Los Universos de DC y Marvel se han unido en uno solo. ¿Qué ha sucedido? ¿Quién está detrás de todo? Y, lo que es más importante, ¿cómo reaccionarán héroes y villanos de los distintos mundos al encontrarse cara a cara...?
 
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 La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018]

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MensajeTema: La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018]   La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018] Icon_minitime22nd Octubre 2016, 00:02

¿Estás seguro de que funcionará?

Deja de dudar de mí

Cumple tu parte del pacto

La cumpliré, verás cómo funcionará

Las manos blanquecinas rebuscan entre ropajes más antiguos que las paredes entre las que las figuras se ocultan. Una jaula dorada, una criatura diminuta, que brilla recortándose valiente contra las sombras, inocente cómplice de algo terrible...

Vuela, hora de buscar tu premio...

¿Desde cuándo había la diminuta criatura deseado salir? No cuestiona cuando se abren las rejas, solo camina hasta el borde, da un salto al vacío y despliega sus alillas, dejando un diminuto rastro de polvo brillante tras de sí, buscando aquello que quiere, aquello que no conoce, pero que en cuanto alguien más lo vea, quedará marcado como objeto de su deseo...



La puerta se abre lentamente, escucho el sonido de decenas de trabas removiendose, entre fisicas y mágicas. Había recibido miradas recelosas, pero al final de cuentas, no hay magia que pueda mantenerme fuera, y en momentos como este, me alegra, porque el mundo que veo revelado ante mí es asombroso. casi tropiezo al dar el primer paso dentro de la sola emoción, ¡Es un lugar asombroso! "Mercado Troll" le llaman, y no pertenece a mi universo, y por mi condición, no podía saber que existía hasta que escuché de su existencia en el Cat's Nest. Las patas y pies de cientos de seres fascinantes apisonan la tierra en cada tramo donde la hay, el adoquín está desgastado, todo esto ha sido construido en las alcantarillas, debajo del Puente de Brooklyn, usando métodos que siento tanto físicos como místicos, pero son solo sensaciones, no me gusta saber esa clase de cosas, prefiero descubrirlas yo misma. ¡Agh! Choco con un centauro y caigo al suelo, ni siquiera me mira, y eso es lo mejor para mí, me acomodo de nuevo mi capa para que la capucha me cubra. No sé si funcione, hasta ahora, me han perseguido por detectar mi poder, pero espero que al menos alguien se deje engañar, porque necesito estar aquí. Me pongo de pie y retomo la calle principal, mirando a todas partes, Arturo me dijo que aquí se puede encontrar toda clase de parafernalia mágica, traída desde todos los rincones del mundo. Primero que nada, estoy segura de que mi ankh cayó en este mundo, está atado a mí, no se lo podrían haber llevado de la Tierra, o así funcionaba antes de caer en este universo nuevo. Con eso en mente, alguien debe haberlo encontrado, y esperando que no se haya dado cuenta del poder de ese objeto, debe haberlo traído aquí. Estoy siendo demasiado optimista, pero no tengo otra salida, llevo tiempo aquí y no he dado con ninguna pista de mi ankh, nada en absoluto, ni siquiera una migaja que seguir. Las cosas no pueden seguir de este modo, cada instante, veo los rastros de mi escapándose, diluyéndome en la nada, pero lo que es peor, atraen a seres que quieren darme caza, y ya he tenido que lastimar a más de uno para protegerme. No quiero pelear, no quiero tener que herir a nadie, y si esto sigue así, podría acabar tomando una vida por accidente...Impensable, absolutamente impensable, no puedo seguir en esta situación.

Tomo una lateral, la verdad es que no sé donde comenzar a buscar, ¿Han visto a alguien pintar? Es hermoso, los movimientos, la composición de los colores, como la obra va tomando forma, transferida de la mente del artista a un simple lienzo, pero cuando nosotros tomamos el pincel, solo trazos incoherentes, no es el pincel el que nos da el don de la pintura, sino nuestra experiencia, y yo tengo muy poca de andar este plano. He pasado millones de años viendo pintar, pero apenas un día por siglo y desde hace muy pocos de estos pintando, todo es ruidoso, confuso, maravilloso, pero difícil de comprender. De repente, un brillo me llega desde una tienda bastante grande, tapizada con viejas alfombras y muebles sobre los que se muestran increíbles cantidades de objetos antiguos. Teteras, lámparas de aceite, pendientes, collares, partes de otros seres en conserva, polvos, ungüentos, todo puede comprarse, por precios elevados, tan irracionales que rio suavemente. A los transeúntes les deben parecer lógicos, pero para mí, la mayoría son objetos mal clasificados, con poderes muy inferiores o diferentes a lo que reza en los cartelitos que tienen debajo, incluso noto dos o tres bagatelas sin poder alguno, pero entre tanta mentira, hay una única verdad: La moneda de plata que yace a un lado de un jarrón de porcelana que se dice debería contener los espíritus de mil asesinos y su poder, todo mentira, por supuesto. La tomo entre mis manos y la observo con cuidado: Es el tetradragma que Athena regaló a Ulises cuando...Oh, ¿No lo sabían? Athena regaló a Ulises un tetradragma encantado por sus éxitos en su travesía por el Egeo, conmemorando la victoria a partir de la sabiduría, este tetradragma es capaz de imprimir en quien lo tenga la sabiduría de los dioses, o al menos así iba la leyenda según se contaba, la verdad es que hay una parte del poder de Athena aquí, y quien lo tenga, será mucho más capaz intelectualmente, un estratega mucho más hábil. Esta moneda hizo a Alejandro, hasta que acabó matándolo por su ambición de conquista, y construyó a Julio César, asesinado por su ambición. Objeto secreto y rodeado de tragedia.

- Eh, tú, chiquilla...- Me dí la vuelta para ver a un troll que apenas si me superaba en estatura. - No tocar es de las pocas reglas que tenemos en este mercado, asique capta o vete de aquí...- Me sorprendí por cómo me hablaba, pero contuve una risita y puse el tetradragma en su mano. De todos modos, solo funcionaba con humanos. - Disculpe, no pretendía molestarlo, solo me pareció interesante...- La criatura frunció el ceño. - ¿De casualidad no sabe donde podría encontrar alguien que comercie con reliquias egipcias? Estoy buscando una...- Todos creen que el ankh es un símbolo egipcio, a decir verdad, ellos lo tomaron de mí, parecía agradarles como se veía, o que me simbolizara. - Ahora sí estamos hablando bien, ¿Que te interesa? Hay decenas, pero pocos como yo, que tengo corazones de faraones perdidos, papiros de historias nunca contadas, vamos, dime lo que buscas y de seguro encontramos algo que te...¿Eh, que te...? - La moneda sale de su mano, y pasa a las de un hada, que sonríe y sale disparada con ella. - ¡Ladrona! - Corre hasta la puerta, yo me acerco. - Atrápala y te daré lo que buscas...- Sentencia, con una sonrisa ladina. No pretendo perseguirla por eso, pero es peligroso que esa moneda caiga en manos desconocidas, lo mejor es que siga aquí, inadvertida, olvidada. Salgo corriendo, ¿Podré alcanzarla? No quiero manifestar mi esencia, seria atraer problemas.


Nota:
 

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MensajeTema: Re: La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018]   La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018] Icon_minitime26th Octubre 2016, 12:39


- Un poco pronto para hacerme un regalo de Navidad, ¿no crees, Sophie?


   Ladeé la cabeza examinando con atención y una ceja alzada la solitaria puerta sin marco en medio de la habitación. Había despejado el espacio aprisa y corriendo, en cuanto escuché el claxon del taxi que la traía sonar en la calle. El taxista se había negado a seguir cargando con ese peso muerto -y aunque lo dudase, no se refería a Sophie -y habíamos subido el objeto entre ambas hasta mi casa. Se mantenía en pie sola, y las voces se habían vuelto locas al verlo, por lo que tuve que mandarlas callar a gritos un par de veces.


   Ver a Sophie sin los hábitos era como ver a una persona totalmente distinta. Gastaba un traje de chaqueta formal y altos tacones. Su visita era una breve parada en su camino, cuyo destino no quiso decirme y prefería no saberlo. ¡Pobre diablo el que estuviera esperándola!


- No es un regalo, Tanith. Solo te pido que me lo guardes hasta que vuelva.


- Ah, ¿que ahora trabajo en un almacén? ¿Cuánto me vas a pagar?


    Su mirada desafiante hizo que me callase la boca. Podía leerle el pensamiento: ”¡¿Cómo se te ocurre volver a pedirme dinero cuanto te estoy dejando que te quedes mucho más tiempo del que habíamos quedado?! ¡Que te he pagado los caprichos hasta ahora! Los viajes a Bucarest, las fianzas, las compras…”. Pues eso. Que mejor me callo.


    Hubiera agradecido la presencia de Jack, pero él estaba más asustado ante su presencia que yo. No sabía cómo, pero esa mujer había sabido meter en cintura a los niños de varios orfanatos, a mi, y al travieso espíritu del invierno. Acaricié la madera con la yema de un dedo, y las voces volvieron a chillar. Al apartarlo, guardaron silencio. Hice la prueba otra vez: acerqué el dedo, gritos. Lo apartaba, silencio. Sophie me observaba sin decir nada.


- ¿Qué haces tú con un artefacto mágico? ¿No decías que los odiabas?


- No te equivoques. No quiero tener uno cerca de mis niños -”mis niños” era cómo ella definía a todos los habitantes de sus hospicios.


- ¿Y porqué no te has deshecho de él? Habría sido más…


- Porque una no puede simplemente deshacerse de él -respondió con hastío.


- ¿Y te lo han dado así, sin más, en medio del trayecto?


- Tanith… -primera advertencia.

- ¿Qué? Si voy a tener mierda mágica en mi casa, al menos debería saber a qué atenerme -gruñí -]¡Solo me has dicho que traías algo que debía quedarme un tiempo! ¿Y si es peligroso? ¿Y si me pasa algo?


    Por su mirada apática deduje que le daba un poco de igual que me pasase algo. Bueno, seamos sinceros, todo esto es una pantomima. En el fondo, nos respetabamos. Después de todo, ella es la que se encargó de mí después de que me escapase del hospital. Pero había algo interno en las dos, una especie de resquemor, como si este tipo de escenas derivasen de algo más gordo, una obra de teatro dirigida a alguien que, si nos viera, solo vería a dos personas cuyas tensiones las mantenía separadas y sin contacto. Nunca le había preguntado abiertamente el porqué de todo esto. Si le seguía el juego era… porque sentía algo parecido, ajeno a las voces y a la red de espíritus que siempre me rodeaba. Sin embargo, carecía de pruebas que pudieran guiarme hacia esa supuesta amenaza que pendía, en silencio, sobre las dos, esperando un desliz, un despiste, un…


- Supongo que puedo guardártelo. ¿Cuando has dicho que te pasaras a recogerlo?


- No lo he dicho -emprendió el camino hacia la puerta -. ¿Por qué hay escarcha en la pared?


- Jack se enfadó anoche porque se me quemó la cena y estuvo tirando bolas de nieve en venganza -respondí distraídamente y de carrerilla -. Imagino que debo tocar esto lo mínimo y bla bla bla, ¿no?


    Asintió. El taxista seguía esperándola abajo, con el taximetro en marcha. Nos despedimos sin muchas ceremonias: saliendo ella por la puerta con un escueto “ya te llamaré”, mientras yo le daba la espalda aún examinando la puerta con los brazos cruzados. Cerró la puerta sin hacer ruido, dejándome sola. Bueno, aunque estaba todo manga por hombro, no había dicho nada de “menuda pocilga”, o “¡¿así tienes el piso que te presté?!”. Conté hasta cinco, luego hasta diez, y cuando llegué a quince salí corriendo hacia la ventana, pegando la nariz al cristal. Llegué a tiempo de ver a Sophie reunirse con el taxista y montarse en el taxi sin mirar atrás. El vaho me impidió ser testigo de su marcha, seguido de un frío invernal. Bajé la vista, y Jack ya estaba ahí, pegado al cristal como yo, preguntándose qué estábamos mirando.


- ¿Aye? -expresó su preocupación alzando la cabeza para mirarme con una de sus macabras sonrisas de oreja a oreja literales.


- Si, ya se ha ido.


      La invocación trotó hacia la puerta misteriosa.


- ¡Eh! No se toca, Jack. Puede ser peligroso.


   Como quien oye llover. Jack saltó tan alto como pudo para llegar al pomo. Chasqueé los dedos para desconvocarle, pero opuso resistencia. Su curiosidad era más fuerte que yo. Como no llegaba a la manilla, llamó con los puños, riéndose.


- Nadie te va a responder, Jack -me puse a su lado -¿No has visto que está en medio de la habitación?


    Me interrumpí a media frase porque tres sonoros golpes le devolvieron el saludo al espíritu del invierno, que dio palmadas como un niño pequeño con renovados ánimos. Me quedé mirando a la puerta con los ojos abiertos como platos, entre sorprendida y asustada. La rodeé para comprobar si no sería una gracieta de algún espíritu más, pero allí solo estábamos nosotros dos. Al otro lado no había nada.


- Jack, apártate de eso ahora mismo.


      Ni caso. Volvió a llamar, aunque más bien, uso la madera como instrumento de percusión. Cada golpe sonaba como un estruendo más en mis oídos, truenos que caían demasiado cerca. Para impedir que siguiera, le cogí en brazos. Jack se negó a apartarse de su nuevo juguete, aferrándose al pomo de la puerta con todas sus fuerzas.


- ¡Suelta eso ahora mismo! ¡Jack!


- ¡Aye! ¡Aye!


       No sabía de dónde sacaba fuerzas el muñeco, pero con la tontería, la hoja cedió y se abrió. Era de día, pero la luz que entraba a través de la puerta era tan intensa que nos cegó a ambos. Jack se soltó por fin, abrazándose a mí temblando de miedo. Un  poco tarde, peque. Demasiado tarde. Una fuerza invisible nos levantó a ambos del suelo y nos lanzó hacia la apertura. Giré sobre mí misma para proteger a Jack con mi cuerpo en caso de que chocásemos con algo, dando la espalda a la luz. Pude ver mi habitación alejándose, haciéndose más pequeña, encuadrada en el marco de la puerta de las narices, hasta convertirse en un punto. Cerré los ojos, temiendo el golpe fatal, que no tardó en llegar pero más mullido de lo que esperaba.


       Bueno, mullido del todo no; me estaba clavando algo a la altura de los riñones. Cuando abrí los ojos, vi sobre mí la misma puerta, sustentada por cuatro cuerdas en el techo de lona de una carpa. Mi caída había provocado un estruendo tremendo que había llamado la atención de todos los presentes. Jack aún estaba abrazado a mi, muerto de miedo. Me incorporé despacio, cerciorándome de que estaba entera. Un grupo de trastos y una mesa habían hecho las veces de colchón. A mi alrededor, con la respiración contenida, un grupo de seres me miraba fijamente. Y yo hice lo mismo que ellos, con el mismo asombro.


     No eran humanos. Ninguno de ellos. Cuernos, orejas picudas, deformaciones en el rostro, colmillos, capas… Mecí un poco a Jack para que los viera también. El peque giró un poco la cabeza, abriendo solo un ojo, y saludando con la manita:


- Aye.


       Sonreí con apuro.


- Ehm… ¿vengo en son de paz? ¿Ha sido un accidente? ¿Lo siento? -probé suerte. Alguna fórmula tenía que funcionar con el ser que más cerca tenía, que me fulminaba con la mirada.


      Mi llegada había soliviantado a todo el mundo. Pronto se hizo un círculo en torno a nosotros. ¡¿Pero por qué siempre me tenía que meter en estos jaleos?! Sin perder la sonrisa, que empezaba a hacerme daño en la cara, me dirigí al troll (porque tenía cara de eso, y no lo digo solo por lo feo que era):


De verdad que lo lamento. He caído por ahí -señalé la puerta del techo -. Si me deja usarla para volver a casa, le pagaré los desperfectos, se lo prometo -y una mierda. Se los iba a pagar Sophie, que para eso era la culpable de todo el embrollo. No habría caído aquí si no me hubiera dejado la maldita puerta.


- ¡Primero esa ladrona y ahora esto!


        Su forma de acercarse a mi no me gustó en absoluto, con ambas manos cerrándose como si imaginase que mi cuello estaba entre ellas. Le esquivé por poco, girando a su alrededor. Salté por encima de la mesa donde exponía más artilugios que no me paré a mirar, y salí corriendo como alma que lleva el diablo. Me daba que no, que no me iba a dejar pasar de nuevo por la puerta sin matarme antes. Quizá si me alejaba y dejaba que los ánimos se calmasen un poco… No mucho, porque la muchedumbre se arremolinaba en torno a tenderetes y puestos, dándome la pista que necesitaba. Estaba en un mercado donde sus compradores eran de todo menos personas comunes y corrientes. Mi huida no duró mucho, porque un grupo de seres gigantescos se habían quedado quietos en medio del camino formando un grueso muro que no podía ni saltar ni esquivar. Miré hacia atrás para comprobar si alguien me seguía. Al final me pillarían, me matarían… ¡Seguro que ese era el plan de Sophie desde el principio! Bueno, pues volvería desde la tumba para devolverle el favor. ¿Con quién, de todas las almas que tenía alrededor pululando, tenía que hacer un trato para eso?

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MensajeTema: Re: La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018]   La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018] Icon_minitime10th Noviembre 2016, 21:06

A menudo me he planteado el porqué tras Shade.

Por qué hago lo que hago está más que claro cuando entran en consideración la situación en la que he vivido, y qué me ha llevado a cada una de mis decisiones. Cuando te imaginas a una persona sin hogar que ha tenido que sobrevivir en las calles, probablemente lo primero que te venga en mente sea la prostitución y el robo. Pero no tanto cuando te imaginas el aspecto de un ladrón. En este campo imagino que lo primero que pensáis es prendas negras, pasamontañas, guantes. Y esa no es mala idea. Pero entonces, ¿Por qué hice a Shade como es? A menudo me planteo esa misma pregunta y llego a distintas conclusiones.

La primera es que es mi marca. No soy una ladrona normal y corriente, mis métodos son distintos y así lo és también mi aspecto. La descripción del personaje es tan excéntrico que inmediatamente se formarían dos opiniones respecto a ella. Quienes la verían por la ladrona que és y sentirían el rechazo, y quienes, como yo, tal vez sentirían curiosidad y se preguntarían un por qué.

La otra opción, tal vez, es porque quiero llamar la atención. Shade es un personaje que podría encajar en una historia de ficción. Es misteriosa, divertida, una hija de puta, pero por encima de todo, es mágica, inalcanzable. Su ropa llamativa es un reclamo. Puedo pasearme así por la ciudad, y aun así, nunca podréis atraparme. Soy un fantasma, el ladrón perfecto. Soy especial, no soy un ladrón común, guardadme en vuestras memorias.

Y lo más probable, es que nunca jamás, desde que asumí esta identidad, desde que me gano la vida del modo que lo hago, me había planteado que llegaría a aceptar un trabajo en el que yo, no fuera lo más llamativo del lugar.

Así me sentí la primera vez que pisé el mercado troll. ¿Por qué lo llaman así? Te aseguro que poco y nada tiene que ver con el “bello” aspecto de quienes frecuentan el lugar. Alguien vestido con una capucha se me acercó por la calle tras un golpe, y me ofreció una cuantiosa suma, por robar una moneda. De algún modo me esperaba que dicha moneda estuviera expuesta en un museo o fuera una colección privada de valor sentimental, pero las palabras “Mercadillo, alcantarilla, puente Brooklyn” no encajaban con ningún museo ni otro lugar elegante que mereciera mi atención. Y aun así, la curiosidad sacó lo mejor de mí y me planté en el lugar indicado, ataviado con mis ropas de trabajo, sólo para encontrar una quejumbrosa puerta a ninguna parte.

O eso pensaba yo.

La primera vez que abrí la puerta que daba al mercado, volví a cerrarla, lentamente, como si no quisiera despertar a quien dormía al otro lado. Tuve que mirar una segunda vez, asegurándome que no me lo había imaginado, o que mis poderes no habían vuelto repentinamente y veía fantasmas, pues al otro lado de esa puerta había cientos de criaturas que sólo había visto en películas y revistas de caracterización que tenía Brooks en su ático. Fue entonces cuando me di cuenta de dónde estaba en realidad.

Así que abrí la puerta una segunda vez y me adentré en Narnia, caminando lentamente y con el ceño permanentemente fruncido mientras serpenteaba entre cosas raras, que olían todavía más raro y me miraban incluso peor. Pero superado el impacto inicial, - mentira, no iba a superarlo tan fácilmente, pero ahora era Shade, y Shade no puede amilanarse ante estas situaciones - no dejaba de ser un mercadillo, así que miré con avidez las paradas, en busca de cosas que pudieran tener valor y que pudiera llevarme de allí. Tal vez, encontrar la puñetera moneda.

Entonces escuché el grito que toda persona que comparte mi oficio ha temido escuchar en algún momento de su vida.

- ¡Ladrona! -

Estuve a punto de romper a correr, hasta que me di cuenta de que yo todavía no había robado nada y era imposible que nadie allí me hubiera visto las intenciones cuando todavía no me había puesto a ello. ¿Probabilidades de que vieran la tele humana y hubieran oído hablar de mí? Escasas. O eso deseaba en mi fuero interno.
En cualquier caso, busqué con la mirada a quien hubiera provocado el grito y altercado inicial, más por la cautela de que sí que me buscaran a mí que no un verdadero interés en ver qué estaba sucediendo ahí. Me moví con el mismo descaro y seguridad en mi misma que hubiera empleado de estar en cualquier otra parte de Nueva York, hasta que finalmente ví a una joven detenerse ante la muchedumbre, aunque le faltaba el aliento y parecía haber corrido una maratón. Si ella era la ladrona, significaba que no era a mí a quien buscaban, y que podía seguir trabajando sin miedo.

Así que sin más, coloqué el parasol todavía cerrado sobre mi hombro, y seguí a la busca y captura de la moneda… Sentí un leve golpe, cosa que no era preocupante teniendo en cuenta que había mucha gente en un lugar estrecho y era normal pensar que alguien hubiera podido chocar con mi sombrilla. Lo que me distrajo fue ver, de soslayo una especie de estela de polvo brillante…

Bajé la sombrilla de mi hombro y contemplé su interior, viendo a una pequeña criatura escondiéndose en su interior, aterrada.

Pero qué coño… ¿De dónde has salido tú? — miré a la criatura, ladeando levemente el rostro.

¿Dónde narices me estaba metiendo?
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MensajeTema: Re: La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018]   La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018] Icon_minitime5th Diciembre 2016, 06:33

Uff. Persigo al hada a toda la velocidad que me permiten mis piernas, pero correr en el plano material cansa, es diferente, no como yo estaba acostumbrada, este cuerpo físico siente fatiga, noto que se me agita la respiración, y mi pecho duele a medida que hago más y más metros de carrera por las calles estrechas. Ella vuela ágil, rápida, siempre un metro fuera de mi alcance, y no importa que extienda la mano, estoy muy por debajo de ella, tan pegada al suelo que apenas si puedo esquivar las piernas y cuerpos de criaturas de distintos tamaños que se cierran apenas consigo pasar para bloquear la calle, como presenciando alguna de la miríada de cosas que ocurren en aquel rincón de la creación. Apenas le dediqué una mirada, tengo que seguir corriendo si quiero alcanzar al hada, no tengo tiempo de...

...Lo siento. Eso que no siento desde que llegué a Omega.  ¿Cómo describir algo tan familiar? No escucho nada, no veo nada, pero lo siento, esa pulsión, esa sensación remota, que hace tiempo era una certeza. Cuando alguien está en sus últimos momentos, siempre sabía exactamente qué y cuándo, y acudía para acompañarlos en lo que vendría después, pero en este momento, no viene a mí una certeza, no tengo idea de si ocurrirá o no, pero puedo verla, una chica, Tanith Blackwood, atrapada contra aquel muro de seres vivientes, perseguida por el mismo comerciante que había conocido hacía unos instantes. He visto esto un millar de veces, pero por primera vez desde que existo, no sé lo que sucederá. Me detengo lentamente y sin darme cuenta, estoy apretando los dientes con fuerza. ¿Va a morir? Aún podría escaparse, tiene tiempo, pero no tiene los medios. Me llevo una mano al pecho y comienzo a mirar a los lados, como si la respuesta estuviese escondida entre las rendijas de los viejos ladrillos. ¿Va a morir Tanith Blackwood? ¿Qué va a ser de ella? Es la primera vez que...que no lo sé...

...Podría hacerlo, pero estaría desafiando las antiguas reglas, aquellas que habíamos puesto en el principio de los tiempos. Si podía ver morir a alguien, ese alguien debía cumplir con su destino final, pero esta no es una visión de su último aliento de vida, es una escena con final abierto, una escena que nadie puede cambiar, salvo por una entidad, la más improbable de todas, una que ahora se está carcomiendo por dentro, dubitativa y sin saber del todo que hacer. El tendero se acerca a la chica, sus manos alzadas, y apenas si le deja algún espacio por el que poder escapar, pero no contaba con que un remolino de cenizas negras rodearía a su víctima y la cubriría hasta disiparse junto con ella, reformándose del otro lado de la pared de seres, en un callejón que le daría el cobijo suficiente. La miro a los ojos y ella a mí, no sé qué es lo que veo, pero mi mirada solamente tiene una mezcla de sorpresa y estupor. He dejado a uno que otro ser perpetuarse, pero es la primera vez que salvo una vida, cualquiera, ella es la primer vida que he salvado, y entre tanto estupor e incertidumbre, un extraño calor me envuelve el pecho, y una sensación acelerada me abraza la mente. ¿Estoy...feliz de haberla salvado? No lo sé, no sé si estoy feliz u orgullosa, así como no se que está sucediendo con mis poderes, la verdad es que no sé absolutamente nada, solo que acabo de salvarla y que al usar mi poder para ayudarla, para envolverla por un instante, ella sabe perfectamente la naturaleza de la que acaba de ayudarla.

- Eh...- Balbuceé, dudosa, quería decirle algo, tranquilizarla, ayudarle a entender la experiencia, pero no pude, en parte porque ni yo comprendía del todo por que lo había hecho, así que me subí la capucha de mi capa de nuevo y salí corriendo de aquel callejón, siguiendo el rastro mágico que podía percibir de aquella hada, que apenas había volado unas calles más hasta detenerse, y todo su rastro terminaba en una vuelta de esquina, y percibí a una mujer justo al dar la vuelta, así que traté de tranquilizarme rápidamente para poder explicarle la situación.

- Hola, yo...- Me quedé petrificada mirándola, las palabras se borraron de mi boca. Había visto infinidad de cosas, pero lo que ella llevaba dentro suyo era único. Dentro de ese cuerpo mortal, vivían dos almas, pero no como estaba acostumbrada, sino que lo hacían en una comunión inestable pero armónica, disonante pero maravillosa. Sentí el amor, el afecto, y por un momento, me perdí en las dos almas que estaba viendo, y me olvidé de la persona física que tenía frente a mí, hasta que volví a la realidad y la miré a los ojos, tratando de mostrarme todo lo convencida que era capaz. - Rub...Garnet, no tengo tiempo de explicar, pero el hada en tu sombrilla acaba de robarse una moneda, una muy importante, y necesito recuperarla, pero no quiero tener ningún conflicto...¿Podrías tomar la moneda y dármela? - Le tendí la mano, solamente tenía que darme la moneda. Me cuesta no seguir mirando en su interior, me cuesta no ver esta hermosa unión de dos hermanas, apreciar la dicha y el dolor que algo como eso trae a ese cuerpo único. Miedo, asombro, estupor, los sentimientos son algo que puede venir a ti e irse en un instante, fugaces. Aún tengo mucho que aprender.

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MensajeTema: Re: La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018]   La Moneda Maldita [Omega][Tanith Blackwood/Garnet Brooks/Death][12/11/2018] Icon_minitime7th Diciembre 2016, 12:20




Silencio. Con el estallido de ceniza, el mundo se quedó callado. Había ruidos, claro, pero quedaron todos ahogados, como si entre ellos y yo hubiera una almohada de metros de grosor.


Era la primera vez en mi vida, desde que podía recordar, en el que las voces… no estaban.


Y en busca de culpables, delante de mí tenía a una chica esbozada en una capa. Balbuceó algo antes de salir corriendo. Atrás quedaron mis perseguidores, tan desconcertados como yo. Sin las voces, el mundo me pareció más amplio. De pronto, sentí que el cielo me absorbía, más allá de los tenderetes improvisados y los toldos. Me quedé paralizada unos segundos, viéndola marchar.


- ¿Aye?


 Jack, con las manos en la barriguita, se me puso delante, visiblemente preocupado. Se había dibujado con los dedos un par de cejas para corroborar ese sentimiento y exteriorizarlo. Me miró a mi, y luego señaló el callejón por el que la mujer encapuchada se había marchado. Las voces regresaron lentamente, retomando su escándalo habitual en segundo plano. El puesto donde aparecí quedaba al otro lado, a mis espaldas. La mujer que había acallado las voces y me había provocado esa sensación extraña desapareció en dirección contraria. O me daba prisa, o la perdería. Jack, que seguía señalando, agitó el brazo para darme prisa.


- ¡Aye, aye, aye!


 Alcé la vista al cielo una vez, y dejé de pensar. Ya lidiaría con las consecuencias, ya buscaría un camino para volver a casa. Desconvoqué a Jack con un chasquido, que se deshizo en nieve. Eché a correr, sin salir de las callejas adyacentes para no toparme otra vez con mis perseguidores. Un par de callejones más me hicieron falta para descubrir que para rastrearla, solo tenía que seguir el silencio. Las voces la intuían, y se escondían de ella. Anoté ese detalle para preguntárselo, aparte de agradecerle su ayuda, por supuesto.


Di con ella al torcer una esquina, pero no estaba sola. Retrocedí hasta quedar oculta tras la pared. Clavé las uñas en el ladrillo, sintiendo otra vez la presión del embudo sobre mi cabeza. El silencio en mi cabeza daba paso a un insistente pitido en los oídos que me impedía escuchar la conversación entre ambas. Me asomé lo justo para ver a la encapuchada tender la mano a la otra. Entrecerré los ojos, incrédula. Un hilo larguísimo envolvía a la figura de la mujer del parasol, y lo hacía de tal forma que se adecuaba a sus elegantes formas más como un abrazo que como una atadura.


El dúo se convirtió en multitud cuando Jack, que se había invocado y no me había percatado, se acercó caminando con naturalidad hasta ponerse junto a la encapuchada. Con la mano en la boca, miró a una y a otra, y acabó recortando la distancia con la mujer del parasol. La rodeó, analizándola, y terminó por saludarla con la mano.


- Aye.


Me mordí el labio mientras trataba de desconvocarle inútilmente. Me atreví a chasquear los dedos incluso, y todo para nada, porque el puñetero no quería irse. Algo había llamado poderosamente su atención. Volví a aferrarme a la pared, cerrando los ojos porque la sensación me estaba mareando. Algo tiraba de mí hacia arriba. Afiancé los pies, clavándome en el suelo a base de voluntad. Cuando volví a asomarme, Jack estaba desvelando mi posición. No me quedó otra que acercarme, con las palmas hacia arriba en señal de paz. Cada paso era un suplicio, como si estuviera andando sobre una superficie ingrávida. Jack acudió en mi auxilio, parloteando, y al cogerme de la mano, volví a sentirme atada a tierra. Se la apreté y esperé, incapaz de reunir las palabras necesarias para decir algo inteligente. Me sentía fuera de lugar, en más de un sentido. Pero Jack apretó con más fuerza, y me mantuvo firme en el sitio.



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