Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)

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Hellboy
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MensajeTema: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   26th Octubre 2016, 01:49



Buenas noches, queridos omegueros... Pasad, pasad, no seáis tímidos... Que no os asuste mi apariencia ni este demonio que está a mi espalda, pues no os dañará mientras yo esté aquí. Como sabéis, la noche más terrorífica del año se acerca, y como era de esperar estaré hasta arriba de trabajo. No he podido evitar escuchar entre tantos informes del B.P.R.D que se preparan para este lunes que algunos os creéis muy escalofriantes y que os gusta asustar a los demás... ¿Creéis que sois capaces de asustarme? ¿Que tenéis la madera suficiente para que se me pongan los pelos de punta? ¿Por qué no me lo demostráis... En un concurso?

Así es queridos amigos, un concurso. Un concurso terroríficamente escalofriantes, espeluznantes, aterradores... Pero también podría ser terroríficamente divertido, absurdo, entretenido... ¿Que a qué me refiero? Nada más y nada menos que al CONCURSO DE RELATOS DE HALLOWEEN.

Reglas:

1) Se deberá escribir un relato ambientado en la noche de todos los santos con personajes pertenecientes a Omega. Podéis usar a todos los personajes que consideréis apropiados, pero el protagonista del relato debe ser uno de vuestros personajes. Estos relatos no pertenecerán al canon de Omega. El relato será colgado a continuación de este mensaje y sólo se podrá escribir uno por user. CUALQUIER MENSAJE QUE NO SEA UN RELATO SERÁ ELIMINADO.

2) El relato deberá constar de un máximo de 5000 palabras (unas 50 líneas) y un mínimo de 1000 y se valorará la ortografía y la capacidad narrativa. Esforzaos un poco que no cuesta nada.

3) Únicamente podrán participar aquellos personajes que tengan aceptada la ficha.

4) El plazo finaliza a las 6:00 A.M hora española del martes 1 de noviembre. Los que seáis del otro lado del charco aseguraos de qué hora es en vuestro país.

5) Es altamente recomendable que todos los users cambien sus avatares por uno de Halloween para darle más ambiente al foro.

6) El relato no tiene por qué ser de miedo. Puede ser cómico o de misterio siempre y cuando la temática de Halloween esté presente.

El ganador del concurso será publicado a lo largo de las siguientes semanas tras una votación por parte de la administración. Quién sabe, es posible que el ganador sea recompensado con algún tipo de premio... Dicho esto, ¡que comience el concurso! Cualquier duda que tengáis no dudéis en preguntármela vía MP.

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MensajeTema: Re: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   27th Octubre 2016, 16:40

Queridos omegueros, cometí un error en las normas que he arreglado. No era un mínimo de 5000 palabras, sino un máximo de 5000. Perdonad. Lo demás sigue igual.

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Ahri'ahn

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MensajeTema: Re: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   30th Octubre 2016, 23:38

Posiblemente Halloween fuese la época del año preferida para Josh. Era, con mucho, el mejor momento para ligar. Sólo tenía que salir por ahí, amparado en la magia del disfraz y hacerse el interesante, jugar su papel. Las chicas solían volverse locas ante el misterio. Era como una especie de juego de rol; siempre funcionaba. Además, la ocasión era más que propicia: decoración escalofriante, supersticiones y cuentos sobre brujas, la oscuridad, la luna, el tenebroso ambiente general y alguna peli de miedo y... ¡bam! No tardaban en caer en sus brazos en busca de protección. Y una cosa llevaba a la otra y... Ah, sí... Halloween era la mejor época del año para cazar. Y Josh ya le había echado la vista encima a una presa.

Se trataba del típico garito pseudo gótico que, paradójicamente, en la época más gótica del año, escogía poner una música de lo más comercial para atraer al mayor número posible de pardillos dispuestos a despilfarrar su dinero. Tenía que reconocer que, pese a todo, se habían currado la ambientación. Gigantescos pósters de Victoria Francés decoraban las paredes, junto a una de las cuales reposaba un antiguo piano de madera con un esqueleto sentado en el sillín. Entre columna y columna colgaban telas de araña, había murciélagos de pega colgados del techo y el resto de la parafernalia habitual. Hombres lobo, zombies, momias, vampiros y brujas bailoteaban en la pista, todo el mundo estaba feliz, de celebración... Excepto una.


A primera vista parecía la única que no iba disfrazada, aunque no desentonaba en absoluto con la decoración del lugar; corpiño ajustado negro, cinturón de tachuelas, mangas transparentes de brocado, guantes de terciopelo que le llegaban hasta más allá del codo, cabello largo y lacio, grandes ojos muy perfilados, uñas pintadas de negro, pantalones ajustados, botas altas de plataforma... típico look gótico.

Estaba sentada sola en una mesa apartada, contemplando con aire ausente la copa de vino que tenía delante. Una presa sóla en un ambiente festivo solía ser por lo general una presa fácil, y lo cierto era que la muchacha no estaba nada mal, así que no se lo pensó dos veces y se le acercó.

- Buenas noches, hermosa dama. ¿Qué hacéis tan sola?

Completamente metido en su papel, hizo una reverencia quitándose la chistera y, con gesto estudiado, se sacó una rosa negra artificial de la solapa y se la ofreció, galán.

- La tristeza es como un vampiro que absorbe la sangre de la vida hasta hacerla morir... No deberíais estar sola en una noche como ésta...

La muchacha alzó la mirada hacia él y sonrió, pero era una sonrisa triste.

- ¡Vaya, pero si es el conde Stradh Von Zarovich! -dijo en tono jocoso-. ¿De qué película te has escapado, Gary Oldman? ¿Le sueltas eso a todas las chicas con las que pretendes ligar?

Vaya, así que además de guapa también era inteligente, sin embargo, a pesar de las palabras, la sonrisa aún le bailaba en los ojos y no parecía disgustada, así que decidió jugarse el todo por el todo.

- No a todas -replicó, bromeando en el mismo tono-. Sólo a las que son tan bonitas como tú. Me llamo Josh, ¿puedo sentarme?

La chica se encogió de hombros.

- Amanda. ¿Por qué no? Mañana a estas horas estaré muerta, y pasar sola mis últimas horas apesta, así que adelante, siéntate, conde Drácula.

Algo más resultaba evidente: estaba borracha como una cuba. Josh atribuyó aquellas palabras al alcohol mezclado con depresión, combinación por lo general peligrosa pero que solía brindar excelentes oportunidades en el terreno sexual, y, como buen cazador, nunca dejaba pasar una oportunidad. Se sentó cruzando las piernas y apoyó el bastón contra la mesa.

- ¿Vino? -ofreció ella, cogiendo la botella que había situado a un lado. Josh observó que le faltaba más de la mitad. Asintió.

Está bien, picaré...

- Y dime, Amanda, ¿por qué crees que vas a morir?

- No lo creo, lo sé -afirmó categórica mientras le llenaba el vaso.

- Caramba, sé que estamos en Halloween, pero... ¿no te lo estás tomando un poquito demasiado en serio?

- No... no es eso. No lo sé. He tenido desde siempre estos poderes, estas... visiones.

- Oh... ¿eres mutante?

Josh se puso en guardia. Desde siempre había habido gente con poderes en su universo, pero desde la Colisión el índice de "raritos" había aumentado exponencialmente y no tenía muy claro cómo debía sentirse respecto a eso.

- Nop. O eso creo. Mi ADN es normal. No "gen x" -contestó ella dando un golpecito a la copa con el índice-. No sé qué es lo que soy, pero sé que las visiones son reales.

Caramba. De repente la noche de Halloween se estaba volviendo de lo más auténtica.

- ¿Visiones? ¿De qué clase?

- Catástrofes, principalmente. Accidentes, tragedias... De cosas que sucedieron en el pasado o que van a suceder en el futuro. La mayoría de las veces son tan confusas que no acierto a saber si me encuentro en el pasado, el presente o el futuro. Pero últimamente... -tragó saliva-. Desde hace unos días han cambiado.

- ¿Quieres decir desde que se acercaba la fecha de Halloween? ¿De qué manera?

No me puedo creer que le esté siguiendo el rollo a una gótica borracha la noche de Halloween. Las cosas que hay que hacer para conseguir un polvo...

- Se han vuelto... más vívidas. Más reales -la muchacha contuvo un escalofrío-. Ya no son imágenes crípticas o simbólicas, sino vivencias que experimento como si me estuvieran ocurriendo a mí, de gente en el pasado. Diferentes personas, diferentes vidas, y sin embargo de alguna manera siento siempre como una especie de conexión. Todas ellas tienen algo en común: en todas soy perseguida o acechada por alguna clase de bestia demoníaca -se volvió a estremecer, ésta vez con mayor intensidad-. En algunas muero, en otras no, pero siempre acaba... mal... Y sé... lo sé... que lo mismo me va a suceder a mí. Que es mi poder, advirtiéndome. Es un presagio, lo sé. Las visiones cada vez son más seguidas, más intensas... Sé que voy a morir. Lo noto...

La muchacha intentó rellenarse la copa, pero temblaba tanto que la botella se le cayó, resbaló sobre la mesa y se hizo añicos contra el suelo. En su intento por evitar que cayera, perdió el equilibrio, se golpeó contra la superficie de madera y estuvo a punto de caerse de la silla. Cuando Josh la sostuvo entre sus brazos sollozaba como una niña.

- Voy a morir... lo sé...

Dios... estaba tan asustada... Josh podía ser un bastardo en ocasiones, pero no dejaba de ser una persona, y aquello le afectó incluso a él.

- Eh... escucha... Te llevo a casa, ¿vale?

* * * *

Durante el resto del trayecto la chica no pronunció palabra alguna. Se dejó conducir en el asiento del copiloto como si de un zombie se tratase. Pálida, lívida y sin mirar hacia ningún lugar en concreto. Josh la dejó en la puerta de su casa y se dispuso a irse, pero ella entonces reaccionó y le sujetó del brazo.

- No te vayas -musitó, contemplándole con aquellos enormes ojos implorantes-. Quédate conmigo.

* * * *

Año 1347 a. C. Tebas.

La posta de las caravanas era el punto de encrucijada de las numerosas rutas que unían Egipto con otros lugares del mundo civilizado. A pesar del aspecto funcional y rudimentario de los pocos edificios diseminados bajo un sol de plomo, ningún viajero dejaría de detenerse al menos durante un día para hacer acopio de alimentos, bienes y noticias. Allí se hablaban toda clase de lenguas; entre la multitud abigarrada y cosmopolita se mezclaban señores bereberes orgullosos y altivos procedentes del extenso desierto al oeste; mercaderes cretenses que habían cruzado los mares para hacer comercio y contar las hazañas de sus guerreros y sus atletas; sabios egipcios deseosos de dirigirse al norte para consultar los pergaminos celosamente guardados en Menfis; reyes nubios aún fieles al faraón Akenatón hasta el punto de haber cruzado los tupidos bosques del sur con sus monturas cargadas de oro para rendirle homenaje. Lo que no se veía por ninguna parte eran mujeres.

Según se decía, la grandeza de una civilización se mide por el lugar que asigna a una mujer, y en ese sentido, el Egipto de los faraones era de las sociedades más igualitarias de la época. La mujer era ama de casa, pero era la que se ocupaba de administrar los bienes de la familia y la que tenía plena potestad al atravesar las puertas del hogar. También tenía derechos reconocidos y podía obtener el divorcio si así lo deseaba. Sin embargo, a pesar de todas estas virtudes, habría sido impensable ver a una mujer cabalgando sola por el desierto, razón por la cual has tenido que cubrirte a ti misma con una ilusión simulando ser un hombre. Es de los hechizos más simples que te enseñó tu abuelo, y apenas te cuesta trabajo mantenerlo.

Una vez en la posta, te detienes a preguntar por alguna caravana que se dirija al norte, hacia las pirámides. Hasta ahora has tenido suerte, pero quién sabe qué peligros podrías encontrar en la larga cabalgada, y aunque tu poder es grande, no sirve de mucho contra varios enemigos que atacan al unísono, ya que necesitas tiempo para conjurar los hechizos, y a menudo sueles quedar agotada después de lanzar alguno especialmente poderoso, por lo que la protección de la caravana no te vendrá mal. Por desgracia, la que va en la dirección que necesitas ha salido ya, y la siguiente no parte hasta dentro de seis días, pero tampoco tienes prisa, así que llegas a un acuerdo con el posadero del lugar: comida y albergue a cambio de ayudarle a reparar el techo de la posada, a punto de derrumbarse.

Cuando finalmente llega el día, te diriges al lugar indicado y hablas con el vigilante, que se ocupa de llamar al jefe de la caravana, un hombre tosco y desabrido con las placas de cuero de la armadura repletas de arañazos. Una vez manifestado tu propósito, éste asiente:

- Extranjero, tendrás que pagar el precio del pasaje en su totalidad aunque no nos hayas acompañado desde Tebas -te advierte-. La caravana te aportará protección y seguridad. Te permitirá descansar y llegar a buen puerto.

Aceptas y te pide que elijas una montura de entre las que tiene disponibles. Tú lo rechazas explicándole que ya traes la tuya propia, y le muestras tu alazán blanco. El jefe de la caravana no puede ocultar su sorpresa:

- ¿Cómo? ¿Te ofrezco los mejores camellos y prefieres un animal de tiro?

Sonríes acariciando la crin de tu fiel yegua.

- En el lugar de donde vengo, los caballos son animales de montura, amigo. Quién sabe, quizá algún día tú y tu pueblo los uséis también -le dices con un guiño.

El hombre se queda perplejo y te dirige una mirada extrañada, pero no dice nada más.

La caravana de pone finalmente en camino y avanza lentamente a través de interminables extensiones de arena dorada. El primer día transcurre sin incidentes pero, al comienzo del segundo, el grito repentino de un camellero desata las alarmas y no te cuesta averiguar el por qué: una tormenta de arena parece aproximarse al grupo a gran velocidad. La nube crece rápidamente en tamaño y densidad hasta que resulta imposible ver más allá de cuatro pasos, pero incluso a pesar de eso puedes constatar que no se trata de una tormenta de arena normal...

La duna a tus pies se agita con sobresaltos convulsivos que no pueden ser debidos a la tormenta. Seguidamente, y sin que puedas dar crédito a tus ojos, ves como una mano surge de la arena, sujeta la pierna de un jinete y lo arroja violentamente al suelo. Asombrada, ves cómo el hombre lucha, tratando de escapar de la fuerza inexorable que lo aproxima a la muerte hasta que, finalmente, desaparece por completo devorado por la arena.

La criatura responsable termina por aparecer ante ti; se trata de un ser bípedo con pezuñas y una poderosa garra en el brazo izquierdo que usa para arrastrar a sus presas bajo la arena. El hedor a demonio es tan intenso como la densidad de la tormenta que os envuelve, y no tienes duda, a juzgar por los gritos que escuchas a tu alrededor, de que la caravana entera se encuentra bajo ataque.

- ¿Una mujer? -inquiere el demonio con voz gutural-. ¿La descendiente viva más directa del poderoso Arión es algo tan básico como una bestia femenina? Básico... y vulnerable -concluyó esgrimiendo la lanza.

No pierdes el tiempo en responderle. A tu alrededor la batalla transcurre encarnizadamente, y el olor del sudor y la sangre invade el ambiente. Bajas la cabeza, cierras los ojos y tiendes los brazos hacia delante con las palmas de las manos abiertas, los dedos separados y los pulgares juntos. Musitas las palabras del conjuro y tu mirada se ilumina con un poderoso fulgor verde. Un impresionante resplandor de brillante blancura estalla desde tu cuerpo en una onda expansiva. La tormenta de arena desaparece de inmediato y los hombres de la caravana supervivientes se miran unos a otros, estupefactos y sin entender lo que ha pasado. No queda ni uno solo de los demonios de arena, todos han sido transformados en estatuas de sal. Confías en que la tormenta haya ocultado tus actos y que los hombres nunca lleguen a averiguar lo que ha sucedido ese día, atribuyéndolo a la merced de los dioses.

- Básica y vulnerable... Ya -murmuras con fastidio. Descendiendo del caballo te diriges a la estatua del demonio que tienes más cerca y la golpeas con la espada, provocando una lluvia de sal que se mezcla con la arena como gotas de lluvia que se funden con el mar...


* * * *

Año 1535 d. C. Guipúzcoa.

El mar. Alzas la mirada con una mezcla de sentimientos encontrados cuando la nao atraca en el puerto de Deva, tu pueblo natal. Por un lado te alegra regresar al lugar que te vio nacer y en el que tantos recuerdos agradables conservas, pero por el otro, la noticia del fallecimiento de tu padre, suceso acaecido seis meses atrás, te llena de desconsuelo. Cuando te fuiste para explorar la Patagonia hace diez años no imaginabas que las circunstancias de tu regreso serían tan tristes.

La zona del puerto está inusualmente tranquila, con grupos de hombres charlando sosegadamente entre ellos. Al ser un pueblo pequeño reconoces a varios de ellos incluso a pesar del tiempo transcurrido, pero cuando haces ademán de acercarte, los grupos se disuelven o te apartan la mirada. Divisas a un antiguo amigo que palidece al verte, pero se detiene en lugar de marcharse apresuradamente como los demás.

- ¡Juan! -te saluda nervioso-. ¿Vienes por lo de tu padre?
- Sí, así es, Jurgi. He venido en cuanto me he enterado, pero la carta que me mandaron era parca en detalles. ¿Tienes un momento? Me placería saber exactamente qué ocurrió.

Tu amigo accede, y gracias a él te enteras de que el barco de tu padre, junto con toda su tripulación y su cargamento, desapareció mientras realizaba una travesía comercial siguiendo la corriente del río Deva. Mientras le escuchas, te da la sensación de que tu amigo se reserva alguna información y que parece asustado, pero no puedes obligarle a revelar lo que no quiere contar.

En un momento dado, se excusa y te deja con el corazón encogido. Ansioso por conocer la suerte que hayan podido correr los negocios de tu padre, te encaminas directamente hacia su casa, que se encuentra en el muelle de su propiedad. Cuando llegas, está cerrada. Los vecinos cerraron la vivienda cuando tu padre desapareció y ahora, al verte, te entregan las llaves. Al día siguiente te diriges al ayuntamiento y te presentas ante los patronos de barcazas que se encuentran allí reunidos. Te acompañan en el sentimiento por la pérdida de tu padre y se interesan por tus aventuras en la expedición de García Jofre de Loaísa.

Regresas a tu casa con el ánimo ensombrecido. Después de cenar, oyes golpear la puerta. Abres y te encuentras con una imponente figura que lleva una capa con la capucha alzada.

- Saludos, padre Aréizaga -su voz es chirriante, muy desagradable-. Poseo información que aventuro habrá de resultaros interesante... Información sobre la muerte de vuestro padre.

Lo sabías, sabías que Jurgi te ocultaba algo. Abres la puerta y dejas entrar al recién llegado, que se dirige hacia la mesa y se sienta. Para tu sorpresa, no se quita la capucha.

- Disculpadme, mas no me habéis dicho quién sois... -haces notar, algo molesto.

- Tan sólo un simple pescador, padre Aréizaga. Quiso el destino que me encontrara con mi barca detrás de la de vuestro padre cuando todo sucedió. Los necios del pueblo no han querido creerme, pero seguro que vos escucharéis al menos mi historia.

- ¿Qué historia? -inquieres, interesado a tu pesar, sentándote en la mesa ante él y tratando de vislumbrar, sin éxito, el rostro que se oculta bajo la capucha.

- Me encontraba, como os dije, pescando siguiendo la estela del barco de vuestro padre cuando, de pronto, comencé a escuchar exclamaciones y gritos de alarma procedentes de la cubierta, y, acto seguido, los soldados comenzaron a arrojar por la borda sus cotas de malla. Era de día, y pude ver bien que el agua siseaba y humeaba al entrar en contacto con ellas, como si estuvieran al rojo vivo. Un infeliz que llevaba un peto de planchas de metal saltó por la borda chillando y retorciéndose como si lo estuvieran quemando en una hoguera. Quise acercarme a averiguar lo que estaba ocurriendo y ayudar, pero una nube de insectos surgió de la nada y envolvió las dos barcazas. Estaba prácticamente a ciegas, pero os aseguro que vi grandes sombras surgir de entre la nube de insectos y abordar la embarcación en la que viajaba vuestro padre. Una de ellas se abalanzó sobre mí y me derribó en la cubierta. Cuando desperté seguí la corriente del río pero no pude encontrar rastro alguno de la barcaza.

Te tomas unos segundos para tratar de dilucidar si el hombre se está burlando de ti.

- ¿Qué es lo que pretendéis hacerme creer, exactamente? ¿Que las armas y armaduras de los soldados que custodiaban la mercancía de mi padre comenzaron a arder con fuego infernal? ¿Que alguna clase de entidad demoníaca invocó nubes de insectos antinaturales para atacar la barcaza? ¿Que ésta luego desapareció como por arte de magia? ¡Eso es herejía! Mi padre era un hombre de Dios, al igual que yo. ¡No podría haber hecho nada para atraer la atención de Satanás!

- No, él no...

El hombre se pone en pie, alto como es, y se despoja al fin de la capa haciéndote desear que nunca lo hubiera hecho, porque la monstruosidad que se alza ante ti no podía pertenecer a éste mundo. Posee espolones en lugar de manos, zarpas en lugar de pies, pinzas en lugar de mandíbulas, una cintura diminuta y un abdomen que termina en un aguzado aguijón. La piel es quitinosa y está teñida de verde.

Te incorporas de golpe, más aterrorizado de lo que has estado en toda tu vida, incluyendo aquella vez en la que habías tenido que alcanzar la costa metido en una caja de madera después de que tu barco naufragara en una tormenta. Tu rápido movimiento te ayuda a esquivar el golpe del espolón, pero no puedes evitar que la criatura te acierte con su aguijón, inyectándote su veneno. Tus músculos se contraen de dolor y caes al suelo, incapaz de moverte.

- Muerte a la progenie de Arión -musita siniestramente la criatura antes de abrirte la garganta.


* * * *

Amanda despertó en la semipenumbra de su habitación, totalmente empapada de sudor y con el corazón agitado. Al igual que cada vez, le llevó varios segundos ubicarse, separar sueño de realidad, volver a recuperar la conciencia de quién era y dónde se encontraba. Estaba en la cama de su dormitorio. Un vistazo a su lado le bastó para comprobar que el conde Drácula seguía dormido. Amanda no era tonta, le había visto las intenciones desde el principio, pero no podía negar que era un chico guapo, y dado que no sabía si todavía seguiría viva al día siguiente había preferido pasar la noche acompañada.

Se pasó la mano por los ojos, todavía asimilando lo que acababa de experimentar. Las visiones... ¡eran tan reales! Diferentes personas, diferentes sexos, diferentes profesiones, diferentes períodos históricos... Lo único que tenían en común era aquél nombre que se repetía una y otra vez: Arión. ¿Quién diablos era? La chica de su primera visión... era su nieta. Y el segundo... "muerte a la progenie de Arión", había dicho el demonio. ¿Se trataba de eso? ¿Algo o alguien estaba cazando a sus descendientes? ¿Y qué tenía que ver ella en todo eso?

Mientras lo pensaba y le daba vueltas fijó la vista en un triángulo de oscuridad que se había formado en el techo con los claroscuros de la habitación. Pronto se encontró pensando que la silueta estaba demasiado bien definida, demasiado perfecta, y se entretuvo tratando de averiguar qué mueble a contraluz habría podido generar aquella sombra en el techo. Llevaba así unos segundos cuando, de repente, el triángulo se movió... hacia abajo. Lo notó perfectamente. No se estaba desplazando, como cuando la luna cambia de posición y las luces avanzan con ella, se estaba... despegando del techo...

Negándose a creer lo que estaba viendo, deseando atribuirlo a un efecto del sueño que se negaba a abandonarla, se quedó petrificada observando con ojos como platos como la silueta se separaba más y más... hasta que la punta del triángulo apuntó directamente hacia la cama. Y cayó.

Amanda reaccionó sin saber todavía si estaba dormida o despierta. Con un breve grito de horror saltó de la cama dando un respingo y se apartó en el mismo instante en el que el triángulo de sombras se abatía sobre el lecho como la hoja de una guillotina, cortando el cuerpo de Josh por la mitad. La sangre salpicó en todas direcciones, empapando las sábanas y decorando grotescamente las paredes.

Amanda cayó al suelo de rodillas con la espalda pegada a la pared, lanzando chillidos de puro horror mientras las sombras del triángulo se difuminaban y volvían a unirse para tomar la forma de un oscuro encapuchado ante ella. Lo que no podían ser sino los huesos de un esqueleto eran lo único que podía distinguirse en aquél cúmulo de oscuridad antinatural, destacando macabramente entre las tinieblas. Los puntos de luz que refulgían más allá de las cuencas vacías de sus ojos se centraron en ella.

- La progenie de Arión debe morir -sentenció de manera lúgubre.

Aunque no llevaba más que unos panties de brocado negro y una camisola blanca holgada, Amanda no se lo pensó dos veces y corrió hacia la puerta del dormitorio sin dejar de chillar.

- No corras, Amanda... -canturreó el ser deslizándose con calma tras ella-. No tienes donde huir...

Como queriendo enfatizar éstas palabras, todas las puertas de la casa se cerraron de golpe. La muchacha, que se encontraba en el pasillo, bajó a toda prisa las escaleras y se refugió en la cocina, que comunicaba directamente con el salón.

- ¿No tienes curiosidad por saber las respuestas, Amanda? ¿A lo que eres? ¿Al por qué de tus visiones?

La oscuridad comenzó a filtrarse lentamente en la habitación y ella se apartó todo lo que pudo, hasta que su cuerpo chocó con la encimera. Tanteó con la mano, abrió el primer cajón y sacó un cuchillo de cocina.

- ¿Q... quién eres? -exclamó con un tinte de histeria en la voz-. ¿Por qué quieres matarme?

- El conocimiento de los nombres es una poderosa forma de control para aquél que posea los conocimientos y conjuros adecuados... Lo único que necesitas saber de mí es que soy tu perdición.

- Oh, Dios mío, esto no puede estar ocurriendo -sollozó ella, temblando-. Es una locura, me he vuelto loca o estoy soñando... Dios, que esté soñando...

Un tentáculo de oscuridad se enroscó en torno a ella, aproximándola hacia su verdugo mientras se deshacía en llanto.

- ¿Por qué? Sólo quiero saber por qué...

- Es la voluntad de nuestro amo... -respondió la criatura-. La desgracia que se ha abatido a lo largo de los siglos sobre aquellos que te precedieron, aquellos que comparten la sangre del mil veces maldito...

El tentáculo apretaba cada vez más, cortándole la respiración. Amanda supo que iba a morir, y de entre toda aquella desesperación sacó las fuerzas para un último grito:

- ¿Por qué? ¿Por qué, maldito seas? ¿Por qué hacéis esto? ¿Qué es lo que quiere tu amo de mí?

- Ahhh... Para encontrar la respuesta a esa pregunta debes buscar en tu sangre... La sangre de aquél que mató a la amada de mi señor. Aquél que fue responsable de sus cien mil años de encarcelamiento... Mi señor lo buscó... lo buscó durante siglos, mas no pudo encontrarlo... Así que se cobra su venganza en aquellos a los que ama, sus descendientes... Mas, por desgracia, fuera del Mundo Oscuro su poder es limitado, pero en ésta época que tristemente banalizáis los mortales es cuando las barreras entre los mundos se debilitan... y su poder cobra fuerza...

- ¡No le conozco! ¡No sé quién es! Por favor, por favor, no quiero morir...

En ese momento, una sensación de increíble placidez y calma la embargó, aliviando todo su miedo, todo su dolor, como un bálsamo que se vierte sobre una herida abierta, y una voz, hermosa y suave como el terciopelo, acarició su mente:

Tranquila, niña. El momento ha llegado. Por fin he regresado, y ningún daño habrá de afligir a ninguno de mis descendientes, nunca más... Así lo jura Arión, señor de la Atlántida.

Una distorsión con forma de pentagrama se abrió en el aire justo detrás del demonio, quien, al percibir la alteración mágica se volvió de inmediato.

- No... -musitó, y aunque era imposible distinguir las facciones en su cadavérico rostro, a Amanda le pareció percibir un matiz de terror en su voz-. Tú...

El recién llegado extendió las manos para sujetar los extremos de los Hilos Multicolor suspendidos en el aire que eran la fuente de toda magia, únicamente visibles para la segunda vista de los magos, y con agilidad y soltura los trenzó formando un pentagrama que palpitaba de poder contenido y que relucía con el mismo color de sus ojos. Rápidamente separó sus manos, tensándolo hasta que, finalmente, estalló en una explosión de luz que desintegró por completo al demonio de oscuridad. Amanda cayó al suelo, aterrorizada pero ilesa.

- Cuando llegues al infierno puedes decirle a tu señor que por fin me habéis encontrado -musitó para sí antes de volverse hacia la joven y extender una mano para ayudarla a levantarse-. Mi dama... Creo que tenemos muchas cosas de las que hablar...




FIN

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Daika Spiguelman
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MensajeTema: Re: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   31st Octubre 2016, 03:13

No tenía idea si teníamos que ponerle titulo así que igual le dí uno XD

“Si crees que tu Halloween apesta, es porque no conoces a Daika”

Era un día domingo, mi estómago estaba lleno, mis ojos se sentían un tanto pesados y estaba recostado sobre un sofá bastante cómodo, tan suave como una nube. Pasaron minutos e intentaba mantener mis parpados separados, eso, eso fue difícil. Terminé dormido.

Horas después sentía como picaban mis costillas, mi cuerpo reaccionaba a los "ataques" y en instantes abrí los ojos con cierto grado de tranquilidad, eran Sayumi y Tomoko frente a mí, ambas me sonreían, no sé si porque lograron despertarme o por simple costumbre. Levante mi trasero del cómodo asiento y estire el cuerpo de tantas formas que no me alcanzan los dedos de las manos y pies para enumerar, en verdad estaba agotado, pero al día siguiente me vería envuelto en un asunto aterrador, sumamente peligroso, de vida o muerte... llevar a mi hija y amiga a una clase de fiesta de “Halloween”. Aborrezco las fiestas, por suerte en ese momento no sabía cierto detalle, aún más espeluznante.

Pase una buena noche, era realmente reconfortante tener la cabeza sobre una almohada y no una pistola apuntándome al cuerpo, ciertamente sabía que acostumbrarme era un error, solo lo hacía por esa noche. Me arreglé un poco el cabello y bajé a la planta baja con intenciones de encontrarme con "mis chicas", ambas estaban en la cocina y la más pequeña dejaba una caja en mi silla, sin imaginarme nada fui, puse la caja en la mesa y me senté.

Miraba a Tomoko caminar en la cocina y como no había comida aún lista con mis dedos abrí la caja que me dieron... y ahí estaba, la cosa más espeluznante del mundo: un disfraz de dinosaurio, bastante infantil y mal hecho, además se miraba algo pequeño.

- Sayumi, ¿qué es esto linda? -pregunté mostrándole el disfraz-

- Tu dis-fraz ¡Papi! -decía ella agitando sus brazos- serás un enorme y terrible dinosaurio, Tomoko una linda dinosauria y yo... ¡Una galleta de dinosaurio! -gritó como si fuera lo más espectacular del universo-

Cerré los ojos mientras respiraba hondo y le sonreía de la manera más realista posible.

Horas más tarde mi cuerpo pedía a gritos respirar, sin embargo, no había marcha atrás.
En Japón el Halloween, es celebrado diferente que, en otros países, básicamente se hacen fiestas grandes en ciertos lugares para ir y compartir disfraces, decorar calabazas, comer y otras cosas, por ahí no se verán a niños tocando las puertas y pidiendo dulces como contaban mis papás que hacían en Estados Unidos. Salimos como a las 8 aquella noche y llegamos a la escuela a las 9, sí, la escuela quedaba algo lejos e ir a pie alargaba el recorrido.

Caminaba raro, pues poseía mi traje nocturno y el vergonzoso disfraz por encima, a mi lado, Tomoko se reía y me miraba de manera extraña. Delante una enorme galleta de dinosaurio daba saltitos. Observaba a la gente, muchos traían disfraces tradicionales como los de brujas, vampiros, zombies, pero, otros más eran de héroes, como Spiderman, Batman, Daredevil y otros más vestían como personajes de mangas o animes ya que son bastantes famosos esos atuendos en Japón, no era mi primer Halloween, aunque sí el más vergonzoso.

Sayumi entonces se detuvo y a continuación salió corriendo rápidamente, nosotros por nuestra parte le seguimos hasta llegar con chico disfrazado de un pastelillo. No podía evitar sentir ira al ver a mi pequeña hablar con un, bueno, ¡un niño! sin darme cuenta ya comenzaba a lanzarle una mirada fulminante y balbucear insultos en inglés, de hecho, Tomoko me miraba apenada e indicaba con su mano que me comportara. No era mi día.

Pero, en realidad, todo iba muy bien: La noche era tranquila, cuando veníamos muchas tiendas tenían calabazas y otros decorativos de miedo afuera y se veía a gente divirtiéndose, claro, no faltaba uno que otro loco, pero nada difícil para la policía, también y de mayor importancia era que mi tesoro se la pasaba bien. No había de que preocuparse.

Andábamos en los patios exteriores, sentía como las miradas de miles de señoras mayores atravesaban mi nuca, eran peor que cuchillas afiladas y la dinosauria evitaba carcajear.

- ¿Me veo tan mal? –pregunté con la seriedad de siempre-

- ¿Mal? Pero te vez radiante, hasta parece que le gustas a esas ancianitas, deberías ir a saludarles –cubría su boca con sus diestras y con la otra presionaba su estómago-

Solo hice contacto visual con ella, manteniéndome callado.

Nos detuvimos en un puesto para decorar calabazas, todos se sentaron a intentarlo excepto yo, solo miraba y aunque me invitaban me negaba, estaba ocupado vigilando al pastelillo con cara de “buscapleitos”, ese mocoso ¿podría ser quien se llevara a mi princesita? Pensaba al estar recargado en un poste, cruzado de brazos, enchuecando la boca. Entonces miré algo, la escuela de tenía muchas rejas que permitían ver afuera de ella, noté a dos tipos cargando un gran barril, ambos con disfraces elaborados, tras hacerle una seña a Tomoko, erguí mi cuerpo y me encaminé hacia las rejas con el objetivo de saltarlas. Sin dificultad salí y seguí a los tipos. Entramos a la escuela por el portón trasero hasta llegar al gimnasio. Ellos dejaban el barril junto a otros mientras yo que observaba algo cansados chocaron las manos y volvían por donde vinieron, claramente no les dejé irse.

- ¡Ambos, detengan sus pies o se los corto!


Al ser una noche de miedo, intentaba darle algo de estilo a mi presentación, sin embargo, los tipos echaron a reír, soltando de vez en cuando un “Que ridículo” pensaba que se debía a mi comentario, pero… no me había quitado el disfraz.

-Basta de reír y díganme ¿qué se supone que hacen?

- Hoy es la noche más especial de nuestras vidas, nuestros “padres” los demonios nos han dado una comisión, esparcir caos y derramar sangre que fortalecerá a los espíritus demoniacos de generaciones futuras AJAJAJAJAJA… -afirmó el que tenía una máscara de diablo muy detallada y un traje completamente negro con manchas rojas-

Estaban locos, era más que claro.

-Y ahora ¡mueran mortales! –Alzó la mano y pulsó un botón-

- ¡Espera! –Gritó el otro e intentó arrebatarle en control, pero ya era tarde-


El muchacho con máscara de demonio morado, igual de detallada y traje idéntico le decía iracundo que tuvo que pulsar el botón cuando estuvieran en la camioneta, pues el líquido que contenían los tanques no era de cualquier tipo. Al saber que no moriría allí corrí hasta ellos y pregunte cómo detenerlo, el diablo se negó, pero su "amigo" le golpeo y comenzó a explicarme lo más pronto posible. Parecía que habían puesto una mecha un tanto larga, esta iba directo al tanque del centro, lo único que tenía que hacer era levantar el tanque y sacar la mecha antes que se terminara, inmediatamente fui hasta el montón de barriles, subiendo encima y buscando al central, eso no fue difícil, lo difícil fue sacarlo, pero gracias a mi entrenamiento intenso y a la adrenalina del momento conseguí sacarle de entre los demás, tomando la mecha y apagándola con la tela del traje de dinosaurio.

Solté un suspiro al mismo tiempo que me reincorporaba, sacudía la ropa y bajaba al suelo, deseaba que el día llegara a su fin. El sujeto que me ayudó había desaparecido, su compañero estaba desparramado en el suelo y yo fui en busca de una soga a los materiales deportivos, amarre con fuerza el cuerpo inconsciente y lo dejé en una acera lejana, pues no deseaba que la policía llegara a la escuela causando un verdadero terror, arruinándole el día no solo a Sayumi, también a los demás niñitos. Para la suerte de todos, la noche fue muy divertida y concluyó satisfactoriamente: al volver me animé a decorar la calabaza, nos tomamos fotos con otros niños, vimos obras de teatro y comimos diversos platillos referentes al Halloween, se veían repugnantes, pero sabían deliciosos, además al volver a casa miramos una película los tres juntos y sinceramente no recuerdo en que parte de la película cerré los ojos.

La noche terminó y nuestras vidas siguieron normalmente, pero… solo me preguntaba dos cosas ¿Las palabras de aquel sujeto eran ciertas o estaba enfermo? Y ¿¡de dónde sacaron mi horrible disfraz de dinosaurio!?
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Chloe Arquero
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MensajeTema: Re: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   31st Octubre 2016, 22:02

Cuando salí del portal un ejército de fantasmas y brujas de menos de medio metro corrían calle abajo, sus risas se mezclaban con el bullicio nocturno y unos pocos se habían quedado atrás haciendo recuento de las chuches que habían conseguido. Era 31 de Octubre y América vivía Halloween con un entusiasmo desbordante, allá donde mirases encontrabas a mayores y pequeños vistiendo sus galas más terroríficas, incluso los casas parecían rivalizar con los decorados más escalofriantes. Con mi disfraz de Maléfica me encaminé a casa de Sasha, había montado una fiesta con unos cuantos, a algunos ya les conocía como a Plana y Drago pero el resto eran todo un misterio. Me crucé con un perrete muy salao y al poco tiempo ya estaba plantada en el umbral de la puerta de mi amiga, dispuesta a cogerme una de las que hacían historia.

- Happy Halloween witches! - Cubrí a Sasha con un abrazo y juntas fuimos hacia la cocina para dejar las botellas de vino que había traído - Vaya, menudo despliegue - dije mientras acariciaba una guirnalda de calaveras y observaba cada detalle. Fuimos al salón donde sonaba la música y empezamos a dar cuenta de la bebida y de algunos snacks que había hecho ella misma, los demás no tardarían en llegar.

Mientras despotricábamos sobre Tony y nos reíamos de sus anécdotas en la pastelería, aporrearon la puerta y la casa empezó a llenarse. No tardamos mucho en dar cuenta del alcohol, el ambiente se caldeó con los chupitos, la música te obligaba a moverte y el buen rollito entre todos era más que evidente. Vi a Plana y a otro chico más salir a por hielo, aproveché y me fui a la cocina a recuperarme un poco, estaba ardiendo y necesitaba un poco de aire. Vi mi reflejo en el cristal de la ventana y mis colores sobresalían por encima del maquillaje, puse caras e hice el ganso, cantaba utilizando el vaso como micrófono y cuando ya me cansé regresé al salón. En el vestíbulo me encontré la puerta abierta, Plana no había cerrado bien y con la corriente se había abierto, los demás ni se habían dado cuenta. Estaba cerrando y me pareció ver algo que se movía en el rellano

- ¿Hola? - Traté de escuchar pero el ruido de dentro no me dejaba distinguir nada, abrí un poco más y me quedé en el felpudo, no encontraba el interruptor de la luz por más que palpaba la pared y entonces oí una vez femenina - Sasha, ¿Eres tú?  - Me quedé quieta - ¿Chloe? Ven por favor, se me ha caído el móvil y no puedo encontrarlo - Era Sasha, su voz sonaba angustiada y antes de que pudiese moverme noté como una mano me agarraba el brazo y di un bote sobresaltada, me giré y los ojos verdes de Sasha se cruzaron con los míos – Quédate quieta, yo también he escuchado eso

Entramos y fuimos a su habitación apartándonos del resto, no sabía que decir, esa voz que habíamos escuchado fuera era la de Sasha pero resultaba imposible - He visto salir a Plana con alguien más hará menos de diez minutos, si lo que estaba fuera sigue ahí cuando ellos lleguen... Tía, era tu voz, bueno tú misma la escuchaste - Estaba acojonada los efectos del alcohol habían desaparecido de golpe. Llamamos a Plana, estaban de vuelta pero preferimos no contar nada - Bueno, vamos a tranquilizarnos, sea lo que sea que haya ahí fuera podemos hacerle frente - Regresamos con los demás pero estábamos demasiado tensas, Sasha se relajó un poco cuando Plana abrió la puerta, miré a su espalda pero la oscuridad no me dejaba ver nada. Cuando ya casi me había convencido de que el alcohol me había jugado una mala pasada, todos decidieron dar una vuelta por las calles de la ciudad y seguir la fiesta en algún garito de los alrededores. No era mala idea, quizás si me mezclaba con más gente lograba olvidar aquello, así que entre todos ayudamos a Sasha a dejar la casa medianamente decente, nos pusimos en marcha y ya en la calle, a mitad de camino me di cuenta de que me había dejado el móvil... Mierda.

- Sasha me he dejado el móvil - Nos miramos en silencio, ella indicó al grupo cómo llegar al sitio y retrocedimos sobre nuestros pasos – Me cago, te juro que me cago viva, estoy temblando - Entramos en la casa sin sobresaltos y mientras buscamos el móvil escuchamos como un plato se rompía en la cocina, nos quedamos en silencio pero Sasha salió disparada, al llegar no había nadie. Buscamos por toda la casa pero estábamos solas, la situación era muy crispante, entonces sonó el teléfono fijo y corrí al lado de Sasha, al otro lado una voz metálica dijo - Pase lo que pase no abras la puerta - Con tan sólo escuchar esas palabras, me dio un vuelco el corazón. Sentía pánico, pero la voz continuó hablando - Ellos están afuera. Por favor, hagas lo que hagas, escuches lo que escuches, no abras la puerta. Intentarán convencerte de que lo hagas, tienen muchos métodos; pueden fingir ser alguien que conoces, un familiar, un amigo, y sus voces sonarán igual. Tal vez te pidan ayuda, te dirán que están heridos, te suplicarán que abras la puerta. Pero escuches lo que escuches esta noche, no abras. Trata de ignorarlos, trata de dormir, mañana todo estará bien. Ellos jugarán con tu mente; no lo permitas. Por favor, créeme, ¡no abras la puerta! - La línea se cortó pero Sasha seguía con el teléfono en la mano. Al instante escuchamos a Plana al otro lado de la puerta.

- Cielo abre, ¿Estáis ahí? Drago se ha caído y tiene una herida en la pierna, no se puede mover - Permanecimos quietas, Plana tenía llaves pero si cargaba a Drago...
- No puedo doblar la pierna, abridnos, por favor - Esa era la voz de Drago. No apartaba la vista de la puerta, era demasiada coincidencia.
- Vamos chicas, necesitamos vuestra ayuda ¿A qué esperáis? - La voz de Plana sonaba suplicante.
- Es Plana tengo que abrir – soltó el teléfono y caminó decidida hacía la puerta.
- Sasha espera, la llamada nos ha advertido, si de verdad fuese grave habrían ido directamente a urgencias
- Conozco a Plana, es su voz, tengo que ayudarle - Tenía medio camino recorrido, la miré y recordé como nos conocimos, nuestro choque accidental en la Mansión, la borrachera en mi casa, aquella escapada a España... No la detuve y presa del pánico me escondí en su habitación.

Lo que escuché a continuación aún no lo olvido, y hasta el día de hoy tengo pesadillas con ello. Ella abrió la puerta, y después sólo pude escuchar sus gritos. Eran unos gritos desgarradores, llenos de dolor y terror; yo no pude hacer nada más que permanecer inmóvil, el miedo me paralizó. Después de un tiempo que pareció una eternidad el grupo regresó a buscarnos y no me quedó más remedio que salir de mi escondite.

No había nadie, la puerta estaba abierta, buscamos por toda la casa esperando encontrarla y que dijera que todo había sido una broma, pero mi amiga no estaba. No había rastro de sangre ó arañazos, simplemente había desaparecido.

Fue un golpe muy duro, por más que se establecieron partidas de búsqueda era como si nunca hubiese existido, ni tan siquiera Xavier pudo ayudarnos, nadie sabía por dónde empezar, ni qué hacer.

Al año siguiente y en la misma fecha hicimos un acto conmemorativo en los jardines de la Mansión X, no faltaba nadie, pude ver entre la multitud a Dalae, Alice, Lilith, las hermanas Stravridis… No quise relacionarme con nadie, me sentía culpable por haberla dejado sola y ahora no era capaz de mirar a la cara a los demás.

Regresé a mi apartamento y me senté en el sofá con una botella de whisky, no me gustaba, pero últimamente era lo único capaz de silenciar esos pensamientos, hacer más ligera la culpabilidad y camuflar el dolor. No recuerdo cuanto tiempo estuve así, pero la voz de Sasha me sacó de mi sueño ebrio, al principio pensé que estaba soñando otra vez, pero cuando mi incorporé me di cuenta de que todo era real.

- ¿Chloe? Venga tía sé que estás ahí, ábreme – Me levanté y cogí la botella de whisky, a trompicones llegue a la puerta – Te estoy oyendo Chloe, vamos abre ¿A qué esperas?
- Tú, tú no eres ella – me daba todo vueltas así que apoye mi mano en el marco de la puerta.
- ¿Qué? ¿Quién sino? ¿Estás bien? Necesito verte, abre la puerta Chloe.
- Te dejé sola Sasha, lo siento  – sollocé, me senté de espaldas a la puerta y abracé mis piernas – Te echo tanto de menos
- Ahora estoy aquí y no me volveré a ir pero abre la puerta, yo también te he echado de menos.
- No, no la pienso abrir, vete ¡Fuera de aquí!

No pude soportarlo, pero en el fondo de mí sabía que Sasha no volvería, que la puerta que me separaba de su voz era lo único que me mantenía con vida. Me fui al baño y me di una ducha, la voz lastimera de Sasha seguía suplicando que la dejara pasar, utilizó todo su arsenal… Me reprochaba el haberla abandonado, me insultaba, lloraba y hasta que la luz del Sol no empezó a asomar por el horizonte no se calló.

Ese fue el primer año pero al año siguiente volvió a aparecer, esta vez no estaba borracha y pensé que quizá podría sacar algo de información, averiguar dónde se la habían llevado.

- ¿Qué eres? ¿Dónde está Sasha?
- Estoy aquí Chloe, justo detrás de la puerta.
- ¡Mientes! ¡Devuélvemela hija de puta!
- Abre la puerta, estoy justo aquí Chloe, esperándote.
- ¿Esperando a qué? ¿Eh?
- A que abras la puerta Chloe, te he echado mucho de menos, ¿Por qué no me abres? ¿Ya no me quieres?
- Sasha jamás habría dicho eso, no eres ella zorra
- Me abandonaste, me dejaste sola, eres una maldita cobarde.

No se cansaba… La daba conversación porqué escuchar su voz hacía que la sintiera cerca, no me permitía olvidarla.

Después de tres años preparé un amplio repertorio de armas, mi casa parecía el almacén de un narco, finalmente abriría la puerta, finalmente sabría quien estaba detrás de todo esto.

- ¿Chloe? Chloe abre la puerta, se que estás ahí.
- Te estaba esperando Sasha – Estiré mi mano y toqué el pomo de la puerta, su tacto frio me erizó la piel y noté como temblaba, para cosas así no te preparaban ni el ejercito. En la otra mano llevaba una Beretta 92 de 9mm, cuando abriese la puerta un cubo de aceite hirviendo caería y en el suelo había cepos para oso. Cerré los ojos, si moría lo haría luchando pero necesitaba acabar con esto.
- Vamos Chloe abre, hace frío.
- Ya voy – Me armé de valor, abrí los ojos y miré fijamente la puerta, giré el pomo lentamente pero en ese momento noté un ligero peso en el hombro, fuese lo que fuese había entrado y estaba detrás de mí, se acabó, pensé. Con el corazón a mil por hora solté el pomo de la puerta, ya no era necesario abrirla, me giré en redondo preparada para lo peor. Sus ojos me miraban fijamente, con su dedo índice y su cabeza hizo un gesto negativo y se quedó plantada enfrente de mí. Era Sasha. Su cuerpo era transparente podía ver a través de ella, sus ojos mantenían aquel verde intenso y su rostro era afable, me miraba con cariño.
- Lo siento – dije sin voz – Te echo mucho de menos Sasha, perdóname – Las lagrimas brotaron, me apoyé de espaldas a la puerta y solté la pistola. Me sonrió y dio un paso hacia delante, pude oler su perfume - ¿Me perdonas? – Era tan guapa, tan única, nunca la dije cuanto la admiraba, lo orgullosa que estaba de ella y lo mucho que me había ayudado a crecer como persona. Simplemente pensé que tenía toda una vida a su lado para decírselo, que cuando la vejez nos consumiese íbamos a reírnos de nuestras aventuras y a recordar los mejores momentos que compartimos. Me guiñó un ojo, era lo que siempre hacía cuando me entendía sin necesidad de abrir la boca y entonces comprendí que ya lo sabía, que no necesitaba más palabras, miró detrás de mí y atravesó la puerta.

Desde ese momento no volví a escuchar su voz, ni el 31 de octubre ni nunca más pero supe que estaba ahí, que cada vez que mi vida peligrase ella estaría a mi lado, en cada batalla, en cada guerra, en cada derrota…

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MensajeTema: Re: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   1st Noviembre 2016, 10:52

¡Muchas gracias por participar en este terrorífico concurso! Gracias a vuestros esfuerzos el mal que se extendía por las calles ha finalizado esta mañana a las 6:00, con los primeros rayos de sol. Vuestra ayuda no será en vana, y uno de vosotros será recompensado... Pronto diremos quién.

Cerrado el plazo de participación para el concurso. Si alguien quiere subir su relato más aterrador puede hacerlo, pero no podrá optar al premio. Esta semana llevaremos a cabo la votación para ver cuál es el relato más terrorífico y se anunciará al ganador con mi relato. Gracias por participar y espero que lo hayáis disfrutado.

¡Feliz día de todos los santos!

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MensajeTema: Re: ¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)   

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¿Crees que das miedo? Demuéstralo... (Concurso)
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