz y sin tener que exteriorizar la llamada. La policía y las ambulancias llegarían rápido. Pero mientras tanto, el color de piel de Positrón se volvía macilento. Ya apenas detectaba pulso. Intentó parar la hemorragia con sus propias manos, aun sabiendo que no serviría de nada.

- Por favor, no te mueras, por favor… -le suplicó -Ni siquiera te he dicho mi nombre… ¡Eres un super héroe de verdad! ¡No puedes morir aquí!

- Ya he llamado, ama. Vienen de camino -la informó Droidcat -¿Qué más debo hacer, ama?

- Ni siquiera sé lo que debo hacer yo… -gruesos lagrimones se escurrían por sus mejillas - ¡Esto no tendría que estar pasando! Lo habíamos dejado atrás. Lo habíamos dejado en Nueva York. Esto eran unas vacaciones. Era una semana sabática. ¿Por qué… ?

Algo chisporroteó entre sus dedos y la interrumpió. Cuando bajó la vista, pequeños calambres recorrían la herida de Positrón. Droidcat la apartó de un empujón con su pequeño cuerpecito y se puso en medio en un intento de proteger a su ama.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime27th Mayo 2014, 01:18

Dicen que cuando mueres, toda tu vida pasa ante tus ojos. Que ves un largo túnel oscuro con una pequeña luz blanca al final, y después, lo que haya. Yo creía que después de morir ibas al cielo o al infierno, dependiendo de cómo te hubieses portado durante tu vida. Muchos pensarían que estaba loco o que no eran más que creencias estúpidas de niño pequeño. Pero yo era feliz creyendo en ellas, y muchas veces me ayudaban a tomar decisiones.

Yo había rozado la muerte un par de veces antes de esta. La primera, fue cuando todavía estaba en el orfanato. Una noche, recibí casi diez disparos (me refiero a casi porque en uno de ellos la bala sólo me rozó, haciéndome un corte) y llegué como pude al orfanato. Fue cuando conocí a Sophie como algo más que una simple monja. El factor de curación avanzado se encargó de traerme de vuelta a la vida tras unos minutos bastante malos. La otra vez fue mucho más fuerte, ya que recibí un disparo en la cabeza. Aquella sí que estaba muerto. Pero mi factor de curación consiguió traerme de vuelta a la vida, aunque tardó un poco más. Casi quince minutos.

Os explico para que lo entendáis: además del control eléctrico, poseo un factor de curación muy muy acelerado gracias a que mis células están cargadas eléctricamente, volviéndolas mucho más activas y fuertes, además de tener una constante regeneración de las mismas. Este factor de curación proviene de la electricidad que hay en mi cuerpo. Yo no lo controlo. Cuando mi cuerpo nota que algo va mal, lo cura, como con cualquier persona normal. Sin embargo, en mí ese proceso es mucho mayor, e incluso es capaz de regenerar heridas que serían totalmente mortales para otra persona, como el disparo que recibí en el cráneo. Mi dañado cerebro comenzó a regenerarse y a reconstruirse poco a poco, y tras quince minutos el agujero que iba de lado a lado se había cerrado por completo. Cuando recuperé la consciencia fue la misma sensación que tienes cuando estás durmiendo y parece que caes del techo. Mi respiración fue rápida y entrecortada. El cerebro necesitaba oxígeno con urgencia. Tuve una hora de amnesia. Estaba en medio de un callejón en Ginebra y no recordaba nada. Sólo que la cabeza me ardía y tenía ganas de vomitar. Supongo que si me descargase por completo, por así decirlo, el factor de curación sería más lento, e incluso podría darse la situación de que no apareciese. Afortunadamente para mí nunca me había descargado por completo, y dudaba siquiera que pudiese pasarme.

Esta vez, la bala había impactado en la aorta, partiéndola en dos. La hemorragia fue demasiado grande como para evitar que cayese inconsciente. Ya sólo me quedaba esperar a que mi organismo se pusiese en marcha y arreglase la avería él solo. Podía escuchar en la lejanía a la chica rogándome que no muriese, argumentándose con que era un auténtico héroe y que no me había dicho su nombre. Quería decirle que no se preocupase, que en unos pocos minutos estaría como nuevo. Pero no podía. Su voz se entrecortaba. No sabía si porque estaba llorando o porque ya perdí la noción total de la realidad.

Ante los llorosos ojos de la chica, la herida comenzó poco a poco a dejar de sangrar, y se fue cerrando. Ella se quedó inmóvil, viendo el milagro que estaba sucendiendo ante sus ojos. Esa vez, mi vuelta no fue brusca ni violenta. Sólo abrí ligeramente los ojos y vi a la chica ahí, mirándome con unos enormes ojos azules llenos de lágrimas. Sonrió. Le devolví la sonrisa y susurre de manera casi impercetible.

- Hola... Lamento haberte preocupado. Te dije que estaría bien...- de repente, sentí un punzante y fuerte dolor en la pierna. Eso me devolvió a la vida de golpe y pequé un salto. Allí, el dichoso gato robot me había clavado las uñas en la pierda, tal vez intentando despertarme o que reaccionase. Joder, pues lo había conseguido y la mar de bien.- ¡AAAAAAHHHHHHH! ¡¿SE PUEDE SABER QUÉ TE HE HECHO PARA QUE ME CLAVES LAS UÑAS?!

El gato liberó mi pierna y le dediqué un "gracias" bastante sarcástico. Madre mía qué dolor. Noté una ligera molestia en el pecho. Metí la mano bajo la camiseta y saqué la bala, mandándola por encima de mi hombro como si fuese una moneda. Me volví a la chica cuya mirada era mezcla entre alegría y sorpresa.

- ¡Tachán! ¡Magia potagia! ¡Estoy vivo! A ver, creo que te debo una explicación... ¿Recuerdas que te dije que tenía la capacidad de controlar la electricidad? Bien, también tengo otro poder. Poseo un factor de curación muy avanzado, mucho más que el de cualquier humano corriente. Soy capaz de sobrevivir a casi cualquier herida mortal y regenerar tejidos sin problema, a menos que se trate de un desmembramiento. Para recuperar eso necesitaría una cantidad de energía eléctrica tan grande como la que alimenta este edificio. Sin embargo, una herida de bala como esta, una puñalada, un profundo corte, ser atravesado con una espada o un hierro, fracturas múltiples o roturas de ligamentos y músculos... Soy capaz de curarme de cualquiera de esas cosas. ¿Lo malo? Sucede solo, no puedo controlarlo de ninguna manera. Por eso no te he podido decir nada mientras mi cuerpo se curaba. Siento haberte hecho pasar este mal trago, pero no podía hacer otra cosa.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime27th Mayo 2014, 03:50

Tras el grito y la correspondiente regañina, Droidcat se escondió detrás de su ama. Refugiado en la seguridad que le daba tenerla entre Positrón y él, se atrevió a sacarle una lengua metálica que Ersy no vió. Tras la explicación, de cuya mitad Ersy ni se enteró porque aún no podía creer en el milagro que acababa de presenciar, la chica le abrazó con fuerza. El contacto la cercioró de que si, de que se trataba de Positrón y no, no estaba soñando: estaba vivito y coleando. El proyectil que Positrón se había extraído a sí mismo rebotó contra el suelo un par de veces, tintineando, rompiendo la magia del reencuentro.

 - Gracias por salvarme de ese tipo -Ersy lo miró, tirado en el suelo -No esta muerto, ¿verdad?

 Se acercó al hombre con cuidado y le dió con la punta del dedo índice en el brazo, retirándose rápidamente. El malo no reaccionó. Estaban a salvo de momento. Ersy regresó al lado de Positrón para ayudarle a levantarse. Daba igual que se quejase, ella le ayudaría de todas formas porque aún no se lo creía. La única prueba que tenía de que hacía escasos segundos Positrón había muerto frente a ella era la sangre que le había manchado la ropa.

- Aún no sé ni cómo te llamas, “Rubita” -Positrón rebuscaba algo por la habitación. Arrancó uno de los cables del ordenador y ató las manos del delincuente con él, desarmándolo primero. Así, si se despertaba, al menos no podría hacerles daño.

Ersebeth estaba pendiente de cada movimiento. A la más mínima señal de flaqueza, estaría ahí para impedir que volviera a darle un susto como el de antes.

- ¿Hu? -no había oído bien la pregunta.

- Te he preguntado cómo te llamas.

- Ersebeth -no dudó en presentarse con su nombre real. ¿Por qué no? Le había salvado la vida. Ya si que no veía motivos para desconfiar de él -. Mis amigos me llaman Ersy. Así que puedes llamarme Ersy tu también.

- No es la primera vez que topas con esto, ¿verdad?

La chica, que quería recuperar la conexión de las cámaras, se mordió el labio. Claro que no era la primera vez que veía superpoderes. Claro que no era la primera vez que veía a gente especial. Había caminado entre titanes, había sido la asesora técnica de auténticos hombres y mujeres capaces de tumbar a dioses. ¡La hacían sentir tan pequeña! Con Positrón le estaba pasando igual: se veía tan normal, con tanto camino aún por recorrer… No estaba desprovista de habilidades que poner al servicio de los demás, pero se sentía muy poca cosa en comparación con alguien capaz de regenerarse a sí mismo y usar la electricidad a su antojo.

- He visto “supers” antes, sí -y sonrió esperando que así no hubiera más preguntas sobre el tema -Hemos contactado con la policía, por cierto. También vienen algunas ambulancias de camino. ¿Has conseguido liberar a los rehenes?

- Bueno, pensaba hacerlo, pero al ver que no me respondías decidí venir a ver si estabas bien. Iba a necesitar tu ayuda y además, si había alguien aquí avisando a todos de que iba a entrar me habría chafado la sorpresa.

De todas las sonrisas, aquella fue la más sincera que Positrón pudo haber visto aquel día. Droidcat, ignorante de cualquier sentimiento humano, saltó hacia la mesa de los monitores, toqueteandolos como si armado solo con sus pequeñas patitas pudiera repararlos. Como la imagen no volvía, se tiró al suelo produciendo un enorme cacharrazo del que salió ileso salvo un pequeño mareo. Buscó la torre del ordenador al que todas las pantallas estaban conectadas, desarmó su cola de gato dejando al aire un puerto USB que enseguida conectó con la máquina. El pequeño robot tenía a su disposición la visión de todas las cámaras, las funciones de todos los sistemas. Mientras tanto, la conversación entre Positrón y Ersy proseguía:

- Por cierto, no he podido evitar darme cuenta de que estabas bastante tranquila con todo este tema de mis poderes y demás, al menos el eléctrico, y en seguida me has ofrecido tu ayuda... ¿No me estarás ocultando algo verdad? ¿Podría ser que fueses más de lo que aparentas? ¿Algún poder quizá? -Positrón se acercó a ella lentamente. La mancha de sangre a la altura del pecho, allí donde la bala le había perforado el corazón, le daba cierto aspecto intimidante.

A Ersy se le escapó una solitaria carcajada irónica.

- ¡Ojala! Soy tan normal como esos pobres que están atrapados ahí fuera -se frotó el brazo, incómoda -No es la primera vez que veo a alguien como tu. Y bueno… -añadió en voz baja y sonrojandose -siempre he admirado a la gente como tu, que incluso da su vida por salvar a los demás… Es algo muy noble. ¿Cómo no iba a ayudarte? Cualquiera haría lo mismo -dijo con total naturalidad.

- ¡Aaaaah! -la coletilla de Droidcat les interrumpió, ya conectado y con toda la información correteando por sus venas - Hay un circuito cerrado al que no puedo acceder, ama. ¡Pero tengo todo lo demás bajo control! Tres de ellos están inconscientes seguramente gracias a ese -dijo con cierto deje despectivo hacia Positrón. Ya se sabe lo territoriales que son los felinos, y ver a alguien acercarse tanto a su dueña no le gustaba un pelo -Y hay uno que está en un despacho. Ha acorralado a un señor mayor, ama. ¡Incluso le ha pegado con su arma!

Ersy emitió una exhalación escandalizada.

- ¿Se encuentra bien ese señor, Droidcat? ¿Puedes verlo?

 - Si. Se ha encogido en una esquina temblando de miedo y el otro esta rebuscando por el despacho. ¡Lo esta tirando todo, ama! ¡Aaaah!

Ersy se apretó los brazos y miró a Positrón:

- ¿Qué hacemos?

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime27th Mayo 2014, 21:38

¡Qué clásico! ¿Qué debía hacer, salvar a los rehenes o a un pobre anciano siendo vapuleado? En estos momentos, todo se divide en dos partes fácilmente diferenciables: la primera, lo que dicta la lógica. Es preferible salvar al grupo grande de rehenes. Son más personas, algunas de ellas jóvenes seguramente. Salvar a una sola persona sacrificando a un puñado, especialmente un anciano que ya ha tenido una larga y posiblemente buena vida, es absurdo y estúpido. Pero ahí está la otra parte, la del pensamiento profundo. ¿Qué necesidad hay de atacar a una sola persona anciana y revolver todo su despacho? Que esa persona sea el director del museo, y probablemente quien esté revolviendo las cosas de su despacho sea uno de los cabecillas de la misión.

Tenía, por tanto, dos opciones. La primera, abandonar al anciano a su suerte e intentar salvar a todas las personas de la sala principal; o ir a por el anciano. ¿Qué ventajas tenía esta segunda opción? Como ya había dicho, lo más probable es que quien estuviese rebuscando en el despacho fuese un cabecilla, y por tanto, sabría más de la situación que teníamos entre manos. Además, la policía estaba al caer, y el grupo numeroso de la gran sala estaría distraído con ella. La opción más inteligente era ir al despacho del hombre. Tal vez incluso el propio director del museo pudiese respondernos a preguntas como por qué estaban atacando su museo.

- El hombre que está en el despacho lo más probable es que sea el dueño del museo, y quien está con él uno de los cabecillas. Una misión tan bien organizada no deja que un soldado cualquiera vaya al despacho del dueño del museo buscando algún tipo de papel o de objeto en concreto. Eso sólo lo puede hacer el miembro al mando o su segundo de a bordo.- Me volví a la chica que me miraba con ojos espectantes.- Bueno Ersy, no voy a arriesgarme a que vuelvan a pillarte otra vez a solas, te vienes conmigo. Además, tu robot es quien tiene el mapa del museo, así que te necesito. Pero quiero dejar varias cosas claras: la primera, esto no es como las pelis de la tele, ¿ok? Si tu vida peligra quiero que corras y no pares de correr hasta que estés a salvo, ¿entendido? No quiero que te hagas la heroína ni nada por el estilo. Yo tengo mi factor de curación que podrá salvarme en el caso de que reciba una herida mortal. Pero tú me has dicho que no tienes nada, así que por favor quédate detrás de mí. Si te digo que corras, corre. Si te digo que te escondas, escóndete. Es muy importante también que seamos rápidos y silenciosos, ¿vale? Estos soldados son bastante buenos y no me gustaría que cuando nos vayamos a dirigir a la sala principal sepan que vamos (aunque puede que lo sepan ya). Y en cuanto a ti- Señalé al pequeño gato robótico de la chica quien me enseñó unos pequeños dientes metálicos- necesito que nos vayas guiando hasta el despacho. No disponemos de mucho tiempo, así que pongamonos en movimento.

Agarré uno de los cables que había arrancado para atar al soldado y absorbí algo de electricidad de la pared. Noté como todos los músculos se tensaban y me sentí como nuevo, cargado de energía y dispuesto a pelear. No iba a ser fácil, pero aquellas personas saldrían vivas de allí, pues yo soy Planaria Glámez. Yo soy "Positrón".

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime29th Mayo 2014, 01:17

En cuanto Positrón absorbió la energía del cable, las pantallas se apagaron a la vez, al igual que el ordenador al que estaba conectado el gato robot. Éste se desconectó, colocó su cola felina en su lugar tapando el puerto USB y fue al encuentro de su ama, que se había agachado y le esperaba con la mochila abierta. Droidcat se lanzó literalmente a su interior y sacó la cabecita fuera cuando Ersy se la puso a la espalda.

- ¿Le vamos a dejar ahi? -dijo la chica señalando al secuestrador al que habían reducido minutos antes.

- ¿Qué tiene de malo? Mírale, qué mono y tranquilo está así dormidito… Anda, vamos. -la apremió.

Caminaron a paso rápido por los pasillos, con Droidcat dictándoles el camino. Le había sacado provecho al poco rato que había estado conectado al ordenador de vigilancia, descargándose el mapa  del complejo, las directrices de los sensores y cámaras de seguridad y una relación de las piezas más valiosas de la exposición. Iban azuzando el oído ante la más mínima señal de peligro. Dieron un brinco -al menos Ersy -cuando escucharon las sirenas más allá de los muros. Se imaginó el despliegue policial que se estaría llevando a cabo fuera, donde medios de comunicación ya se habían hecho eco de que un grupo de hombres armados se habían atrincherado en el museo con un buen número de rehenes. Positrón y Ersy no eran los únicos que les oían; los delincuentes también. Sin embargo, el despacho al que iban estaba al lado contrario de la sala donde mantenían retenidos a los rehenes, por lo que ninguno de nuestros dos héroes sabía como se estaba desenvolviendo la policía con ellos.

 El despacho del dueño del museo, como correctamente acertó Positrón, estaba en el ala sur del museo. Toda el ala, de hecho, pertenecía al departamento administrativo del mismo. Fue fácil burlar el control de acceso a la zona, más que nada, porque estaba desierto. Al despacho del director se le anticipaba una sala más o menos amplia, con un par de hileras de cubículos, más parecido a una oficina que a una sala de museo.

En el momento en el que ambos entraban allí, el delincuente que Droidcat había visto salió por la puerta del otro lado de la estancia, justo frente a ellos. Llevaba un walkie-talkie en la mano, cuya estática le precedía y avisaba de su presencia.

- Pantera, ya tengo la llave. Mantén a la pasma ocupada con los rehenes mientras acabo el trabajo.

- ¡Bú! ¡Sorpresa! Bueeeeeno a ver, que tenemos aquí... ¿Robando del despacho? Eso no esta bien, nada bien... -liberándose del desesperado agarre de Ersy, Positrón le salió al paso. Extendiendo la mano hacia el delincuente, añadió -Vamos a hacer una cosa, tu me das la llave esa y yo no tengo que patearte el culo, ¿que me dices?

El otro cortó la comunicación por radio con un chasquido y, sin mediar palabra, apuntó con el fusil a Positrón.

- ¿No te enseñaron que es de mala educación apuntar a alguien? Baja la pistola antes de que alguien salga herido... y no precisamente yo

El delincuente respondió con disparos a las palabras de Positrón, que reaccionó tan rápido como el rayo parapetándose detrás de uno de los cubículos. Ersy, agachada y oculta, se quedó paralizada, sin saber qué hacer. Vió las botas militares del atracador buscando a Positrón allí donde le había visto evadir la trayectoria de las balas. Aguantó la respiración, pero creyó que el sonido de su acelerado corazón le llamaría la atención, descubriría donde estaba…

No obstante, no fue así. Positrón, que había cambiado de escondite hasta otro cuchitril, llamó la atención de Ersy con señas. “Corre”, decía, “sal de la habitación sin que te vea”. ¡Qué más quisiera! Las botas estaban demasiado cerca. Ersy tenía la sensación de que si salía de su escondite, el tipo no tendría más que apretar el gatillo, sin necesidad de apuntar siquiera, para acabar con ella. Positrón debió de leerle el pensamiento, o su debilidad fue demasiado visible, porque volvió a salir. Con sólo escuchar el susurro de su ropa al moverse, el delincuente giró hacia él, pero Positrón fue más rápido. Como si fuera un duelo del lejano oeste, superhéroe y villano hicieron crujir sus nudillos alrededor de sus armas: Positrón chisporroteando electricidad entre sus dedos y el delincuente acariciando el gatillo. Los diez pasos de rigor estaban contados y el duelo alcanzó el momento del climax. Con milésimas de segundo de ventaja, un rayo escapó de las manos del chico y alcanzó en pleno pecho a su contrincante, que salió despedido unos metros más allá y acabó tendido en la entrada de la sala con un par de convulsiones hasta que se quedó quieto, inmóvil. Vencido.

Antes de celebrar su victoria, Positrón registró a su enemigo y se quedó con el walkie-talkie y una llave mugrienta de gran tamaño que llevaba en el bolsillo. No llevaba documentación, así que no podían conocer su identidad. Ersy salió de su escondite para unirse a él y recorrer juntos la distancia que les quedaba para ayudar al dueño del museo, pero en estas que la chica está yendo hacia él, el delincuente usó las fuerzas que le quedaban para apuntar al chico por la espalda.

- ¿Has visto qué fácil? Eso si, la próxima vez que te diga que te vayas, es que te…

- ¡Cuidado!

La escena continuó a cámara lenta alrededor de Ersy, como si no fuera con ella, como si perteneciese a una esfera de realidad distinta. Incapaz de volver a ver la imagen del chico herido de muerte en el suelo, Ersy siguió su carrera hasta ponerse entre él y la bala. Sería más correcto decir que fueron las piernas de la chica las que continuaron con su función hasta interponerse. Se cubrió con el brazo derecho y sólo tuvo tiempo de susurrar dos palabras más antes de recibir el impacto:

- Absorber: Cinética

El proyectil hizo un repiqueteo metálico cuando chocó contra su brazo, aunque tan suave que no fue más que un rumor. La bala cayó intacta al suelo como si nunca se hubiese disparado y la única prueba de que había chocado contra su objetivo era el agujero que había dejado en la manga. La calma regresó, acompañada por la cara de sorpresa de Positrón. Ersy se frotó el brazo bajando la vista al suelo e intentó pasar por el lado de su acompañante para entrar en el despacho como si aquello último no hubiera ocurrido.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime29th Mayo 2014, 13:45

- ¿A dónde crees que vas?- Permanecí cruzado de brazos en el mismo sitio mientras la chica pasaba a mi lado.

- ¿Hu?- Ella me miró con esos ojos medio perdidos y ladeando ligeramente la cabeza.

- Veamos, ¿cómo te lo explico?… ¡Ah, sí! Antes, cuando estábamos en la sala de los ordenadores, te he preguntado si sabías algo acerca de los héroes o de superpoderes, o si tú tenías algún tipo de poder o habilidad especial. Tranquilamente y sin impunidad me miraste a los ojos y me dijiste que no, que no sabías nada y que no disponías de ningún tipo de habilidad especial. Cuán grande puede haber sido mi sorpresa al ver que, de repente, saltas entre el tipo que está ahí tumbado y yo, y paras una bala con la mano… No sé cómo lo verás tú, pero no es algo que una persona corriente esté acostumbrada a hacer. Dudo siquiera que nadie pueda parar una bala así como así a menos que seas Neo el de la peli esa de "Matrix" o algún tarao capaz de controlar el metal. Así que te lo volveré a preguntar: ¿tienes algún tipo de poder o habilidad especial que no me hayas comentado?-

Me daba igual lo que respondiese, yo sabía la respuesta. Sabía que no me había dicho nada acerca de sus habilidades, tal vez por miedo, tal vez por vergüenza, tal vez porque no quería decírmelo. Parecerá una tontería, pero hay muchos seres especiales como nosotros que se sienten avergonzados de tener un poder así. No me preguntéis por qué, yo estoy encantado de tener mis poderes, pero entiendo que haya gente a la que no les guste, especialmente si durante su infancia o adolescencia han sido marginados o tratados de una manera especial por tener esos poderes y habilidades.

- Yo solo... -se mordió el labio y se apretó el brazo con el que había parado la bala. No quiso mirarme a los ojos - No es... un poder o capacidad especial...

Se bajó el cuello de la camisa hasta mostrar el hombro derecho. Allí, en medio de la piel se abría una grieta y se fusionaba con el metal. Volvió a esconderlo lo más rápido que pudo.

- Sufrí un... "accidente" hace un año. No es nada especial, de verdad. No te he mentido. Sólo he actuado como lo habría hecho cualquier otro. ¿Cuando una señora mayor se para en la acera porque el tráfico la asusta no acudes en su ayuda? No necesitas ningún poder para echarle una mano. Esto viene a ser lo mismo.

Le puse la mano en el hombro y la giré hacia mí. Le sonreí.

- ¿Sabes una cosa? Yo no tengo estos poderes de nacimiento.- Mi mano libre comenzó a llenarse de pequeños rayos azules hasta que formaron una pequeña bola eléctrica. Bella, fantasmal, mágica.- Mi padre trabajaba en una central eléctrica muy importante. Cuando tenía siete años, me llevó allí para visitarla. Hubo un accidente y, tras una explosión, caí sobre el núcleo de la central. Mis padres murieron en la explosión, y yo estuve a punto de hacerlo también. El contacto directo con el núcleo metálico me confirió estos poderes, pero el precio fue excesivo. Mis padres no me verán crecer. No sé si tu brazo fue causa de un accidente, pero sé una cosa. Si tienes un poder debes usarlo, para el bien o para el mal. Y no deberías avergonzarte ni ocultarlo, al menos no de mí. Entiendo por lo que puedes estar pasando y que te de miedo usar tu potencial o aprovecharlo, pero posees algo que la gente piensa que sólo existe en las películas o las historias.- Cogí su barbilla y levanté su mirada hasta la mía.

- ¡Que no tengo poderes! -comenzó a replicar. Escuchó la historia entera y podía leer los sentimientos que despertaba en ella en sus ojos - Siento lo de tus padres...

Para ilustrar sus palabras, la chica me abrazó con fuerza. Ahora que sabía de qué estaba hecho su brazo pensé que lo notaría distinto, pero no fue así. Quizás la ropa lo disimulaba. Se separó:

- Sobre mis... "capacidades", llegas tarde -dijo risueña -No son especiales, no es nada que no pueda hacer cualquiera. Pero si con ellas puedo ayudar a alguien, lo hago. Lo he hecho antes de tener esto -señaló su brazo con un movimiento de cabeza -Y lo seguiré haciendo. Es lo que haría cualquier otro en mi lugar, ¿no?

- Yo tengo amigos igual que tú y que yo. Somos un grupo de héroes que luchamos por el bien. Si quieres podrías venirte y ver cómo somos. Tal vez si colaboras con más como nosotros te veas más capacitada para luchar y usar tus poderes.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime30th Mayo 2014, 12:57

No llevaba ni dos días en Munich y ya le llovían las “ofertas de trabajo”. Se suponía que estaba allí de vacaciones, para despejarse de todo lo ocurrido. Ya no podía dar dos pasos en casa sin acordarse de lo ocurrido, pero allí, en pleno atraco al museo, en pleno centro de la acción, Ersy sólo podía decir que sí a la oferta. Trabajar codo con codo con Positrón le había hecho recordar lo ocupada que había estado trabajando para su tío. Lo echaba de menos, ¿para qué iba a engañarse?

- Para hacer eso, antes tenemos que acabar aquí, ¿no te parece?

Positrón asintió. Recorrieron la distancia que les separaba del despacho y allí se encontraron, tendido en el suelo y rayando el shock, al pobre dueño del museo. Tendría cerca de los sesenta años, aunque se mantenía bastante bien para la edad que tenía, algo que Droidcat no había percibido. Su traje de chaqueta se había arrugado, y se deformaba ante su enorme tripa. Ersebeth se arrodilló junto a él para tranquilizarle:

- No se preocupe, señor, la policía ya está aquí. ¿Puede decirme como se llama?

- Max. Me llamo Max -le respondió el hombre. Con manos temblorosas, se sacó un pañuelo del bolsillo con su inicial bordada y se secó el sudor que le caía a raudales de la frente -. Soy el dueño… ¿dices que la policía ya está aquí? Ese hombre se ha llevado mi llave y…

- Hemos reducido a ese tipo, ya no le hará daño. ¿De qué es esa llave? -Ersy ladeó la cabeza, con curiosidad.

- Es la llave de mi taquilla…

Ersy y Positrón intercambiaron miradas. El muchacho sacó la llave del bolsillo y se la enseñó a la chica. ¿Para qué organizar aquel circo sólo por una llave de taquilla?

- Tranquilícese, todo irá bien, ¿vale? -Ersy le ayudó a levantarse.

- ¡Y yo que pensaba que no me podía ir peor en la vida! ¡Como si no fuera suficiente pelearme con mi ex mujer en los juzgados! ¿Hay más de ellos, verdad? Le oí hablar por radio. ¿Cuántos son? ¿Les habéis visto?

Ersy le acompañó hasta su asiento bajo la atenta mirada de Positrón. Sortearon papeles y cristales que había dejado en su búsqueda el tipo al que habían reducido antes y el hombre se dejó caer pesadamente en la silla. Se abanicaba con su rechoncha mano. Ersy se acercó a Positrón para comentarle en voz baja:

- Creo haber visto un dispensador de agua en la oficina. Voy a traerle un vaso para que se calme, ¿vale? Puede que al asaltante se le haya escapado algo mientras registraba el despacho.

 Ersy regresó a la oficina. Cerca de la entrada donde se hallaba inconsciente el ladrón estaba el dispensador de agua que había mencionado. Sin quitarle ojo de encima al delincuente, Ersy cogió un vasito de plástico y lo llenó hasta casi el borde. Regresó junto a Positrón y Max se tomó el vaso de agua como si le fuera la vida en ello. Ersebeth esperó a que terminase antes de interrogarle con toda la delicadeza que pudo:

- Señor Max, ¿le ha herido? Sé hacer los primeros auxilios si lo necesita.

- Sólo tengo el susto en el cuerpo… -el temblor de las manos iba disminuyendo con el tiempo -. Si ya ha venido la policía, esto acabará de un momento a otro. ¿Pero mientras, qué hacemos? ¿No deberían llamar a los ladrones estos para negociar? ¿Deberíamos llamar nosotros al exterior para decirles que estamos bien?

- Ya llamamos nosotros antes de venir a buscarle, y si se ponen en contacto con los atracadores seguramente seremos los últimos en enterarnos.

- ¿Y qué pasará cuando vengan a buscar a su amigo? ¡Aquí corremos peligro!

- Estaremos bien -sin que el otro se percatase, Ersy le hizo un guiño a Positrón -No estamos solos, hay alguien que esta dando buena cuenta de los malos desde dentro. ¿Para qué cree que quieren esa llave? ¿No es más rentable robar alguna pieza del museo en lugar de la llave de una taquilla personal?

Max volvió a secarse el sudor. Positrón empezó a removerse por la habitación contemplando los desperfectos pero sin despegar la oreja:

- ¡¿Y yo que sé?! Supongo que se habrán enterado de lo último que compré en subasta. ¡Puede ser que incluso les mande el sinvergüenza de la subasta!

- ¿Es muy valioso lo que consiguió?

La mirada que le echó el dueño del museo a Ersy habría hecho temblar cimientos. Ella ni se inmutó, achacándolo al trauma que estaba pasando.

- Un clarinete.

Positrón y Ersy se miraron, sin saber muy bien que decir. ¿En serio se había armado todo aquello por un clarinete?

- ¿Pero es… un clarinete especial? De algún personaje histórico, o algo asi.

El hombre negó con la cabeza, aunque tampoco quiso añadir nada más. Sudaba profusamente y se llevó la mano al pecho. Ersy prefirió no molestarle más, por temor a que la presión fuera demasiado para él. Tampoco tenían tiempo para ello. Ya habían salvado a uno, pero aún quedaban el resto de rehenes que a Ersy no se le iban de la cabeza. Así se lo hizo saber a Positrón en petit comite, dejándole espacio a Max.

- Pensarán que ya se han hecho con la llave y el dueño no representará un problema. ¡Tenemos que salvar a los demás antes de que sea tarde!

Si es que no lo era ya. Una voz se coló en la habitación a través del walkie:

- Pantera a Dragón: la policía está alargando esto demasiado, aún no han traído negociador. ¿Nos vamos ya para cumplir la segunda parte del plan?

El tal Pantera esperó la respuesta de su jefe.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime2nd Junio 2014, 23:34

No tenía mucho tiempo para reaccionar. Si el soldado tardaba demasiado en responder se olerían algo y todo nuestro plan de ataque sorpresa se iría al garete. Dejé las cosas que estaba haciendo y me dirigí al soldado que estaba inconsciente. Dejar K.O a alguien con una descarga era muy distinto a reanimarlo. Afortunadamente no era la primera vez que reanimaba a alguien. Le pequé una descarga curativa y el hombre abrió los ojos de golpe. Cogí el Walkie de su pecho con la mano izquierda, mientras que con la derecha le sujetaba el chaleco a la altura del cuello.

- Bien, no disponemos de mucho tiempo, así que iré al grano. Tus compañeros han llamado preguntando por un segundo plan, si lo lleváis a cabo o no. Si no les contestas rápido empezarán a sospechar y nuestro plan se irá un poco a la mierda, hablando pronto y mal. Sé que no eres un mal tipo, pero yo sí lo soy. A mí no me importa matarte aquí y ahora si no haces exactamente lo que te voy a decir que hagas. Así que, ¿vas a arriesgarte a morir por un atraco de mierda? Debes recordar que tu hijo está a unas pocas salas de aquí. No creo que le hiciese mucha gracia que murieses por ocultar algo de información de un tipo o unos tipos que os han contratado y que posiblemente os paguen una miseria... Lo único que quiero es que le digas que todo va bien y luego nos expliques la segunda parte del plan. Si nos delatas o haces cualquier tontería como hablar en clave o algo por el estilo te mataré. Tú decides.- Y le alargué el Walkie. Lógicamente no pensaba matarlo, ni mucho menos. No era un asesino ni nada por el estilo. Pero eso él no lo sabía. No me conocía lo suficiente como para saber de lo que era capaz. Tenía muy poco tiempo de reacción y en esos momentos no sueles hacerte el héroe a menos que tengas algo por lo que morir que de verdad merezca la pena. Sus ojos me miraron y luego al Walkie.
Asintió con un gruñido.

- Aún estoy buscando la llave. El tipo ha intentado engañarme. No creo que tarde mucho. Contactaré con vosotros en cuanto pueda. Corto -enfatizó.

- Buena elección.- Le retiré el walkie de la boca y asentí mirando a Ersy, quien estaba justo detrás de mí.- Ahora me gustaría que me hablases acerca de esa segunda parte del plan… Me gusta saber los detalles de las fiestas para poder disfrutarlas a tope.

Como respuesta, el asaltante escupió. No iba a soltar más prenda que esa. Me miró a los ojos, desafiante.

- ¡Por que el clarinete es algo más que un simple instrumento! -el dueño del museo hizo acto de presencia -. Dicen que es mágico. ¡Y por lo que me costó ya tendría que serlo!

El dueño se calló de pronto, cayendo en la cuenta de algo.

- Un momento... ningún ladrón iba a perseguir esa cosa porque si. Solo unos pocos sabemos lo que vale realmente... ¡¿Quién te ha enviado?!

- ¿No ha reconocido mi voz, en serio? Después de tantos años trabajando juntos…

Por fin, nuestro atracador decidió descubrirse. El dueño del museo estaba pálido, y Ersy miraba a uno y a otro como si estuviera en un partido de tenis.

- No puede ser... ¿"Zoo"? Pero... ¡yo no te contrataría para robar mi propio museo! ¡¿Quién ha sido?!

- ¡Jajajajaja! -rió -No voy a hablar. Y si no veo a mis hombres en menos de 3 minutos, sabrán que algo ha ido mal.

- Verás, creo que no estás entendiendo la gravedad de la situación. Me parece un momento enternecedor y muy tierno el que acabáis de compartir, pero aquí soy yo el que manda. Ya puedes ir soltándome todo lo que sabes si no quieres acabar frito del todo. Ersy- me volví y encontré la atenta mirada de la joven chica.- habla con nuestro querido dueño del museo a ver qué puede contarte mientras nuestro querido amigo el soldado y yo tenemos una conversación de hombre a hombre.-

Corriente comenzó a recorrer mi cuerpo en dirección al suyo y apretó los dientes. Estaba empezando a cansarme ya de tanta historia y tanto misterio junto. Habían pasado cosas muy raras desde la muerte de Lord Rick y nuestro enciento con el maldito Zen ese de los huevos. Menudo imbécil, creyéndose el rey del mundo. Pero yo no estaba para más contratiempos. Había gente que dependía de nosotros allí y este tipo no hacía más que marear la perdiz. Tras dos o tres pequeñas descargas me miró con los dientes apretados y la respiración acelerada.

- ¿Se te ha refrescado ya la memoria o quieres un poco más? Yo tengo toda la corriente del mundo así que no me importa tirarme aquí un minuto más antes de freírte del todo. Tú eliges.- Le miré implacable, serio. Ya no me andaba con rodeos. O lo hacíamos por las malas o aquello podía irse de las manos.

- Nosotros no preguntamos nombres... -estaba al borde de la inconsciencia. extraer cada palabra de su garganta le suponía un esfeurzo extra que le acercaba cada vez más a la oscuridad -. Solicitan nuestra ayuda por teléfono. Usamos un localizador, por si acaso. El de este encargo era el suyo... -señaló vagamente la puerta del despacho -Pero era una voz femenina... -y dicho esto, cerró los ojos. Ya no habría más respuestas.

¿Una voz femenina? Me levanté y empecé a darle vueltas al coco. No recordaba ninguna terrorista ni activista malvada. Y justo tenía que desmayarse el tío. Creía que los soldados de hoy en día eran más resistentes. Una mujer… ¿Qué clase de mujer querría arruinar a un hombre mayor? Podría ser… Podría ser. Entonces recordé las palabras del dueño del museo. "¡Como si no fuera suficiente pelearme con mi ex mujer en los juzgados!". Premio. Me giré justo en el momento en que Ersy entraba a toda prisa por la puerta, y nos señalamos el uno al otro.

- ¡Es su mujer!

- ¡Es su mujer!

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime5th Junio 2014, 13:11

- ¿Has oído alguna vez la historia de “El flautista de Hamelín”?

Sudando como un cerdo, Max le cedió una silla a Ersy y tomó asiento tras el escritorio. Sacó su teléfono móvil, miró la pantalla vacía y lo tiró contra la mesa, frustrado. Sin batería. El aparato se deslizó sobre la mesa hasta acabar en manos de la chica.

- Es un cuento infantil, ¿no? Me suena de haberlo oído de pequeña… El hombre que con su flauta expulsó a una plaga de ratas y cuando no le pagaron, la usó para llevarse a los niños del pueblo hasta ahogarlos en el río. Mi tío, que era quien me lo contaba, le añadía además a cada niño unos zapatos de cemento. Siempre decía que eran los más bonitos -añadió con total naturalidad, ignorando por completo la ceja levantada del otro.

- Pues en resumidas cuentas, ese clarinete es el origen de esa leyenda. Por supuesto que es antiguo, pero no deja de ser un instrumento cuyo valor está en los mitos que alimenta más de lo que él realmente es. No sé si lo entiendes… -la chica asintió con ahínco -. Venderlo en el mercado negro no les serviría de mucho. Y no son muchos los coleccionistas que se interesan por objetos así.

- Ya veo… Reconoció a ese hombre, ¿no? -Ersy trató de recordarlo -¿Zoo, había dicho que se llamaba?

Max gruñó e hizo un mohín. No parecía muy contento con ese desliz, pero parecía que no le quedaba más remedio que contárselo. Total, no era más que una cría que estaba tan atrapada como él. ¿Qué daño podía hacerle? La policía no se tomaría la historia en serio en el caso de que acudiera a ella.

- Niña, ¿tu te crees que los museos viven de la beneficiencia? ¿Tienes idea de la cantidad de obras que hay pululando por ahí, en manos de gente que las robó en el pasado? De eso se trata: de recuperar lo que está en las manos equivocadas y permitir que el público las conozca. No siempre se pueden encontrar en subastas, así que algunas veces, se lo encargamos a profesionales de la “sustracción”.

Dicho así, no parecía tan malo. ¡Qué diantres! ¡No era malo en absoluto! Estaba haciéndole un bien a la comunidad, aportando cultura, historia, ¡incluso ciencia!

- Entonces -Ersy se puso un dedo en la barbilla mientras asimilaba la información -¿usted contrató a un grupo de ladrones a sueldo para conseguir piezas que exponer en su museo? Entiendo.

Las miradas de frialdad resbalaron por Ersebeth como la lluvia sobre un chubasquero.

- ¿Pero por qué robar su propio museo? ¿Por qué sólo esa pieza? -siguió deduciendo -Si les ha contratado para conseguir otras cosas, seguramente tendrán más valor en el mercado que ese clarinete. Sería más sencillo y beneficioso para ellos recuperar esas piezas y no el clarinete.

- ¿En serio crees que todas las piezas que tenemos son auténticas? -Max arrojó el pañuelo empapado de sudor sobre la mesa con un brusco ademán -Desde que empecé a divorciarme de mi mujer he tenido que vender muchas de ellas. ¡Y sin que esa arpía se entere! Las he sustituido por falsificaciones: motores de avión retocados, instrumentos científicos…

- ¿Su mujer no lo sabía? Lo de las piezas falsas.

- Desde luego, yo no se lo he contado.

Ersy guardó silencio, pensativa, mirando al techo. Quizás los ladrones si sabían que las piezas eran falsas, por eso no había ido a por ellas. Sin embargo, si el clarinete era auténtico… ¡pero Max había dicho que no tenía ningún valor en el mercado! ¿Para qué robar una pieza con tanto esfuerzo si luego no podías compensarlo? No era por dinero. Había algo más.

- ¿Dónde consiguió el clarinete? ¿Una subasta, dijo antes?

- Si -afirmó Max -. Fue antes de empezar con el dichoso divorcio. Fue mi mujer, Micaela, quien se enteró de su existencia y lo buscó durante meses. Parecía obsesionada. Fue ella quien se enteró de la subasta clandestina -rebuscó algo en sus cajones y, al no encontrarlo, los cerró con un fuerte golpe -Fuimos, conseguimos el clarinete, y nos volvimos  a casa. Entonces empezaron los problemas de verdad. Si antes se obsesionó por encontrarlo, se puso aún peor con atesorarlo. Estaba un poco loca, la verdad.

Ersy se mordió el labio, acordándose de su familia. No podía concebir la idea de una pareja que dejase de amarse después de tantos años, y tener delante a alguien que le relataba algo así con semejante frialdad y rencor… le provocaba escalofríos. La apenaba. Meneó la cabeza a un lado y a un otro con fuerza, como si con aquellos movimientos bruscos pudiera desprenderse de aquella idea tan desagradable.

- ¿Pudiera ser que alguien de la subasta se enfadase porque lo consiguiera usted?

- No pujaron tanto como esperaba. Eran cuatro coleccionistas aparte de mí, uno de ellos, el mayor coleccionista de historias de los Grimm que te pudieras encontrar. No recuerdo sus nombres, porque son extranjeros y no se me da bien la pronunciación, pero dudo que estén tan desesperados para recuperar ese clarinete como para enviarme a estos matones contra mi en lugar de haber pujado mucho más de lo que hice yo en su momento…

- ¿El encargado de la subasta? -volvió a probar suerte.

- Era un idiota pretencioso. Feo como un demonio y se frotaba las manos continuamente. Se ve que le podía el dinero, pero contratar a Zoo y a los suyos es un coste mayor de lo que ganaría en una nueva subasta por el objeto en cuestión.

Max hizo una pausa para rebuscar con el pie bajo la mesa. Durante el registro que hizo “Dragón” había tirado los contenidos de cada cajón y cada armario por los suelos. No había nada roto, pero la sala era un auténtico caos. Encontró uno de sus puros tirados por el suelo, el único que estaba sin pisotear por ese matón. Lo examinó con lupa antes de llevarselo a la boca, sacándose el mechero del bolsillo. Estaba a punto de encenderlo cuando vió a Ersy con los carrillos inflados de aire y una mirada desaprobadora que le quitó las ganas de fumar. Lo dejó sobre la mesa con un profundo suspiro.

- Pues -Ersy pensó en voz alta tras deshinchar los carrillos -si no fueron los otros coleccionistas, ni el subastador… ¿quién más conocía de su existencia y lo apreciara tanto como para montar esto?

Conforme las palabras salían de sus labios, Ersy fue cayendo en la cuenta. Una pequeña bombillita se encendió en su cabeza y la iluminó como el sol a mediodía. Salió del despacho como una exhalación, y le dijo su conclusión a Planaria a su misma vez:

- ¡Es su mujer!

Se quedaron un momento callados, con una sonrisa tonta en la cara despertada por la casualidad y el subidón de haber llegado a la respuesta ellos solos, como cuando solucionas un sudoku complejo sin ayuda. Ersy estalló en carcajadas mientras se lanzaba, a la carrera, a los brazos de Planaria, al que abrazó con fuerza.

- ¡Fue su mujer! ¡Fue su mujer! ¡Ella fue quien les ordenó robar el Clarinete de Hamelín! -se separó un instante cuando vió al inconsciente Dragón -¿Se ha desmayado otra vez?

- Sí bueno, digamos que la descarga con la que puedo “revivir” a alguien por así decirlo es momentanea. No puedo mantenerlos conscientes todo el rato.

Ersy se encogió de hombros y exhaló un pequeño “oh” de que lo había entendido. Sus ojos volvieron a brillar con decisión:

- Entonces, ¿qué hacemos ahora? ¡Tenemos que detenerlos y evitar que se hagan con el Clarinete!

- ¡Vamos a salvar a esos rehenes!

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime6th Junio 2014, 14:42

"El clarinete de Hamelin". ¿Era acaso como la flauta del mítico cuento del pueblo y las ratas? Bueno, todo era posible. Yo controlo la electricidad y soy capaz de sobrevivir a un tiro en la cabeza. Que exista un objeto mágico capaz de controlar a los animales o los niños no me parece una idea tan descabellada desde luego. Cosas peores se han visto. Pero ahora no era el momento de perder el tiempo pensando en ello. No disponíamos de mucho tiempo antes de que los atracadores se diesen cuenta de que su plan se iba al garete y les importase poco matar o no. Le hice una seña a Ersy y salí del despacho.

- ¡Eh! ¡Oigan!- El dueño del museo captó nuestra atención mientras se dirigía con pequeños pasos hacia nosotros.- ¿Qué hago yo?

- Enciérrese en el despacho y no abra a nadie que no seamos nosotros o la policía, ¿lo ha entendido? El paso más probable de su mujer en vista de que su pequeña misión se ha desmoronado será intentar raptarle, así que manténgase a salvo.-

Cruzamos los pasillos en dirección a la sala principal. Ersy me seguía con cautela. Me apoyaba en las esquinas y comprobaba que no hubiese nadie rondando los pasillos. Lo bueno era que no debíamos preocuparnos por las cámaras, ya que las había volado todas. En una de las veces miré de reojo el brazo de Ersy, y mientras miraba alrededor de una esquina le hablé.

- Aún estoy esperando que me digas qué es ese brazo que tienes…- Me volví a ella y levanté una ceja.- Y no me vengas con historias de que no es nada. Todos los días veo personas que "no son nada", en el sentido de que no tienen poderes. Y créeme, ninguna de esas personas es capaz de parar una bala con la mano.

- ¿Tiene que ser ahora? Estamos en medio de un atraco organizado con rehenes. Ese tipo de explicaciones pueden esperar a que acabemos… -se frotó el brazo de manera instintiva.

- Ersy, lo que vamos a encontrar ahí dentro es posiblemente un montón de rehenes maniatados, congregados en un corro central rodeados por varios soldados. Sé que tal vez no es el mejor momento para preguntártelo, pero todo lo que puedas hacer y que yo sepa que puedes hacer nos vendrá bien…- Le cogí con delicadeza de su mano metálica y ella me miró a los ojos.- No debes tener miedo de tus poderes Ersy. Son un don, y parte de ti.

- ¡Ya te lo he dicho antes! ¡No les tengo miedo! -trás ella, Droidcat con media cabeza fuera de la mochila, bufó -No son poderes, es simplemente un implante. Perdí el brazo, me pusieron esto y lo apañé un poco. Pero no es un poder, es algo que cualquier podría tener si se fabricasen en masa…

Me llevé dos dedos a los ojos. Me estaba empezando a cansar un poco de su constantes salidas por la tangente. Yo sabía que tenía que haber algo más, ¡lo veía! Veía un sinfín de cables y electricidad moviéndose por dentro de ese brazo, pero ella se negaba a decírmelo. Mi paciencia se estaba agotando y no disponíamos de mucho tiempo.

- Mira Ersy, no sólo controlo la electricidad. También soy capaz de sentirla. Y lo que tú tienes ahí es algo más que un simple brazo metálico. Hay algo que no sé muy bien que és pero tiene un poder enorme, así que por favor lo preguntaré una última vez… ¿Qué hace tu brazo?

Ersy no aguantó más la mirada y bajo la vista al suelo. Paso unos segundos en silencio, cavilando, mordiéndose el labio, hasta que por fin, tomó la decisión.

- Me he codeado antes con gente como tu, ¿sabes? Incluso participaba en un grupo… Bueno, no, era su asesora, más bien, pero me dejaban acompañarles y ayudarles. Por relacionarme con ellos, un día, un… un… -buscó la palabra menos fuerte de todas las que se le venían a la cabeza -un “malo” me atacó y perdí el brazo. Me hicieron el implante y yo sólo lo optimicé. Manipula energía. ¡No como tu! -se apresuró a aclarar -Es decir, absorbe energía que toca y la canaliza. Puedo aprovecharla de diferentes maneras, pero si necesitamos un arma, cuenta con un láser -terminó con una media sonrisa que esperaba mi reacción.

- Lo siento… Por lo de tu brazo, me refiero…- Nunca había perdido un brazo, pero supuse que no sería algo agradable. Me sorprendió su decisión, el cómo hablaba acerca de su canalización de la energía. Había perdido un brazo, además tras el ataque de algún criminal. Y sin embargo ahí estaba, tan sonriente y campante. Entonces se me ocurrió una cosa.- Extiende el brazo.

- ¿Hu?- ella me miró ladeando la cabeza.

- Extiéndelo, quiero probar algo.- Me preparé y de mi pecho salieron algunos rayos hasta la palma de mi mano. Allí, una pequeña bola azul empezó a congregarse y cientos de pequeños rayitos azules recorrían mi brazo y mi mano.- Voy a dispararte. Quiero que lo pares para que veamos de qué eres capaz. ¿Estás lista?

Quería decir algo y entreabrió la boca para ello, pero se lo pensó mejor y obedeció. Como cuando detuvo el proyectil, Ersy se cubrió la cara con el brazo y retrocedió unos pasos. No la vi temblar ni dudar. Ya había hecho esto antes, mucho antes de conocernos.

- Estoy lista. -tragó saliva y dijo las palabras mágicas- ¡Absorber: electricidad!

Descargué un potente rayo, lo suficientemente fuerte como para derrumbar a un hombre, pero no lo suficiente como para dejarlo inconsciente. No sabía hasta qué punto ella sería capaz de parar mi rayo, y no me apetecía dejarla hecha un alita de pollo. Una serpiente eléctrica salió de mi mano y alcanzó el brazo de la pequeña Ersy. Este se llenó de electricidad y rayos que lo rodeaban y recorrían en un haz de luz azul que se desvanecieron entre el tejido de la manga. No hubo más señales físicas de que la electricidad estaba siendo procesada por el implante, al menos, no hasta que apuntó al suelo con el brazo, con la palma de la mano abierta. Un corto haz, que más bien fue un estallido, surgió de él e impactó con el suelo, haciendo un pequeño agujero humeante que olía a cable quemado. Después de la demostración, escondió el brazo trás de ella e hizo círculos con el pie en el suelo.

- Espero que Max no se enfade por lo que acabo de hacer…

Me acerqué a ella y le puse la mano sobre el hombro. Ella me miró ante el contacto y le sonreí.

- Nos lo vamos a pasar muy bien tú y yo Ersy… Muy pero que muy bien.- y le guiñé un ojo mientras le indicaba con un gesto de cabeza que continuásemos en dirección a la sala principal.

- ¡¿Yo que pasa, que no pinto nada? AAAAAAHHH

- ¡Perdona, Droidcat! -antes de continuar, Ersebeth se quitó la mochila y dejó que el gato robot saltara al suelo.

- ¡Yo también soy capaz de defender a la ama, AAAAAAHHH! -dió vueltas sobre sí mismo y se encaró conmigo.

- ¡Shhhh! ¡Calla gato o nos van a pillar!- me giré y puse mi dedo índice sobre mis labios indicando que debíamos permanecer en silencio si queríamos aprovechar el factor sorpresa con el que aún contábamos.

La puerta a la sala principal estaba allí, a pocos metros de nosotros. Un largo pasillo nos separaba de ella. La última carrera. Me volví hacia la extraña pareja e hicimos los últimos preparativos. Aquello no iba a ser fácil, e íbamos a tener que cooperar si queríamos que todos saliesen ilesos. Que comience el baile.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime9th Junio 2014, 13:26

- ¡Shhhh! ¡Calla gato o nos van a pillar!

Cierto. Droidcat no modulaba su volumen de voz, por lo que levantó ecos en las galerías del museo. ¿Por qué no acudía nadie? Ersy estaba segura de que los habían oído, estaban demasiado cerca de la puerta. Pero ese no era el único hecho que la escamaba. ¿No había visto antes a través de las cámaras a unos guardias custodiando la entrada a la sala de aviación, donde tenían a los rehenes? Porque allí no se veía un alma. La policía estaba fuera, ¿por qué no oía sirenas? ¿O a alguien con un megáfono intentando negociar con los atracadores? ¿Los rehenes llorar? ¿Los atracadores hablar entre ellos? Nada. Todo era silencio. ¿Habrían llegado demasiado tarde?

Con las espaldas pegadas a la pared, Positrón, Ersy y Droidcat, por ese orden, se deslizaron hasta la puerta de doble hoja. Fue el chico el que estiró la mano, lentamente, hasta el pomo y entreabrió un poco la puerta. Intentó echar un vistazo al interior, pero no pudo ver nada más que los modelos de las aeronaves obstaculizandole la visión.  Chasqueó la lengua con desaprobación.

- Desde aquí no puedo ver nada…

Ersy se agachó y, subiéndose un poco la manga dejando ver la pequeña pantalla que parecía incrustada en la piel, asomó el brazo a través de la puerta. Cuando lo recogió, miró la pantalla. La función de cámara del implante había conseguido captar una sombra a contraluz entre los aviones, pero nada más.

- Hay alguien, pero no puedo distinguirlo -le susurró a su compañero poniéndose de pie -. No se oye nada ni a nadie. ¿Habremos llegado demasiado tarde?

Aprovechando el pequeño hueco que había dejado la puerta entreabierta, Positrón se coló en el interior de la sala contorsionandose un poco, sin hacer el más mínimo ruido. Ersebeth le siguió, dándole antes a Droidcat la orden de quedarse fuera vigilando por si la cosa se complicaba. El robot, obediente, se llevó una patita a la frente imitando un saludo militar.

Parapetándose tras los motores y hélices, Positrón y Ersy recorrieron la sala en busca de los rehenes. La figura que Ersy había fotografiado antes se dejó ver una vez más, paseándose de un lado a otro de la sala, y cuando salió a la luz, a Ersy se le cayó el alma a los pies.

Era una mujer de entrenadas formas y protegida por una armadura de placas que emitía destellos dorados en contraposición a la falda de color blanco perla. La larga melena rubia se le escapaba del yelmo, que tenía dos alas de pequeño tamaño a ambos lados y una gema azulada en su centro. Portaba en su mano derecha una lanza que, a simple vista, había luchado en mil batallas, aunque su hoja estuviera tan afilada como recién salida de la forja. Detectó la presencia de los chicos y se volvió hacia ellos, calmada, serena. Sus labios carnosos se entreabrieron un poco cuando les reconoció. Sus ojos azules se pasearon de uno a otro, deteniéndose durante más de un segundo en Positrón antes de pasar a Ersy, que bajó la cabeza, incapaz de enfrentarse a esa mirada.

- Supongo -no tenía un acento marcado y su pronunciación era perfecta. Su voz les envolvía, acostumbrada a moverse por habitaciones amplias y llenas de público -que vosotros dos, héroes, habéis estado conteniendo este suceso hasta mi llegada.

Hizo especial hincapíe en la palabra “héroes”. No era sarcasmo ni ironía. Para Ersy, era una regañina. La primera de tantas. Quería responder, pero el respeto se lo impedía.

- Mmm, ¿debería conocerla? He conocido antes a mujeres ataviadas con armadura, muy luchadoras y valientes… Pero algo distinto a como viste usted. Sin embargo también llevaban lanzas- miró receloso el arma de la mujer armada- No hemos venido buscando bronca, sólo intentábamos ayudar…

- La idea es que no se me reconozca. Hay que proteger la identidad -Ersy dejó escapar un suspiro. Había una pullita entre líneas que sabía que iba dirigida a ella -Puede que encuentres a alguien parecido, pero nunca encontrarás a nadie igual -percibiendo la reticencia de Positrón, la mujer apartó la lanza de él en señal de paz -[color:c95f=D2DD7B]Ya sé que sólo intentabais ayudar. ¡La de veces que he oído esa frase!

- ¿Qué ha pasado con los rehenes? -interrumpió Ersy antes de que la mujer de la armadura dijese nada más -¿Y con los “malos” que estaban aquí?

- Ya me he encargado yo de ellos. Con autorización de la policía, por supuesto. Los rehenes están a salvo y los “malos”, como tu los llamas, ya están detenidos. Aún así, entrarán, para ver los daños y comprobar el perímetro. No terminan de fiarse de mi, como es normal. Y si os ven por aquí, será muy incómodo. La prensa también está al acecho -a Ersy le dió un escalofrío.

- ¿La prensa?- Se volvió a Ersy a toda velocidad- ¡Tenemos que salir de aquí a la de ya! Bueno, yo me voy a la de ya, ¿tú qué vas a hacer? Ya te he dicho, si quieres venir conmigo puedo presentarte al resto del grupo, pero tiene que ser ya mismo. No quiero que la prensa sepa que he estado aquí. A todo esto,  ¿quién es usted señora de la armadura?

Ersebeth miró a uno y a otro mientras tomaba una decisión. Bueno, realmente no tenía mucho que decidir. Como Positrón ya no estaba mirando a la mujer, esta le dirigió una significativa mirada que la hizo estremecer. No le quedaba otra opción, quisiera o no quisiera, saldría por la puerta de atrás. Después de todo, es a lo que Ersy estaba acostumbrada. No es que le molestase, de hecho, le gustaba más que la alternativa.

- Si te digo mi nombre es bajo la condición de que no se pregone. Me llaman Sköguld, la valquíria. Ya sabes como llamarme si nos volvemos a encontrar, cosa que dudo y espero que no se den las mismas circunstancias -un golpe seco en la lejanía les llamó la atención. La policía ya estaba entrando al recinto -. Marchaos ya.


Sköguld, la valquiria, fue la primera en salir, abriéndoles paso hasta el pasillo. Droidcat, cuando la vió, dió un par de vueltas sobre sí mismo, gritando:

- ¡AAAAAAMAAAAAA!

Ersy lo cogió en brazos y se despidieron entre ellas con un leve gesto de cabeza. Sin esperar respuesta de Positrón, Ersy le cogió de la mano y se lo llevó consigo, camino de la salida trasera. Las señales repartidas a lo largo del camino les guiaron, y tras pasar por la tienda de regalos, salieron al exterior. Tras la valla, periodistas y curiosos se agolpaban, y ya empezaban a señalarles cuando echaron a correr hacia uno de los muros laterales, cubriéndose los rostros como podían. Pusieron tanta distancia entre ellos y el museo como pudieron, hasta que Ersy no pudo más. Seguía sin acostumbrarse al trabajo de campo. Se pararon a recuperar el aliento.

- ¡Uff! Qué aventura, ¿eh? -los nervios que había tenido contenidos durante toda la operación surgieron entonces en forma de risa espontánea.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime9th Junio 2014, 23:39

- Bueno, al menos parecía maja la valkiria esta, ¿no? - Una valkiria, como las de las pelis esas de vikingos. La verdad, el mundo estaba mucho más loco que lo que había creído. Primero todo el asunto de que el metal que me daba mis poderes fuese alienígena; segundo todo el tema de las amazonas; y ahora una valkiria que había aparecido de la nada liberando a todos los rehenes... Aquello cada vez se ponía más raro. Había días donde creía que estaba en una novela o algo por el estilo. Y desde luego, cada día que pasaba encontraba a personajes mucho más fuertes que yo. Eso me producía respeto y algo de miedo, a menos que estuviesen de nuestro lado.

Atravesamos la puerta trasera del museo y miré a la chica. Parecía algo emocionada y contenta por toda nuestra aventura. Tenía pensado llevarla a la base cuando me di cuenta de que no tenía un casco de moto. No pensaba llevarla sin uno, y aunque posiblemente yo podría haber sobrevivido a una caída si no fuese muy rápida no tenía ninguna gana de pasar por eso.

- Mmm, ¿sabes? Deberíamos comprarte un casco.-

- ¿Hu?-

- Un casco de moto, para que podamos ir a la base sin que te pase nada... Acompáñame.- Avanzamos por el callejón y llegamos a la calle donde estaba la puerta del museo. Cientos de personas y periodistas se congregaban allí. Gritos y ruidos de pitido de coche cruzaban el aire y llegaban hasta nosotros. Hice un movimiento con la cabeza a Ersy para que me siguiese y seguimos en dirección contraria al edificio. Algunos curiosos estiraban la cabeza buscando el origen de todo el bullicio. Aproveché para zigzaguear entre los más cotillas para ponerme a resguardo de los periodistas. No sabía hasta qué punto me reconocerían, pero no tenía ninguna gana de averiguarlo.

Un par de manzanas más allá encontré lo que buscaba. Una enorme tienda de motos. Era a la que solía ir yo cuando estudiaba allí buscando pegatinas, parches y demás historias durante la carrera. Y mi querida Honda era de esa tienda. El dueño me conocía y siempre se alegraba de verme. Siempre me había tratado bien y aunque no era la más cercana a la mansión, para mí era un paraíso ir allí. Entramos y una pequeña campanita anunció nuestra llegada. Un chaval joven nos dio la bienvenida en alemán y le contesté. Agradecí el trato y le pregunté por Hans. Me indicó que se encontraba en su despacho y me dirigí con Ersy hacia allí. La puerta estaba abierta y pude ver a Hans tecleando en su ordenador.

- ¡Maldito chucrut de mierda! ¡Has vuelto a venderme una rueda pinchada! ¡Exijo una indemnización a la de ya!-

- ¡Eso te pasa por ser un afrancesado de mierda que sólo piensa en chocolate y queso!-

- ¡Al menos yo no me inflo a malditas salchichas y cerveza!- Y ante la atónita mirada de Ersy nos abrazamos. Siempre habíamos mantenido una relación muy estrecha. Llevaba yendo a su tienda casi siete años, y desde que le dije que era de Ginebra me llamaba "pijito afrancesado". Era un buen hombre, siempre dispuesto a echar una mano. Al principio por un módico precio, pero del roce nace el cariño, y nosotros nos teníamos mucho. Era un mecánico como pocos había conocido en mi vida, muy profesional.- Jajajaja, ¿qué tal estás Hansie? ¿Me has echado de menos?-

- ¡Ni te haces a la idea! Hoy en día a la gente no le importa si su moto es buena o no, sino lo bien que luce. Sólo quieren impresionar a sus chavalas y llevárselas al huerto a la mínima de cambio... Y hablando de chavalas, veo que te has echado una, ¿eh pillín?- Me guiñó un ojo y me golpeo con el codo ligeramente ladeando la cabeza. Iba a responder hasta que noté una mirada penetrante en la nuca. Ersy estaba demasiado ocupada trasteando entre modelos de motos y accesorios, cogiendo uno de los cascos color gris metalizado. Me daba la espalda, y en su mochila, el pequeño Droidcat me miraba con los ojos entrecerrados. Porque era un robot, que si no, hubiera jurado que podía asesinar con la mirada.

- No es mi novia ni nada por el estilo. Es una chica que he encontrado en el museo y parece algo perdida...-

- Ya, ya... y la has encontrado en el museo. Jajajajajaja eres de lo que no hay en serio.- Me golpeó con fuerza la espalda con un sonido seco como un aplauso. Yo le puse la cara de mayor odio que pude encontrar.- En fin, ¿qué buscabais tortolitos?

Ersy se acerco al mostrador con el casco y lo puso sobre el mismo.- ¿Cuanto vale y como puedo ponerle un gatito?-

- ¿Un qué? ¿Un gatito? ¿Pa qué quieres un gatito en el casco?- Ersy le dirigió una mirada que no admitía discusión: la mirada de un cliente adorable de gustos sencillos.- En fin Hans... ¿Podrías ponerle una pegatina de un gato o algo por el estilo a aquí la amiga?-

- Mmm, déjame ver.- Sacó un enorme libro que abrió sobre la mesa. Empezó a pasar las páginas. Allí había toda clase de pegatinas, desde llamas de fuego hasta letras chinas. Yo llevaba un par de relámpagos en la moto. Una horterada, pero bueno, quedaban bien. Tras pasar varias enormes páginas giró el libro hacia nosotros. Allí había toda clase de pegatinas de gatos, desde la mítica "Hello Kitty!" hasta gatos negros como los típicos de Halloween.- Bueno preciosa, ¿cuál te gusta?-

- Hum... -la chica examinó el libro con ojo experto hasta que señaló un gato blanco de ojos amarillos - ¡Este, por favor!

- Bueno, pues cóbrame si eres tan amable Hans... Siento no quedarme más tiempo pero voy con algo de prisa.- Saqué la cartera del bolsillo del pantalón y la abrí dispuesto a pagar el precio del casco y salir de allí cuanto antes. Pero antes de que pudiese ponerla encima del mostrador, Ersy me cogió del brazo.

- Oye, tengo dinero para mis gastos. Ya que el casco va a ser mio, lo pagaré yo, ¿vale? -se volvió hacia Hans- ¿Cuánto es?

- Peleona por lo que veo jajaja no la dejes escapar Plana, hazme caso. Son cincuenta euros si es tan amable señorita.- Ersy se salió con la suya tras darle un billete naranja y salimos de la tienda con su reluciente casco nuevo... sin olvidarnos de su pegatina personalizada. Incluso se lo probó al gato robot antes de guardarlo a buen recaudo en su mochila.

Andamos un par de calles hasta que encontramos mi moto. Me coloqué el casco y los guantes y me abroché la chaqueta. Le indiqué que se subiese y se agarrase fuerte. Droidcat me soltó un bufido pero Ersy le indicó que se estuviese quieto, que la moto no era un juego. Con un fuerte rugido, el motor se puso en marcha y salimos en dirección a la base a toda velocidad.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime10th Junio 2014, 02:39

Los últimos acontecimientos habían cambiado mi forma de ver algunas cosas. Bueno, en realidad no. Sólo me había demostrado que llevaba demasiados años a la defensiva. Demasiados años en tensión. Demasiados años volviendo la cabeza esperando ver a un fantasma persiguiéndome. Desde entonces, me estoy tomando las cosas con algo más de calma. Como, por ejemplo, tomándome un día de descanso. Antaño, su sola mención hacía que me chirriasen los dientes. Ahora, lo agradecía internamente, aunque ante el resto de los Abyss fingiera otra cosa.

Aquel era uno de esos días en los que despachaba a todo el grupo y me encerraba en mi habitación. Me aseguraba antes de que todos ellos me vieran con carpetas y papeles que, por supuesto, estaban en blanco. Una vez aislada, sólo tenía que ponerme ropa cómoda, tumbarme en la cama sin hacer y leer durante horas. La lectura no solo me entretenía, también distraía a las voces. Quiero pensar que se debe a que ellas, en su limbo, también están leyendo. En mis visitas a las bibliotecas cerraba los ojos y paseaba el dedo por el canto de los libros: cuando las voces acallaban, entendía que me había topado con algún volumen que había atraído su atención. Era la manera que teníamos de llegar a un acuerdo.

Pues en estas estaba yo cuando llamaron a la puerta. Reconstruir la mansión había llevado tiempo y aunque tuvieramos los planos originales, aún había zonas de la casa tapiadas hasta que tuvieramos un rato para ponernos a trabajar en ellas. Nos apañabamos con lo más indispensable al principio, ampliandola poco a poco conforme nos quedabamos sin cosas qué hacer. Los días de asueto que me tomaba también se aplicaban a George, al que prohibía terminantemente seguir con las obras sin mi ayuda. Como, de todas maneras, se veía en la obligación de hacer algo, seguía ofreciendo sus servicios a los moradores de la casa como venía siendo costumbre.

El primer timbrazo no lo escuché. El segundo lo oí, pero fingí no haberlo hecho a la espera de que George fuera a abrir la puerta. El tercero, cuarto y quinto se sucedieron muy deprisa y con insistencia, con el culpable dejando el dedo durante un largo rato sobre el botón. Como nadie abría y había perdido el hilo de lectura, dejé el libro aparte y fui a abrir yo misma. Ni siquiera me puse las gafas: si era un maldito vendedor, el cartero comercial, o una pobre alma perdida, se podría ir preparando, porque no me gusta que me pierdan el ritmo de lectura.

Abrí la puerta haciendo ondular los bajos de la bata de manera majestuosa. Entoné la voz más desagradable y cavernosa que tenía en mi registro y me encaré con el recién llegado:

 - ¡¿Quién osa perturbar la paz de esta casa?! -Planaria me hizo un gesto de saludo y recuperé mi tono de voz habitual -Ah, eres tu. ¿Sabes lo que son las llaves, verdad?

- Deja de hacer el emo en tu cuarto, que tenemos visita.- entró colocándome el casco en los brazos mientras se quitaba la chaqueta y la colgaba en el perchero. Dejé caer el casco al suelo sin miramientos, poniéndome brazos en jarras.

- ¿Cómo que visita…? -me aparté para dejarle pasar. Cuando fui a cerrar la puerta, me topé con una chica de más o menos mi altura, que me miraba con unos ojos enormes y una sonrisa de oreja a oreja. Sujetaba un casco entre las manos -. ¿Me das un segundo?

La chica asintió. Entrecerré un poco la puerta como si así fuera a ahogar mis palabras. Cogí a Pilas por el cogote:

- ¡¿Sabes lo qué significa “secreta”?!

- Vamos hombre, no sería capaz de hacerle daño a una mosca.- Siguió andando en dirección a la cocina, dejando a la chica rubia en la entrada.- Además, tiene pinta de ser bastante coco y que pueda echarnos una mano.- Empezó a abrir armarios por la cocina.- ¡Tom! ¿Te has vuelto a comer los panes de leche?

Agarré y estruje una garganta imaginaria apretando los puños en el aire. La chica seguía esperando fuera, así que le volví a abrir la puerta, esta vez de sopetón:

- Nombre, edad, profesión y cómo has conocido a éste.

Tardó un par de milisegundos en responder, ladeando la cabeza antes:

- Me llamo Ersebeth y todo el mundo me llama Ersy; tengo veinte años, estoy de vacaciones y nos hemos conocido en el museo.

 La pobre no se daba cuenta del repelús que me daba verla con esa sonrisa bobalicona. A pesar de mi apariencia, aún guardo algo de corazón, por lo que en lugar de dejarla allí fuera, perdida entre las montañas, le permití entrar con un suspiro que elevé a los cielos. Las voces volvieron a la carga, queriendo dar cada una su opinión sobre la situación. La chica, Ersy, entró con paso dubitativo y sin perderse detalle.

- Estamos de obras. Vas a llamar a casa y les vas a decir que vuelves enseguida. Te llevará Pilas de vuelta en cuanto termine de saquear la cocina…

- ¿Hu? ¿Pilas?

- ¿Hmpf?- La cara de Pilas se asomó por la cocina, con la boca llena de panes de leche.

Me froté las arrugas que empezaban a formarse en mi frente.

- Gracias por dejarme pasar. ¿Cómo te llamas?

- Soy Tanith, y soy la je… -me detuve antes de cometer un desliz. Era una completa desconocida que Planaria había conocido en un museo y que había traído a la base secreta así, con toda la felicidad del mundo. En venganza, esa noche le diría a Virtue que inundase su habitación para que se quedase despierto hasta el día siguiente -. Amiga de Planaria. ¿Por qué demonios has dejado que te traiga aquí si os habéis conocido hoy?

Como si la respuesta fuera obvia, Ersy se encogió de hombros. Tenía ganas de cogerlos a los dos y arrojarlos por la ventana del último piso. De una patada en el trasero a cada uno.

- Porque, como ya te he dicho, puede echarnos un cable… Tiene poderes, igual que nosotros.- Planaria se llevó un pan de leche entero a la boca que cogió del montón que llevaba en el otro brazo.- Ademaf, ferch dsl fksg elejgff ferljoicbff.

 - ¡No son poderes! ¡Ya te lo he explicado! -Ersy infló sus carrillos de aire, mirando enfurruñada a Planaria mientras volvía de la cocina para reunirse con nosotras.

- ¿Entonces qué son?

Se me quedó mirando como quien ve a un fantasma, como si hasta entonces no se hubiera percatado de mi presencia. Soltó todo el aire y se quedó mirando al suelo con las mejillas encendidas.

- Sólo es… una máquina. Nada más. ¡Como un teléfono móvil! Todo el mundo tiene uno, todo el mundo sabe usarlo…

Pues yo no tenía teléfono móvil. Ni tampoco sabía usarlo...

- Tiene un brazo por el que puede lanzar rayos laser si absorbe algún tipo de energía. Lo probamos con mis rayos y funcionó. Y también paró una bala con él. Si eso no son poderes ya me dirás tú qué son…

La chica se descomponía a cada palabra que soltaba Planaria. Se llevó las manos a la cabeza y no sabía donde mirar.

- Cualquiera habría podido hacerlo…

- Para que Pilas se impresione tanto para traerte aquí, no debe ser algo que haga cualquiera -apoyé la espalda contra la pared, cruzándome de brazos -No te voy a pedir que me demuestres lo que puedes hacer; llevamos reformando la casa desde hace poco y no quiero un sólo destrozo. ¿Has visto lo que es capaz de hacer Planaria?

- ¡Hu! -la chica asintió con ahínco.

- ¿Se lo contarás a alguien? -ahora negó con la misma firmeza, revolviéndose el pelo -Pues entonces te devolverá a casa, y todos tranquilos…

- ¡Pero yo quiero ayudar!

Ya había empezado a andar por el pasillo de vuelta a mi habitación cuando Ersy abrió la boca. Me volví hacia ella con las sombras del pasillo jugando en mi rostro, haciendo resplandecer mis ojos rojos.

- ¿Ayudar a qué? -dije con un tono cargado de frialdad.

- ¡A hacer el bien! ¡A salvar a la gente! -no parecía afectarle en absoluto lo terrorífica que pudiera parecer -Es a lo que os dedicais, ¿no?

Miró a Planaria en busca de apoyo. Yo le miré también. Su mirada le rogaba que le echase una mano a convencerme. La mía le advertía de las consecuencias.

- Lo siento Tanith, pero le doy la razón. Se supone que somos un grupo de héroes, ¿no? ¿Cómo vamos a serlo si a la mínima oportunidad que tenemos de recibir ayuda le damos con la puerta en las narices? Dale aunque sea una oportunidad a la chiquilla, y luego la llevo a su casa, a un pajar o al fondo del mar.- Dijo poniendo cara de malo hacia Ersy.

Con dos zancadas me planté a escasos centímetros de distancia de Planaria. Era más baja que él, pero me importaba poco. Solía andar de puntillas, por lo que nuestras miradas podían enfrentarse en igualdad de condiciones. Saqué pecho, amenazante. Él no se amilanó en absoluto. Sin decir ni una palabra, nos batimos en un duelo en el que el ganador sería el que aguantase más tiempo reprochándole al otro en silencio.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime12th Junio 2014, 00:32

Ersy carraspeó una vez. Dos. Tres veces. Se sentía muy incómoda en ese tipo de situaciones. No le gustaba nada tener a dos personas discutiendo delante. Tenía que intervenir, más aún cuando sentía que había sido culpa suya.

- Disculpad… Pero si ella no quiere que esté aquí, deberíamos hacerle caso, Positrón…

Aunque esas fueran sus palabras, no era realmente lo que ella pensaba. Sentía la irremediable necesidad de estar cerca de gente especial, cerca de lo extraordinario. El imán también servía en la dirección contraria: allí donde estaba ella ocurría algo fuera de lo común.

- ¡¿Positrón?! -Tanith puso el grito en el cielo. Más que una amiga, a Ersy se le antojó una madre. Las broncas sonaban igual -[color:2c84= #610B0B]¡¿POSITRÓN?! No sólo la has traído a la base secreta, sino que encima le has mostrado tus poderes. ¡¿En qué estabas pensando?!

- Bueno, ella vio mis poderes por otra razón. Digamos que la protegí de un disparo que por cierto me llevé yo. Ya sabes que mi factor de curación no lo controlo yo, así que ¿qué querías que hiciese? ¿Meterme un tiro en la sien? Tampoco habría valido ya que me habría curado y habría visto mis poderes…- Apuró un par de panes de leche.

Ersy esperaba que Tanith cogiera una zapatilla y le arrease un par de golpes a Positrón. Se sintió culpable: no tendría que haberle llamado así. ¿Cómo lo arreglaría? Si volvía a abrir la boca, había más probabilidades de que Tanith se enfadase más que de solucionar las cosas. ¿Cuál era el problema? Base secreta, claro. Era una intrusa, después de todo.

- No tengo intención de quedarme, si ese es el problema. ¡Y no soy una chivata! -Tanith la miró con el ceño fruncido. Cuando vió su mirada roja por primera vez se asustó, pero por educación, no lo demostró. Podría tratarse de una enfermedad, y quedársela mirando, una falta de respeto. No era esa la primera impresión que quería dar.

- Ya da igual… -dijo Tanith tras pensárselo un momento y alzando los ojos al cielo, exasperada - Ya estás aquí, has visto a Planaria en acción y me has conocido a mi. No tenemos lavados de memoria y echarte no va a cambiar el hecho de que nos has conocido… ¿Alguno de los dos va a contarme cómo hemos llegado hasta aquí?

Ersy levantó la mano como lo haría una marisabidilla en clase ante una pregunta del profesor.

- ¿Y bien…?

- Fi quieref te monto una efcena con la boca llena como antef…- Plana tenía en la boca el último pan de leche.

- Estábamos en el Museo de Ciencia y Tecnología de Munich y un grupo de hombres armados cogió a los visitantes de rehenes. ¡Querían robarle un clarinete mágico! Se lo había ordenado la mujer del director del museo, que se estaban separando y que estaba obsesionada con ese objeto. ¡Positrón los redujo y me salvó! Luego nos fuimos de allí a comprar un casco de moto y me trajo aquí. Quiere que me una a vuestro grupo.

- ¿Y si yo no quiero? -la actitud de Tanith le recordaba un poco a la de su tío. Parecía rechazarla, pero en realidad, lo hacía por proteger a su grupo. Ersy no la culpaba, sino todo lo contrario: la entendía. Ella haría lo mismo.

- Pues no pasaría nada.

- Tampoco le he dicho expresamente “ya formas parte de nuestro grupo”. Le he dicho que tal vez le interesaría conocernos. Puede que podamos echarle un cable con algo o ayudarla de alguna manera.

Por mucho que Tanith estudió rostro de Ersy, no vió ni un asomo de mentira en él. La invitó a pasar, después de todo, no era un tema que discutir en la entrada de ninguna casa. Positrón le mostró el pulgar hacia arriba en señal de victoria cuando la chica les guió por el corredor hasta un pequeño despacho un tanto desordenado, con cajas de libros esparcidas por el suelo y un par de estanterías en la pared del fondo esperando a ser ocupadas, cubiertas con una lona semitransparente. Sobre la mesa había pilas y pilas de papeles que ella se encargó de apartar con sumo cuidado de no desordenarlos, permitiendo así poder verle la cara cuando se sentó tras el escritorio. Les cedió antes un par de sillas de madera, de diferentes estilos, para que tanto Ersy como Positrón se sentaran.

 - No sé que te ha contado Planaria, pero no somos héroes. Ahora no. Combatimos en una guerra fantasma y, si se da la ocasión, nuestras acciones resultan beneficiosas para los civiles.

- ¿Y si pudierais ayudar más a los civiles, lo haríais?

- Creo que ahora mismo, bastantes problemas tenemos ayudándonos a nosotros mismos como para pensar en los demás…

- ¿Pero si pudierais, lo hariais? -insistió Ersy.

 Tanith respiró profundamente. Para Ersy era crucial la respuesta a esa pregunta. De hecho, era la pregunta clave de cuya respuesta dependía la auténtica decisión de la joven para quedarse o marcharse. Tanith miró para otro lado y respondió en voz tan baja que tuvieron que inclinarse sobre la mesa para poder oírla.

- Supongo que si…

Y ya esta. Con esa declaración, Ersebeth ya sabía lo que tenía que hacer. Por muy lejos de casa que estuviera, su motivación era más fuerte. Encerrada en un mundo de adultos desde que tuvo razón, Ersy encontró el motor que la hacía moverse, el motivo que le aportaba consistencia a su existencia. Haber perdido el brazo, haber perdido familiares y amigos en el camino no la harían escarmentar, sino que la empujarían a seguir luchando. Su madre la habría llevado allí para alejarla de todo eso, pero la perseguía. Ersy no podía decir que no. Si no era entonces, sería en otro momento. El imán seguiría atrayéndola y atrayéndoles.

- Quizás no cumpla los requisitos para entrar a vuestro grupo. Sólo estoy de vacaciones un tiempo y pronto volveré a casa, en Estados Unidos, pero… me encantaría ayudar. No tengo poderes, soy una persona normal y corriente, pero si puedo hacer algo por los demás, lo haré. Eso es lo más especial que tengo.

No era falsa humildad. Era lo que Ersebeth realmente pensaba. Después de todo lo que había visto, sus habilidades se quedaban muy atrás. Gente que copiaba los poderes de otros para usarlos en su beneficio, que alteraban el espacio a su antojo, que eran más rápidos que la velocidad de la luz, superfuerza, valquírias… De entre todos ellos, Ersy era lo más normal de lo normal. Lo ordinario entre lo extraordinario. No podía levantar edificios, pero si controlar unas cámaras de seguridad, activar una alarma silenciosa, hackear la central de avisos de la policía para movilizarla y proveer de herramientas útiles a quien se lo pidiera si era por una buena causa. Los auténticos héroes eran ellos, ella prefería quedarse en un segundo plano, una mera marca en el cinturón de herramientas de un superhéroe.

- Todo el mundo tenemos poderes Ersy. Algunos puede que sean más vistosos, como mi capacidad de regenerar heridas o de lanzar rayos, pero todos tenemos algún tipo de poder. Lo importante es el cómo usas esos poderes. Puedes ser alguien que los aprovecha para hacer el bien, o puedes usarlos para postrar a los más débiles a tu paso. Sea como sea, si tu objetivo es ayudar, siempre serás bienvenida.

De no tener la fría mirada de Tanith clavada en ella, Ersy le habría abrazado con fuerza. Su intención se quedó en una mirada de eterno agradecimiento.

- Dices que estás de vacaciones… Juraría que, por tu actitud, no es la primera vez que te topas con gente como nosotros.

- Ya he trabajado antes con superhéroes, si. No formo parte de ningún grupo, sólo era… la asistente.

- ¿Asistente? Es decir, ¿si te pido un chocolate me lo traerías?- La mirada que le echó Tanith fue peor que cualquier otra.- ¡Es una broma! Ahora en serio, ¿a qué te refieres con asistente?

Tanith se recostó en el asiento e hizo una seña en la mano para que Ersebeth respondiera a la pregunta de Positrón.

- Huuu… -Ersebeth se puso el dedo índice bajo la barbilla y miró al techo, pensativa -¿Asesora? Si, creo que asesora se acerca más a lo que hacía. No me inmiscuiré donde no me llaman, pero estaré ahí en cuanto me lo pidais. Y cuando me marche, vuestro grupo no se quedará cojo. Seré solo una invitada. ¿Os parece bien?

Ersebeth no esperaba una respuesta inmediata. Tanto Tanith como Positrón parecían estar curtidos en batalla, como si llevaran mucho tiempo trabajando juntos. Que ella se metiera de por medio era una decisión delicada que no podía tomarse a la ligera, y su opción de quedar sólo como asesora les daba una solución al problema de la desconfianza. Ersy no sabría nada que ellos no quisieran que supiera. Tanith se levantó, rodeó la mesa y se sentó en su borde. Pasaron unos segundos eternos en los que Ersebeth no quería ni levantar la cabeza hasta que la mano de la chica de ojos rojos apareció en su campo de visión. Se la tendía como una invitación:

- Me gusta lo de “asesora”. En estos tiempos que corren, no se puede decir que no a una mano amiga. Si Pilas ha visto algo en ti, será por algo, así que, si no cambias de idea, te doy ahora mismo la bienvenida como asesora de los Abyss Knights desde ahora. ¿Qué me dices, pequeña?

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Planaria Glámez
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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime13th Junio 2014, 14:57

Sonreí pues sabía que ya la habíamos convencido. No hacía falta ni que contestase a la respuesta de Tanith, yo ya sabía que iba a decir que sí. Asesora estaba guay. En parte, por lo que ella dijo que era una hacker y demás pensé en mi amigo Leroy cuando estábamos en el orfanato y él se colaba en el sistema de vigilancia de Ginebra para buscar criminales por las noches. Pensar en alguien así a escala mundial era realmente tentador y excitante. Por fin las cosas empezaban a ir algo bien para nosotros después de todos los últimos acontecimientos. Decidí que ya que iba a echarnos un cable explicarle el funcionamiento y la finalidad de la organización era lo mínimo.

- Bueno, pues bienvenida entonces pequeña Ersy.- Le revolví un poco el pelo en gesto cariñoso y le sonreí.- Supongo que ya que vas a quedarte con nosotros (al menos como asesora), lo mínimo sería que te explicásemos un poco de lo que va todo esto y demás, ¿no?- Ella me miró con esos enormes ojos y me sonrió. Tanith no parecía que le hubiese caído muy bien, y mi cercanía la tranquilizaba. En parte la entendía. Tanith era una persona muy reservada y exigente, cosa que algunas veces mostraba con dureza. Además, desde la muerte de Lord Rick esto se había acentuado bastante. La ayuda de Ersy tal vez nos sirviese para que ella pudiese relajarse un poco sabiendo que alguien estaría echandonos un cable desde fuera, y por tanto escapase a su control hasta cierto punto. Dentro de la mansión quería que todo estuviese en perfectas condiciones. No de una manera maniática, sino más bien exigente. Ella era la líder ahora, y podía permitirselo.- Ven, acompañame.

Decidí dejar a Tanith con sus pensamientos y demás y enseñarle a Ersy un poco la mansión. No quería molestarla más con preguntas y cosas por el estilo. Yo llevaba lo suficiente luchando como para saber los peligros y responsabilidades que encerraban “ser un héroe”. Antes de enseñarle la enorme casa pasé un segundo por la cocina y abrí un pequeño armario que tenía pegada una pegatina con un rayo y una calavera. Eran unas pegatinas que le compraba a Hans. Con ellas advertía al resto de miembros que si cogían algo de ahí sin permiso se ateniesen a las consecuencias. Cogí algo de chocolate suizo y le ofrecí a mi compañera. Acto seguido, nos dirigimos hacia el salón principal de la casa.

- Bueno Ersy, supongo que tendrás un montón de respuestas como el qué hacemos, cómo nos conocimos y demás historias. El que nos reclutó fue Lord Rick, un valiente y sabio hombre que había estado en toda clase de guerras y escaramuzas. Nunca se lo pregunté pero creo que tenía unos mil años o así, quizá más, quizá menos. El caso es que Lord Rick nos trajo aquí debido a nuestro potencial y poder. Éramos capaces de luchar contra personas tan o más poderosas que nosotros, y el poder de hacer el bien. Ya sabes, luchar contra el crimen y esas cosas. Desgraciadamente, fue asesinado durante unas vacaciones que tuvimos y no pudimos hacer nada por él. La mansión fue quemada y por eso estamos de obras como puedes ver.- El techo y muchas paredes estaban aún en construcción. Botes de pintura, materiales de todo tipo, escaleras, herramientas, sonidos de taladros y máquinas resonaban por los pasillos de la casa. Aunque apenas habían pasado semanas desde el incidente, lo recordaba como si hubiesen sido años. Toda la aventura con las amazonas y demás hacían que pareciese mucho más tiempo.- Por ahora has conocido a Tanith, la líder desde la muerte de Lord Rick, y a mí. Sin embargo, hay dos más. Uno es Leo, nuestro pequeño geniecillo particular. Sabe tanto de química como yo de chocolate. Su poder, controlar los miedos ajenos y proyectar imágenes en sus mentes. No le gusta mucho usarlo ya que este conlleva adentrarse en la mente de las personas, invadiendo así su intimidad. Es un poco reservado, pero en absoluto mal tío. Te caerá bien, ya que es otro científico como tú y yo. Sin embargo, a diferencia de mí, él es más propenso a quedarse en el laboratorio. El otro miembro es Tom. Un ser encerrado en el cuerpo de un adolescente. No envejece ni cambia, siempre es igual. Es buen tío, aunque algo histérico a veces. Es capaz de emitir flechas de energía pura y dar pequeños saltos físicos. Teleportación para ser más exactos. Cada uno desempeñamos un papel fundamental en la organización. Tanith es la jefa, Leo nuestro experto científico, Tom nuestro mejor espía y yo una distracción excelente, además de haber dejado más de una vez sin recursos eléctricos a nuestro enemigo. Pero bueno no hago más que hablar… ¿Hay algo que quieras saber acerca de nosotros?

Ersy levantó la mano como si estuviéramos en clase. No respondió hasta que no la señalé.

- ¿Teneis algún archienemigo?

Me quedé algo bloqueado ante esa frase. ¿Algún archienemigo? ¿Podría ser que ella supiese algo acerca de Zen? Cualquier cosa, por nimia que fuese, podría ayudar. En ese momento se me erizaron los pelos de la nuca. ¿Y si era una espía? No habíamos coincidido con Zen lo suficiente como para conocer su modus operandi, pero decidí comprobar una cosa.

- ¿Archienemigos? Na, hay uno que se cree bastante bueno pero bah, es un cobarde. Siempre huye de nosotros.- Todo a una carta. Si Zen estaba escuchando era posible que hubiese golpeado su ego, aunque lo dudaba enormemente. Pero ella no parecía ser peligrosa. Aun así, decidí no jugármela. No después de todo lo que nos había pasado.

- Huuuu… -miró al techo con el dedo bajo la barbilla. Parecía ser un gesto que hacía cada vez que meditaba

Era imposible saber si mentía o no. Sus ojos, su mirada, su cara… Desde luego no parecía ser alguien malvado ni oscuro. Pero Zen sí lo era, y no tenía ni la menor duda de que sería capaz de cualquier cosa con tal de pararnos o hacernos sufrir. Mi corazón finalmente terminó por inclinarse al lado de la bondad, dejándome expuesto si ella era malvada.

- Es igual, no le des importancia. Únicamente recuerda un nombre: Dr Zen.- Y dí por zanjado el asunto.

-¿Y aliados? ¿Contactos fuera, aparte de mí?-

- ¿Aliados? Desgraciadamente no tenemos mucho de eso por aquí… Cuando estuve en Nueva York conocí a un par de mutantes o gente con poderes igual que nosotros. He estado investigando y según parece hay una escuela parecida a lo que tenemos aquí montado, los cuales también se dedican a defender el mundo de amenazas y ataques. Tengo pensado ir a hablar con ellos para ver cuáles son sus intenciones, y aún a malas, cooperar alguna vez con ellos. Al menos yo.-

- Yo vuelvo a Nueva York dentro de semana y media… ¡Podríamos ir juntos! Aunque claro… Tendría que preguntarle primero a mi madre, a ver qué le parece… Ella es la que me ha pagado el viaje, después de todo -añadió pensando en voz alta.

- ¿Lo… lo dices en serio? ¿Viajas a Nueva York?- Casi no podía creérmelo. ¿Podía ser que el destino se estuviese riendo en mi cara? Demasiada casualidad, aunque yo confiaba en que los caminos de Dios eran inescrutables.- Sería para mí un gran placer viajar contigo a Nueva York. Pero mi billete me lo pago yo, que quede bien claro. Tu casco, tu dinero. Mi billete, mi dinero.- añadí con una sonrisa y un guiño.

Ella asintió con la cabeza.

- ¡Pero déjame disfrutar antes de mis vacaciones! Tengo una semana y media para explorar Munich. Para relajarme… O esa es la excusa oficial -dijo con la boca chica -. En realidad, son mis padres y mis tios los que querían que me viniera de vacaciones. Tengo un laboratorio en Nueva York, y decían que me estaba sobreesforzando. No creo que a mi madre le vaya a sentar bien saber que me he buscado un trabajo de asesora aquí, así que no le diré nada hasta que esté asentado. ¿Os parece bien?

- ¡Claro, tranquila! Yo todavía tengo que hacer bastantes cosas aquí, entre ellas comprar mi billete y hacer el equipaje que vaya a llevarme. En cualquier caso toma, nos servirá para hablar.- Le dí un papel con mi teléfono móvil.- Llámame para cualquier cosa.- Y le guiñé un ojo.

Cogió el papel y se quedó congelada en el sitio. Hasta le cambió la cara.

- Ehm… te vas a reir con lo que me acabo de acordar… Tehehehe… ¿Te acuerdas del transmisor que me prestaste en el museo, cuando estábamos en la sala de vigilancia? -agachó la cabeza y junto las manos -¡Lo siento, lo siento, lo siento! ¡Lo siento!

Droidcat asomó la cabeza de la mochila. Él también quería intervenir:

- No se disculpe, Ama. ¡AAAHHH! Usted estaba demasiado ocupada siendo atacada por uno de los atracadores. El olvido ha sido de ese. ¡Aaaahhh! Si la policía lo encontró cuando intervino en el museo, le llevará hasta él, no hasta usted, ama. ¡AAAAHHH!

Ya estaba otra vez el dichoso gato ese allí. Le estaba empezando a coger un poco de manía. Me parecía demasiado ruidoso y que se inmiscuía en cualquier asunto a la mínima de cambio.

- A ver, a ver, no me estoy enterando… ¿Cuál es el problema?- Con tanta gente hablando a la vez estaba perdido, pero intuí que había perdido el teléfono o algo por el estilo.

- ¿Recuerdas que me dejaste un intercomunicador cuando me dejaste en la sala de las cámaras, antes de que me usaran de rehén también? Justo antes de que… -le costaba decir la palabra -de que… murieras…? Con la tensión del momento olvidé recogerlo… ¡Lo siento! -parecía realmente compungida. Incluso se le humedecieron los ojos.

- No te preocupes. Afortunadamente cada intercomunicador cuenta con un sistema de autodestrucción para estos casos. No es la primera vez que pierdo uno, así que decidí ponérselo para futuras misiones. Tan sencillo como apretar un botón y todo estará como nuevo.- Sonreí a Ersy. Ella no tenía la culpa. Suficiente trauma se había llevado al verme “morir” en sus brazos. Además, era imposible enfadarse con ella.- En fin, pongámonos manos a la obra. Te llevaré a donde me digas y mantendremos el contacto para el viaje y futuras operaciones. Coge el casco, nos espera un viajecito muy movidito.

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MensajeTema: Re: Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega]   Excursión al museo (Planaria, Tanith) [Marvel, post-Omega] Icon_minitime13th Junio 2014, 16:04

Ersy le dio la dirección de un bonito apartamento rústico en el casco histórico de la ciudad propiedad de la rama materna de su familia. Tuvieron suerte de usar la moto: la proximidad de la fiesta nacional había convertido el barrio en un hervidero de actividad turística. Los puestos ambulantes de salchichas y patatas adornaban las calles con su delicioso olor que se colaba por el paladar y hacía la boca agua. Como estaban a mediodía, Ersy se empeñó en invitar a Positrón a almorzar de uno de dichos puestos antes de entrar en casa.

La vivienda había estado en deshuso hasta que Ersy y su madre llegaron. Pero eso no implicaba su abandono: mantenía el mobiliario básico y algún que otro armario, así como una gran televisión de plasma en el salón comedor. Quizás necesitaba una manita de pintura, pero las paredes no estaban en absoluto en mal estado y alguien había limpiado a consciencia. Además, la casa contaba con climatización, suavizando la temperatura nada más poner un pie dentro.

- ¡Ya estoy en casa, mamá! -saludó Ersy al entrar e invitar a Positrón a pasar con un gesto -¡He traído a un amigo nuevo!

Droidcat saltó de la mochila al suelo dando un fuerte golpetazo y sin hacerse daño. Sus ruedines crujieron un poco cuando salió pitando hacia el salón, de dónde procedía la voz en off del telediario, informando de los últimos acontecimientos ocurridos en el museo de Munich. Nadie aparte del presentador respondió, aunque si se escucharon unos murmullos solapados con la tele.

Pasaron del recibidor al comedor. Dándoles la espalda estaba el sofá, frente a la televisión. Dos sillones orejeros lo acompañaban a ambos lados y en el centro de la disposición había una pequeña mesita de cristal. Por el lado derecho entraba la luz a raudales por un gran ventanal que daba a la calle, junto al que estaba una gran mesa de madera de pulcro acabado y hasta seis sillas en derredor. Droidcat saltó para poder asomarse por encima del respaldo del sofá, al lado de una cabeza rubia cn el pelo recogido en un elegante moño de andar por casa. La tele se apagó, y la dueña del moño se giró hacia ellos. A Planaria le sonaba muchisimo aquella cara, pero le resultaba imposible ubicar de dónde. La había visto en alguna otra parte, eso seguro. Tenía los mismos ojos azules de Ersy, aunque con bastantes años más. Su rostro era igual de delicado.

- Hola, Ersy, cariño. ¿Cómo se llama tu amigo?

- Planaria Glámez, señora. A su servicio.- Le ofreció la mano.

La madre de Ersy se levantó, rodeó el asiento y le estrechó la mano. Iba con un conjunto de una pieza negro que le sentaba como un guante. Bien podría pasar por una versión mucho más madura de Ersy, aunque con más “pechonalidad” de la que la joven podría soñar tener. En la lotería genética le habían tocado más genes de su padre que de su madre, y ese en concreto era uno de los que más acomplejada la tenían, aunque no pensara mucho en ello. Su aspecto infantil también jugaba una gran baza, pero en eso no había salido a ninguno de los dos.

- Yo soy Ingrid, la madre de Ersy, encantada -tenía una sonrisa cortés y profesional, un poco fría, pero que recuperó la templanza en cuanto se volvió a su hija -¿Te lo has pasado bien?

Ersy asintió con la cabeza.

- ¡Si! Ha sido muy divertido -con disimulo, Ersy le guiñó un ojo a Planaria -¡Pero hemos sido buenos!

- Ya veo. Esta noche iremos al Oktoberfest. ¿Te gustaría venir con nosotras, Planaria?

- Bueno, soy un amante de la cerveza como pocos, no lo negaré. Pero desgraciadamente tenemos la casa hecha un desastre. Sufrimos un incendio hace poco y estamos remodelándola todavía. Agradezco de corazón la invitación, pero me temo que tengo que rechazarla.

- ¡Vaya! -a Ingrid le sorprendió oír aquello - ¡Cuánto lo siento! ¿Está toda tu familia bien?

- Sí, sí. Afortunadamente estábamos fuera cuando pasó.- miró un momento al suelo y luego volvió a dirigirse a la señora.- Todo quedó en un simple susto, gracias a dios.

- Bueno, espero entonces que lo arregleis pronto. Estaremos por aquí una semana y media, así que, si quedais, más te vale cuidar de mi hija -con gesto protector, Ingrid le pasó el brazo por los hombros a Ersy.

- No se preocupe, está en buenas manos.

- Eso espero. Bueno, voy a la cocina. Seguro que habeis comprado algo en los puestos de fuera y eso no es suficiente almuerzo. ¿Te quedas, Planaria?

- ¡Oh! Me encantaría de corazón, y me siento mal por rechazar tantas invitaciones. Pero tengo que volver a casa a ayudar con toda la obra. Pero bueno, supongo que habrá otra ocasión donde esté menos ocupado. Gracias por su tiempo y espero no haberles causado ninguna molestia.

- Claro, lo entiendo. Encantada de conocerte, Planaria. Nos veremos en otra ocasión.

Tras darle un beso a su hija en la mejilla, Ingrid desapareció por el ángulo ciego del salón dirigiéndose hacia la cocina. Ersy esperó un rato antes de hablar, haciéndolo muy bajito.

- ¡Le has caído bien! Es una pena que no puedas venir… ¡Pero tenemos que quedar! ¡O me enfadaré! Tengo tu teléfono, así que si tengo algún problema, llamaré. Y también funciona al revés

La joven se sacó del bolsillo una tarjeta que le dió a Planaria. En ella, en letras grandes y con un dibujo de un gatito en una esquina, ponía:


Doctora Ersebeth Lawrence
Ingeniera electrónica
Teléfono: xxx-xxx-xxx
- Por cierto, gracias por traerme. Ahí tienes mi móvil. ¡Que me llameis! Ahora soy vuestra asesora, esté donde esté. Pero, sobre todo, quiero ser vuestra amiga. ¿Vale?

- Claro, te llamaré no te preocupes. Como tardísimo pasado mañana para el tema de los billetes. Y lo siento por no quedarme, pero de verdad tenemos una liada en casa de las buenas.- Le guiñó un ojo y se despidió de la chica rubia.- Cuidate, Ersy, nos veremos pronto.

Antes de marcharse, Ersy le abrazó con fuerza y le despidió con la mano desde la puerta de su apartamento. Cerró y volvió a la casa cuando su madre la llamó desde la cocina. Droidcat se unió a la conversación sentado a los pies de su ama.

- ¿Ya se ha marchado?

- Si, mamá. ¡Es muy simpático! Me ha caido bien.

- Ya lo he notado -La campana extractora estaba funcionando a pleno rendimiento mientras ella iba de aquí para allá preparando la comida con movimientos medidos y calculados -. ¿Me vas a contar tú lo que has liado en el museo, o voy a tener que seguir pendiente de lo que diga el telediario?

Ersy dejó caer los hombros. No quería que Planaria se marchase por eso, porque tenerle allí había retrasado el interrogatorio de su madre. Acabaría llegando, claro, pero no con él delante.

- Hicimos lo que pudimos para detenerles, mamá. Pero las cosas se torcieron un poco. Eran profesionales…

- Ya los vi. Y espero que no vuelva a pasar. No he venido aquí para seguir enfundándome la armadura ni para que tu te dediques a hacer la heroína. Estamos de descanso. Las dos -hizo especial hincapié en eso último.

- Sí, mamá… ¿Estás enfadada?

- En absoluto. Anda, ayúdame con esto. Quiero dejarlo todo preparado antes de irnos esta noche a la fiesta.

Ersy se puso manos a la obra, aunque se le diera mejor la tecnología que la cocina. Trabajaban en silencio, pero eran dos engranajes que encajaban a la perfección. Por ahora, Ersy debía conformarse con eso: asesorar a otros, ayudar a los demás y proteger al mundo desde las sombras.

Aunque sabía que, algún día, sería la asesora de Sköguld, la valquiria. Y esa era una de las metas que tenía la pequeña. No veía el día en el que pudiera trabajar codo con codo con su madre para salvar a la humanidad.

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