Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 A box full of sadness (Dinah Lance) [18/04/2019]

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Aidan Doyle
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Aidan Doyle

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MensajeTema: A box full of sadness (Dinah Lance) [18/04/2019]   A box full of sadness (Dinah Lance) [18/04/2019] Icon_minitime13th Septiembre 2019, 01:10

(Este tema ha sido roleado en privado con la usuaria que lleva a Dinah Lance)

Dinah se dirigía a la floristería con la pequeña Lian en el carrito. Estaba cansada; unas ojeras oscuras ensombrecían sus ojos, claros y algo enrojecidos. Hablaba dulcemente a la pequeña, pero para quien estuviera familiarizado con esas sutilezas, tenía la voz un punto ronca. Distraída con la niña y sus pensamientos, no se dio cuenta de que había un hombre mirando a través del escaparate. Rebuscó en los bolsillos de su cazadora de cuero con tachuelas en los hombros hasta dar con unas llaves que tintinearon en sus manos. Entonces alzó la mirada y vio al hombre en pie frente a la tienda.

Era joven, bien parecido, con el cabello castaño oscuro y unos llamativos ojos azules. Iba vestido de negro: pantalones, botas, camiseta simple lisa y chupa de cuero.

- Hola -dijo, insegura.

- ¿Es usted la dueña de la tienda? Qué coincidencia, pensaba que no abriríais hoy tampoco. Llevo un par de días en Seattle y siempre la había visto cerrada

Dinah se abofeteó mentalmente. La floristería tenía unas ventas decentes; no tendría que haberla descuidado. El chico llevaba varios días en la ciudad y se había encontrado las puertas de Sherwood cerradas todos y cada uno de ellos. Había venido a comprobar que todo estuviera en orden y a recoger algunas cosas con la idea de volver a marcharse enseguida, pero era consciente de que, en el frenesí de los últimos días, había olvidado poner un cartel para avisar a sus clientes, algo en la línea de: “cerrado por asuntos personales”. No era justo, pensó, echar a aquél chico sin más, o esperar a que se fuera ahora que la había visto con las llaves en las manos.

- Sí, soy yo -respondió, y le resultó más fácil esta vez; era como si la voz se le hubiera oxidado, y empezara a funcionar mejor al usarla de nuevo-. Lo siento mucho -añadió-. Han sido días... complicados. ¿Puedo ayudarte? Estamos cerrados... -eso, al menos, era obvio por el cartel de “CLOSED” al otro lado del cristal-, pero, ya que has venido hasta aquí... -dijo haciendo lo posible por sonreír.

El hombre le devolvió la sonrisa, y lo cierto es que era una sonrisa agradable.

- No pensaba tardar mucho, solo querría echarle un vistazo a una de las cajas de bombones que tiene ahí. Si me permitiera entrar le estaría agradecido. Seré breve, se lo prometo.

Aunque Canario estaba ahora aún más sorprendida por su persistencia (¿merecía la pena esperar tanto para comprar unos bombones?), eso sólo reforzó la decisión de atenderlo.

- No hay problema, tómate el tiempo que necesites -dijo introduciendo la llave en la cerradura y haciéndola girar para abrir la puerta. Sonó una campanilla, y el olor dulce de las plantas que descansaban en el interior les recibió. La tienda estaba iluminada por la luz del sol a través del cristal del escaparate y una claraboya del techo. Dinah  se volvió justo a tiempo para ver al joven inclinarse ante a Lian con una sonrisa extraña, mezcla de ternura y... ¿tristeza?

- Hey, hola bonita; ¿como te llamas?

La niña respondió a las preguntas con una serie de gorgoteos que no sonaban muy distintos a “papá” y una sonrisa que reflejaba la del hombre.

- “Me llamo Lian” -sonríó Dinah, desde la puerta, aportando los subtítulos. El acento del hombre le resultaba agradable. La niña reconoció el nombre, se echó a reír y lo repitió-: Li-aaan, eso es -se apartó de la puerta para acercarse al carrito y el hombre sonrió ampliamente acariciándole la cabeza.

- "Hija del sol". Es un precioso nombre, quien te lo pusiera tuvo buen gusto -dijo mirando a Dinah, obviamente pensando que la niña era su hija.

- No lo sabía... - el nombre lo había elegido Cheshire, la madre, y lo más probable es que su origen fuese asiático y no gaélico, pero "Hija del Sol" resultaba adecuado, en cierto modo-. La verdad es que le queda bien... el padre es pelirrojo, y con mucho carácter -explicó riendo con suavidad. Había hablado en presente. Sabía, necesitaba creer que Roy estaba bien. Para ella, era igual que un hijo, y no podía perderlos a ambos, a Flecha y a Speedy. Simplemente no podía. Por eso se decía, noche tras noche, mientras dormía a la pequeña Lian sobre su pecho, que su pelirrojo estaría bien

- Y lo mejor de todo es que es de origen gaélico, como el mío. Yo me llamo Aidan -se levantó y le tendió la mano a la rubia, sonriendo.

- ¿Aidan? Qué bonito. ¿Eres irlandés? -inquirió estrechando la mano que el hombre le tendía.

- Sí, irlandés -esbozó una sonrisa un tanto forzada ésta vez-. Mi mujer y yo vinimos a este país buscando nuevas oportunidades, pero... -se detuvo. No se le ocurría como terminar la frase sin que sonara como algo que no debería contarse a una amable dependienta a la que conocías de hacia literalmente dos minutos sin que saliera corriendo-. Digamos que no salió como esperábamos.

- Siento oír eso -dijo Dinah, y lo decía de verdad-. Lo llaman la Tierra de las Oportunidades, pero no es un país fácil -casi podía oír a Ollie en una de sus diatribas acerca del capitalismo. Lo echaba de menos, incluso cuando hablaba de política.

- Ya es agua pasada -el hombre se metió las manos en los bolsillos, algo incómodo con el rumbo que había tomado la conversación-. ¿Qué edad tiene la pequeña? -preguntó, por cambiar de tema.

- Dos años -respondió ella.

- Dos años... -la sonrisa desapareció de su rostro, como si una nube acabara de velar el cielo de sus ojos-. Es la misma edad que tenía mi hijo cuando... -sacudió la cabeza, como despejando un pensamiento. Después se volvió directamente a una de las estanterías y cogió una bonita caja de bombones metalizada en forma de corazón bajo la atenta mirada de la superheroína.

¿Cuando qué?, le habría gustado preguntar, pero sabía que no podía. No se le ocurría ningún final bueno para esa frase. Por eso tampoco se atrevió a preguntar el nombre del hijo de Aidan, ni nada más. Se limitó a quedarse en el mostrador mientras él paseaba por la tienda y miró con curiosidad la caja de bombones que le trajo. El dibujo frontal representaba un pergamino antiguo en gaélico, y en el centro había un uroboros tal como se concebían en la Edad Media: con la forma de un dragón.

- La verdad es que la caja es muy bonita, pero no sé si esperaría tres días para poder comprarla -dijo riendo.

- Oh, bueno, estoy un poco obsesionado con los uroboros -dijo él a modo de justificación, y su tono se fue volviendo lúgubre a medida que hablaba-.  Ya sabe: muerte y renacimiento, la lucha eterna, la condena sin fin, la certeza de que nada de lo que hagas servirá para nada, cual Sísifo arrastrando la misma maldita piedra una y otra vez colina arriba solo para ver cómo continuamente se le escapa y tiene que empezar otra vez...

Ella le miró, comprendiendo el atractivo del símbolo pero, al mismo tiempo, incómoda con la descripción. No le gustaba el concepto de condena sin fin.

- No recordaba... -miró la caja, pensativa- ¿Son para alguien especial? ¿Quieres acompañarla de unas flores? -añadió, amable.

- No, no será necesario -respondió él, concentrado en lo que tenía entre las manos-. ¿Le importa que la abra? Voy a pagarla igual.

Sin esperar confirmación, abrió el precinto y volcó los bombones sobre el mostrador sin mirarlos siquiera, ante la mirada atónita de la florista, que se quedó completamente en blanco. ¿Qué se supone que estaba...?

- Si, valdrá -añadió para sí tras inspeccionar el fondo-. Los bombones puede quedárselos, considérelo un bonus por su amabilidad. Tenga, cóbrese.

Lian interpretó la escena como un juego, y su carcajada devolvió el sentido de la realidad a Dinah, que cogió la tarjeta que le tendía Aidan y la pasó por el lector, aún sin comprender. Mientras esperaba a que se completara la transacción, Aidan miró a la niña, divertido.

- ¿Puedo darle uno a la pequeña o tiene alguna alergia?

- Claro -respondió ella, aún con la cabeza en otro sitio-. No es alérgica a nada. Roy siempre la soborna con chocolate.

Aidan inclinó ligeramente la cabeza, mirándola con curiosidad.

- Disculpe, ¿le ocurre algo? No he podido evitar notar que parece algo... preocupada. ¿Es por toda esta mierda de la invasión?

Su mirada se endureció ligeramente cuando mencionó la WWD.

- ...Bueno... han sido días muy difíciles. He... - su voz se quebró antes de lo que ella habría querido-. He perdido a alguien hace poco. Por eso pensaba... cerrar unos días, descansar un poco -con un gesto englobó toda la tienda.

Aidan estaba a punto de marcharse, con la caja bajo el brazo, pero pareció pensárselo un momento ante las palabras de la dependienta, y, finalmente, volvió a soltar el recipiente sobre el mostrador.

- Mira -empezó, abandonando así el tono formal para pasar a uno más cercano y cálido-: yo también he sufrido una perdida reciente: mi mujer y mi hijo, en un accidente de coche...

La historia hizo palidecer a Dinah, y, por primera vez, sus ojos secos adquirieron un matiz vidrioso:

- Lo siento mucho... eso es... Dios, eso es horrible. Lo lamento -un accidente de tráfico. Y los perdió a los dos. Eso sí era mala suerte. Dinah, que había tendido su mano para devolver la tarjeta a Aidan, conviertió el gesto, tras dejar el rectángulo de plástico a un lado, en un suave apretón sobre el dorso de la de él en un gesto natural, de condolencia, lleno de empatía y tristeza compartidas-. Si puedo hacer algo...

- No... -su mirada se desvió hacia el gesto que había iniciado ella, como sorprendido ante el contacto humano inesperado-. Más bien quería... ayudarte yo. Esta caja... -volvió a mirar el uroboros antes de enfocar otra vez los azules ojos de la florista-. Cuando mi hijo tenía ocho meses le hicimos el molde de las manos en yeso y ahora, cada vez que viajo me gusta llevarlo conmigo y así por las noches antes de acostarme puedo tocar su manita otra vez, sabes? -por un instante pareció al borde de las lágrimas, pero lo disimuló con rapidez desviando la mirada de nuevo hacia la caja-. Cuando la vi pensé que sería magnífica para meter el yeso dentro y que no se rompa, y cuando esté de vuelta en Santa Mónica le puedo poner un pie de plato para dejarla en la estantería, como un marco. La forma de corazón viene perfecta para eso. Tendré que limarlo bastante para darle la forma y conseguir que quepa en la caja pero tengo mucho tiempo libre entre concierto y concierto, así que... -se mordió ligeramente el labio inferior mirando a la chica. ¿A quién habría perdido? ¿Al padre de la niña? ¿Ese tal Roy? No quería imaginar lo difícil que debía ser criar a un niño tan pequeño a solas. Y cuando la niña preguntara por su padre debía ser desgarrador...-. Lo que quiero decir es que... si te apetece, podríamos quedar algún día para...recordarlos juntos. Podrías ayudarme a limar el yeso para que encaje, y a cambio yo podría ayudarte a crear algún recuerdo para la persona que hayas perdido. Sé por experiencia que estás cosas ayudan a sobrellevarlo.

Su tono era completamente sincero, y se notaba que no estaba intentando ligar de ninguna manera. Era una invitación que le podría haber hecho de la misma forma a un hombre. Una especie de... ritual. Compartir el dolor con otra persona. Con un desconocido, alguien que no sabía nada de Oliver Queen, ni de la Liga de la Justicia. Alguien que no la consolaría con un “murió como un héroe”, como si tuviera que estar orgullosa de no poder volver a abrazarlo. Y no era sólo Ollie. Eran también las otras pérdidas; amigos de Dinah, sus compañeros de armas. Ella misma podría haber muerto esa noche. Una vez más, no incluía a Roy. Hasta que no le dijeran que había muerto, no pensaba darlo por perdido. Estaba luchando, en alguna parte; estaba convencida de ello. No podía perder la esperanza.

- Claro -dijo, sencillamente. Tomando una tarjeta de Sherwood, le dio la vuelta y anotó un número: su teléfono móvil-. No sé dónde estaré estos días. Hay cosas de Oliver que tengo que... arreglar. Papeles y todo eso. Pero si te quedas más tiempo en Seattle, o si coincidimos en otra ciudad; o si simplemente quieres llamar y hablar con alguien... - Dinah se encogió de hombros.

¿Oliver? ¿Ese era el fallecido? Pero si el padre de la criatura se llamaba Roy... ¿quién podía ser aquél Oliver? ¿Su hermano? ¿Algún primo? ¿Un compañero de negocios? Sólo así se entendería que tuviera papeles que arreglar, pero no quería ser indiscreto adentrándose más en un terreno que era claro que resultaba doloroso para la rubia. Si quería que lo supiese, se lo contaría ella misma cuando estuviera preparada.

- Bueno, tengo programados conciertos los próximos fines de semana, así que estaré por aquí mínimo dos o tres semanas más, así que...

- ¿Conciertos? -preguntó Dinah, como aterrizando-. ¿Tocas en un grupo? ¿Cómo se llama? -la curiosidad era genuina. Por el atuendo de ambos, era muy probable que sus gustos musicales coincidieran-. A lo mejor debería haberte reconocido... pero me quedé estancada en la música de los ochenta y no seguí evolucionando -confesó riendo.

- Deamhan -respondió él, sucinto-. Symphonic power metal -se echó a reír cuando mencionó que se quedó estancada en los 80-. Entonces no creo que nos conozcas, somos relativamente recientes -en realidad, que no les conociera era divertido, tanto que omitió sacarla de su error y revelarle que en realidad era el cantante principal de la banda, no uno de los músicos-. Toma -se sacó del bolsillo de la chupa una entrada-. Tengo de sobra. Es para este fin de semana, ¿vendrás?

- Si las circunstancias me lo permiten y tengo canguro para la peque, vendré -prometió, cogiendo la entrada.

Aidan cogió otra tarjeta de la tienda y apuntó un nombre en ella.

-Éste es el hotel donde me alojo. Avísame cuando te apetezca desconectar... -hizo un gesto con el índice como si se hubiera olvidado algo, señalando hacía ella como si de una pistola se tratase-. No llegaste a decirme tu nombre.

- Oh... es Dinah. Me llamo Dinah -respondió, alzando ligeramente las manos con las palmas hacia él.

- Genial. Espero verte pronto.... Dinah -llevándose dos dedos a la sien, hizo un gesto de despedida amistoso y se marchó, no sin antes acariciar el pelo de la pequeña.

- Hasta pronto, Aidan -se despidió ella.

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